Se baño tres veces esa noche. Cepilló sus dientes hasta que las encías le sangraron. Observaba en el espejo el raspón sobre su rostro, pues no dejó que Pandora lo curara por irse impulsivamente.
A él, que le importaba tanto su apariencia, le estaba pareciendo sorprendente hasta para sí mismo lo poco que importaba aquel raspón.
Creía incluso que lo merecía. Que debería dejarse la cicatriz ahí de por vida, o al menos hasta que vuelva a sentirse como un muchacho normal.
No quería volver a ver la luz del Sol, porque temía que la gente pudiera ver su rostro que, por alguna razón, revelara su secreto.
Seguro Pandora lo deduciría pronto, y lo vería con una pena enorme, como si fuera un miserable tonto; de ella lo sabría Evan, quien se burlaría hasta el cansancio hasta pedir perdón por ser tan pesado y, por último; lo sabría Barty, quien jamás lo perdonaría. Jamás.
Solo pensarlo le causaba mareo. No había sido lo mismo cuando Evan se atrevió a dejar un beso rápido sobre sus labios, esto era diferente en dimensiones abismales.
Había besado a James. No era cualquier chico, era James Potter. El mismo al que detestaba, el mismo que lo alejó después de prometerle confiar en él, el mismo que había sido un dolor de cabeza durante años.
No debió acercarse más, no solo a sus labios, no debió acercarse más en absoluto, y en esos momentos no podía recordar cuándo sucedió, ¿qué pasó en todo ese lapso de tiempo desde la primera discusión hasta aquel beso?
Lo motivó a seguir practicando quedditch, curó su mano cuando se lastimó patinando, le ayudó a vengarse de los ravenclaw que lastimaron a Pandora, calmó su ansiedad en aquel armario, lo escuchó hablar sobre Narcissa sin quejarse o juzgarlo, lo sacó del lago y le hizo compañía en la enfermería, lo acobijó cuando estuvo ebrio, le invitó un chocolate caliente cuando lo vio decaído, le mostró fotos del atardecer, lo motivó a hablar con sus amigos para una reconciliación, le regaló un collar, recuperó su escoba...
Todo paseaba por su mente una y otra vez, sin dejarlo descansar, y justo cuando creía que no podía tener más preocupaciones dentro de sí, sintió el peso de otro cuerpo sobre su cama.
Abrió los ojos, aterrado, gesto que era poco frecuente en su rostro, para encontrarse con Evan, sentado a su lado, viendo hacia el suelo.
—¿Qué te sucede?
—Eran ellos, ¿cierto? Rodo y Bas.
—No lo sé.
—Tú los viste más de cerca, no me mientas.. ¿sabías sobre esto y no nos avisaste?
—¿De qué hablas?
—No te hagas el estúpido, Regulus. Responde, ¿sabías que ellos iban a atacarnos y no dijiste nada?
—¿Por qué sabría eso? Sé exactamente lo mismo que tú.
—Y convenientemente te alejaste a pasar un rato a solas con tu tristeza y melancolía —hizo comillas con los dedos, usando un tono de voz flojo y burlón—. Dime la verdad.
—No tengo motivos para mentir sobre esto, si usas un poco la cabeza, sabrás que también estuve en peligro.
—¿De verdad? ¿Dónde? Yo no te vi, de hecho, nadie más lo hizo. Todos tienen una coartada menos tú.
ESTÁS LEYENDO
𝐑𝐀𝐌É ↬𝐉𝐞𝐠𝐮𝐥𝐮𝐬
Fiksi PenggemarSigue la historia de Regulus Black a través de sus años en Hogwarts.
