Regulus llegó a su habitación apenas rozando las diez de la noche, con un frasco en su mano que tenía guardados tres de aquellos bellísimos cristales.
James se había atrevido a tomar dos frascos del invernadero para poder llevarse esos fragmentos de recuerdos. Sabía que Regulus lo necesitaría.
De hecho, no estaba en sus planes hacerlo, sin embargo, haber visto esa pequeña sonrisa tierna en su rostro, le hizo tomar el riesgo.
Sabían que solo funcionarían en los días tormentosos, pero era perfecto. Eran los días en que más lo necesitaba.
Antes de regresar cada uno a sus habitaciones, conjuraron viento con sus varitas, con la intención de secarse lo más que pudieran, pero James se aburrió después de tres minutos y Regulus no iba a hacerle el favor de secarlo si el otro no hacía lo mismo por él.
—Ya me duele la mano, Regs.
—Voy a romperla si te detienes, así tendrás motivos para que te duela.
—No hagas esas bromas, a ti sí te creo...
—¿Qué bromas? —arqueó una ceja, mientras apuntaba su varita al rostro de James para conjurar aire una vez más, alborotando así su cabello.
El mayor rio, sacudiendo su cabeza y pasándose ambas manos por sus rizos para echarlos hacia atrás.
Y Regulus quedó embobado con aquella acción. El rostro completamente descubierto de James era algo que no se veía frecuentemente, así que no pudo evitar analizarlo, viéndolo fijamente sin vergüenza alguna.
—¿Qué? —llevó las manos a sus lentes, mientras soltaba una risa nerviosa y cubría discretamente su rostro, desviando su mirada por un momento— ¿Tengo algo en la cara?
El menor se acercó, apartando sus manos con un empujón un poco brusco, dejando al otro perplejo. Llevó su dedo índice hacia su frente, lado izquierdo, y presionó un poco.
—De ese lado te saldrán entradas primero.
—¿Qué? —respondió asustado, pasando sus manos por su cabello, esperando no encontrar señales de que ya estaba quedando calvo— ¿Por qué lo dices?
Regulus sonrió burlesco, y en ese momento James se relajó también.
—Qué tonto, estuve a punto de decirte que tu piel es muy blanca, seguro estarás arrugado y con manchas para tus treintas.
Soltó un suspiro con asombro, llevando sus manos hacia su rostro, tentándolo para asegurarse de que su piel era suave y firme. Luego James rio.
—Es una broma... Bueno, no. Todos terminaremos arrugados y viejos. La diferencia es que algunos seremos guapos —lo vio con un aire altivo, bromeando.
—¿Seremos? Suena a multitud...
—Bien, seré. Tú no serás guapo.
Sus labios se separaron un poco y su ceño se frunció, viéndolo con total indignación. James, al darse cuenta de eso, continuó, algo apresurado.
—Es decir- seguirás siendo lindo. Bueno, es que son cosas diferentes, no eres guapo, eres- quizás otra palabra te quede mejor, como.... —poco a poco el volumen de su voz iba disminuyendo y sus palabras eran más rápidas— No sé, hermoso o algo así.
—¿Cómo? —estaba seguro de lo que escuchó, aún así, fingió no haberlo hecho.
Quizás quería saber si se atrevería a volver a decir algo tan tonto. Quizás realmente quería que lo repitiera.
Realmente quería que lo repitiera.
—Hermoso o algo así —James se encogió de hombros, desviando unos segundos su mirada, de la manera más desinteresada que pudo actuar.
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𝐑𝐀𝐌É ↬𝐉𝐞𝐠𝐮𝐥𝐮𝐬
FanfictionSigue la historia de Regulus Black a través de sus años en Hogwarts.
