La traición

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Silas Ferrer

Me giro con una sonrisa ancha, el sabueso casi mea mi cara para que sienta que ella es de el, la idea me molesta, la idea me perturba, no quiero que ella sea de nadie, pero ya fue de el, eso me enfurece y toda mi sonrisa se borra.

Quisiera regresarme allí dentro y jalar la hasta aquí,quisiera alejarla por completo de ese idiota, quisiera nalguearla por hacerme perder mi cordura, por estar aquí en Rusia intentando sacar a unos malditos Narcotraficantes de la cárcel, si definitivamente se merece un azote.

Subo al auto y cierro la puerta con tan poco gentileza que Santus salta.

-¡Eso es que nos fue mal!

-Tecnicamente no, he encontrado en el expediente formas de salvar a los imbéciles-sonrio, al menos puedo intentar manipular ese expediente lo suficiente como para salvarle el trasero,podriamos lanzar la basura hacia otro lado.

-¿Y ese humor tiene que ver con el Pelinegro ese? -Santus señala con su boca hacia una dirección y veo al sabueso, su mano reposa en la cintura de Varvyra más abajo de las caderas casi rozando su trasero, mi visión se nubla, mis venas se tensan.

-Arranca Santus -la furia en mi voz hace que Santus acelere.

Trato de olvidar la imagen que acaba de quedarse clavada en mi cabeza, trato de pensar en otra cosa, necesito pensar en algo más que no sea en la niña bonita de los Chein.

Me conecto en el iPad y comienzo a ver todo el trabajo que se me está acumulando, documentos que debo entregar, citas que se pospusieron, dedico parte del camino a responder algunos correos, pero mi mente no logra sacarla de mi cabeza, necesito saber que está haciendo, quiero saber que está haciendo, quiero que me diga todo de ella, quiero saber cuál es su color preferido, pero también quiero saber cuales son sus miedos.

Saco mi teléfono y busco su número, veo el reloj, no ha pasado más de una hora desde que la vi,no debo escribirle sería desesperado de mi parte, debería darle el tiempo de pensarlo ¿Y si lo elegí a el? ¿Y si prefiere a su amor que a sus hermanos? ¿Que harías Silas? El sabor amargo recorre mi boca.

-Señor ya llegamos al hotel -anuncia Santus haciéndome volver a la realidad.

-Bueno vamos a comer algo -comienzo a guardar mis cosas, mientras entramos al estacionamiento del hotel.

Mientras Santus estaciona reviso por última vez mi teléfono, me aseguro de que la señal esté funcionando, pero no es problema de cobertura o conexión es simplemente que ella no me va a escoger a mi y si lo hiciera lo hará por sus hermanos, en realidad escogería a sus hermanos, no a mi.

Buscamos el restaurante del hotel, un lugar muy poco ruidoso y solitario al parecer la mayoría decidió comer fuera.

-Señor, ¿Podemos perdír para la habitación? Necesito llamar a mi esposa y hablar con mi hija.

-Perfecto Santus, si pide lo que quieras por mi no hay problema -para mi es un alivio, yo quería sugerirlo pero dado el caso, sonaría muy grosero de mi parte.

-¡Gracias señor y disculpe!

Yo ví el menú sin interés, pedí carne y ensalada, me aviso la joven que en veinte minutos llegaría mi cena, al entrar a mi habitación, tire mi teléfono en la cama junto con el iPad, me quitó todo para darme una ducha.

Tardo unos minutos, cuando me termino de bañar me coloco unos pantalones ligeros que Ana me regaló para navidad y luego me tiró en la cama, mi teléfono suena y mi corazón late como si tuviera vida propia.

Varvyra Chein

Necesito verte.

¿Que?

Veo mi reloj, es tarde.

Peligrosa Audacia Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora