68. Prometo estar ahí

251 33 26
                                        

En la madrugada, Dumbledore dejó la habitación con un joven aún medio enfermo. Regulus podía ver las paredes respirar con la poca vista funcional que tenía. Sentía frío y a la vez calor. Quería romper en llanto pero se sentía seco. No entendía qué estaba pasando.

Tuvieron que pasar al menos cinco minutos para que Madam Pomfrey apareciera, con un rostro arrepentido que Regulus obviamente no pudo visualizar.

Ella le había pedido a Dumbledore que usaran el remedio más efectivo, el que curaría al muchacho en un pestañeo, sin embargo, el director insistió en su decisión. Sentía que había traicionado a su ética como enfermera.

Se sentó al lado de Regulus, acariciando su cabello por unos segundos. Recordaba la primera vez que encontró a Remus en circunstancias vulnerables, lo pequeñito que lucía postrado en esa cama. No se comparaba con lo frágil que parecía el menor de los Black.

Sintió la culpa acunarse en su estómago, y no pudo evitar dejar una señal, algo delicado que no traicione a Dumbledore, pero tampoco que pueda traicionarla a sí misma.

Así, dejó una nota en su mano, la cual decía: "Fue real. Piénsalo muy bien."

Y eso no fue de mayor ayuda. Cuando Regulus despertó a las ocho de la mañana, notando el papel en su mano, lo abrió con temor.

Al leer el contenido, sus manos comenzaron a temblar. No sabía a qué se refería o quien lo había dejado. No sabía porqué estaba en la enfermería. No entendía absolutamente nada.

Se levantó rápidamente, ignorando todo. Solo quería huir. Se colocó los zapatos rápidamente y, cuando estuvo a punto de salir, Madam Pomfrey lo detuvo.

—¿Estás mejor? —preguntó apurada, no con ese tono dulce que le caracterizaba al atenderlos, sino con evidente desespero— ¿Por qué no te quedas un momento más a descansar?

—No —declaró con la misma rapidez, evadiendo su mirada.

Escapó de la enfermería sin permitir que la señora lo detuviera. Mientras avanzaba con prisa, sostenía el papel entre sus manos, releyendo ese mensaje una y otra vez.

Fue entonces cuando tuvo un choque repentino que lo sacó de sus pensamientos.

—Fíjate por dónde caminas, imbécil —dijo sin alzar la mirada, con un tono brusco, rodeando a quien sea con quien hubiera chocado.

—¿Se te perdió la cama?

Al reconocer su voz, se giró, con una expresión irritada.

—¿Te importa?

—En lo absoluto.

—Entonces no molestes —volvió a girarse.

Sirius, con quién había chocado, lo detuvo, sujetando su muñeca con fuerza.

—Tuviste fiebre —ni siquiera lo preguntó. Conocía a su hermano.

—No, ¿por qué supones eso?

—Porque no creo que pasear en pijama por el castillo sea algo que harías por diversión.

—No estaba- ¿A ti qué?

—Te digo que no me importa.

—Entonces suéltame.

Pero Sirius solo hizo su agarre más fuerte. No parecía preocupado, parecía más bien molesto.

—Necesito que hagas algo por mí.

—Hazlo tú mismo.

—Solo tú puedes, así que escúchame y no volveré a molestarte en tu maldita vida.

𝐑𝐀𝐌É ↬𝐉𝐞𝐠𝐮𝐥𝐮𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora