33. Tardes de estudio

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Los miedos de Regulus se iban disipando para finales del año, aquella imagen de él besando a un chico solo aparecía una vez cada semana (lo que era un alivio, considerando que solía pensarlo a diario) y estaba más concentrado en pasar sus exámenes y rechazar o aceptar los planes que los mellizos tenían para su cumpleaños compartido. 

Le gustaba esa temporada, porque tenía una excusa para pasar tiempo a solas en la biblioteca, aunque algunas veces terminaba compartiendo sus horas de estudio con Remus Lupin, quien era un compañero agradable, considerando que no hablaba mucho cuando tenía un libro a la mano. Así que ambos se sentaban frente a frente, en un silencio que podía durar horas hasta que uno dijera "¿me recomiendas ese libro?" y el otro respondiera un corto sí o no. Ya terminado su momento de lectura, conversaban por unos minutos antes de retirarse.

Eran las seis de la tarde y Remus ya había cerrado su libro, así que Regulus lo imitó disimuladamente segundos después. 

—¿Escribes, Regulus?

—¿Escribir qué?

—Tienes cara de poeta.

—¿Tú crees? —frunció el ceño, no molesto, sino pensativo— Sí, a veces escribo.

—¿Sobre qué?

Mi hermano es un inadaptado. 

He visto al mal a los ojos, cada mañana cuando me arreglo en el espejo.

¿Y si Pandora realmente se hubiera enamorado de mí?

¿Y si yo lo hubiera hecho?

Quisiera morir.

Te odio James Potter.

Me gusta el cabello castaño, ¿por qué el mío tiene que ser tan oscuro?

A veces, cuando cierro los ojos, escucho el mar, como si me estuviera llamando, como si supiera que le temo.

El amor no es real, no existe tal cosa. 

Si yo me enamorara tanto, quisiera arrancarme el corazón.

Cuando él me ve...

—Astros.

—Te gusta mucho eso, ¿no?

—Sí, ¿a ti?

—No soy muy fanático, mucho menos de la luna —dijo con una sonrisa.

—¿Tú escribes?

—Sí, poesía.

—¿Sobre qué?

—Sobre lo más básico en la poesía: amor y tragedia.

—¿Eres experto en eso? —una sonrisa juguetona adornó su rostro.

—Para la tragedia, y el amor es trágico también.

—Supongo.

Ambos suspiraron, apoyándose sobre sus propias manos, ya agotados por haber pasado toda la tarde ahí. Cualquiera que los viera, pensaría que eran realmente muy cercanos, aunque no sabían mucho sobre el otro, incluso si Regulus sostenía su creencia de que Remus era el único merodeador decente, tampoco era que intentara volverse su amigo.

—¿Nos vemos mañana a la misma hora? —Remus dejó su lugar, agitando su varita hacia los libros que habían utilizado, para pronunciar suavemente "wingardium leviosa" y guiarlos tras él— Yo acomodo los libros, aun no quiero volver a mi habitación.

¿Había crecido un poco más? Quizás era idea suya, pero Remus parecía un poco menos "infante" que antes, naturalmente, acababa de cumplir quince años, pero, ¿acaso no estaba cambiando bastante? Parecía incluso más intimidante, aun cuando era el menos imbécil de los cuatro y procuraba no involucrarse en las bromas que pudieran resultar dañinas, pero había algo en su rostro que era casi...

𝐑𝐀𝐌É ↬𝐉𝐞𝐠𝐮𝐥𝐮𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora