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El juego lo conozco yo, y al jugador también

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El juego lo conozco yo, y al jugador también

Rush

Lo que Larissa había dicho me dejó pensando. Demasiado tiempo, al parecer, porque Drake decidió interrumpir el silencio con un carraspeo y una sonrisa amplia y estúpida. Le lancé una mirada que habría paralizado a cualquiera con una pizca de instinto de supervivencia.

—Vamos, vamos —dijo, palmeándome la espalda justo cuando las puertas se cerraron detrás de nosotros—. Vayamos a ver cómo tu princesa patea traseros desde la sala de control.

Dejé pasar su comentario al mismo tiempo que ignoraba la tentación de estrangularlo por haberle contado todo a Larissa. La mujer no llevaba ni un maldito mes aquí y ya tenía acceso a información que ni la mitad de mi propio equipo soñaba con tener. El muy imbécil estaba desesperado. Lo entendía. Sin embargo, la situación no pedía confiar en alguien fuera del círculo usual así ella hubiese demostrado tener lo necesario.

Entendía su desesperación, pero no estaba de acuerdo con lo que había hecho.

—Si sale herida, te mato —le advertí sin rodeos, mientras caminábamos por el pasillo junto a Zach y Kendall rumbo a la sala de control en el segundo piso.

Drake soltó una risa por lo bajo.

—Quiero ver tu cara cuando salga del simulador —dijo, subiendo las escaleras de dos en dos como si eso le ganara algún mérito.

Al entrar en la sala, me recosté contra la pared junto al lado de la entrada, en silencio, mientras los demás tomaban sus puestos con esa familiaridad mecánica que da la costumbre.

Solté el aire con lentitud.

El nivel C8 era el más exigente de todos. Invertí una pequeña fortuna en esa maldita sala. Tecnología de punta, todo diseñado para replicar un entorno letal: balas, armas, impactos. No había margen para errores. Solo entraban los que yo consideraba listos. No buenos. Letales.

Cuando Drake me dijo que Larissa había vencido a Finz en minutos, me sorprendió, lo admito. Por eso pedí su opinión. Y sí, probablemente no debí hacerlo. Porque ahora estaba aquí, cuestionándome si ella estaba lista para esto.

¿Lista para C8?

Era inteligente, sí. Mordaz. Tenía agallas. Me desafiaba con una facilidad que a veces me sacaba de quicio. Me decía que no sin pestañear, pateaba mi culo en póker, pensaba rápido, actuaba mejor. Todo eso lo sabía. Pero aún así... ¿C8? No estaba convencido.

—Hola —dijo Kendall, sacándome de mis pensamientos.

Le devolví una sonrisa breve. Kendall era, en muchos aspectos y en vista de lo poco que había visto, todo lo contrario a Larissa. Tal vez por eso se llevaban tan bien. Y el hecho de que tuviera a ambos Anderson embobados con ella era, al menos, entretenido.

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