Me sentí mal dejándolos así después del último capítulo, así que me apresuré con este. Perdón por ser asalariada en vez de sangre pura, pero espero disfruten este cap.
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Los días siguientes fueron extraños. Las miradas habituales en el pasillo se sentían más cargadas de un "mírame, por favor, voltea también".
Y lo peor era que Regulus tenía que ignorarlas.
Estaba molesto, si es que esa palabra podía describir lo que sentía. James había decidido alejarlo y, sin embargo, lo buscaba con la mirada cada que podía hacerlo.
Regulus no tenía que fingir que no lo notaba. Su frialdad era diferente a la usual. No era la que siempre tuvo hacia él, no era un "me das igual", tampoco un "te odio a ti y todo el que tenga relación con Sirius", en esta ocasión era algo más personal.
Te odio porque quieres que te odie.
Porque todo quedó claro ese día. Lo quería lejos. Y si tan lejos lo quería, ¿por qué seguía mirándolo así? ¿Por qué no mantenía sus estúpidos ojos de ciervo lejos de él?
Pandora caminaba cerca de él todo el tiempo, la mayoría de las ocasiones Xenophilius estaba ahí. Ninguno de los chicos lo sabía, pero ellos ya habían comenzado una relación formal.
Hace un mes de eso, él le había prometido un espectáculo en el cielo nocturno, y de tal manera fue: luciérnagas atraídas por la varita del mago formaron el nombre de Pandora Rosier, mientras las flores danzaban, no por el viento, sino por la canción de los colibríes de cristal que volaban alrededor. Ella había quedado fascinada. Ella supo que tenía que decir que sí.
Sus amigos lo sospechaban, por supuesto, los ojos nunca mienten, y ellos se observaban como si fueran lo más preciado en la vida del otro.
Antes, Regulus se sentía el peor amigo, hermano falso, y el peor muchacho en el mundo al no poder enamorarse de Pandora pero, aún así, esperar que fuera ella quien le ayudara a no decepcionar a su madre. Habría sido la mejor mujer... Aún si sabía que un Black no merecería a alguien como Pandora para formar parte de su árbol genealógico, él la necesitaba ahí.
Ahora ni siquiera había notado que el corazón de Pandora estaba oficialmente ocupado, y es que, por su parte, su mente ya estaba bastante ocupada en un muchacho de ridículos anteojos redondos.
Se detuvieron bajo un árbol en el jardín, aprovechando su sombra para tomar lugar bajo este.
—¿Por qué sigue mirando hacia acá?
—Parece que quiere decirte algo.
—Que me aleje, lo dejó claro.
—¿No crees que le estás dando mucha importancia? —cuestionó el otro muchacho, con naturalidad.
El pelinegro giró hacia él, lanzando una mirada asesina que hizo al rubio simplemente encogerse de hombros y sujetar con más fuerza la mano de Pandora.