Leche y miel

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Silas Ferrer

Al llegar a casa después de haber estado en Rusia se siente como si de alguna forma este no fuera mi hogar, se siente como si una parte de mi se quedó en el lugar, se quedó con Varvyra, dejar ir cuando sabes que esa persona no te elegiría jamás a ti, es lo más sano, pero eso no hace que sea menos doloroso.

-Mi niño -la Tata corre hacia mi y me envuelve en sus brazos, el olor a hierbas de te que emana de su cabello, me roba una sonrisa, la Tata suele colocarse algúna hierba para fortalecer el cabello.

-¿Cómo estás Tata?

Por primera vez me permito ser vulnerable, el haber estado apunto de morir y no tener a Tata cerca para cuidarme hace que algo dentro de mi se rompa. Ella no podría sobrevivir a más pérdidas.

-Ahora que tú estás aquí, con el alma de nuevo en el cuerpo -su mano acaricia mi cabello-. ¿Que paso con la chica?

-Nada, está en su hogar -trago profundo.

Tata asiente en silencio.

-Ven, te voy hacer tu postre favorito -una sonrisa triste se forma en su rostro moreno-. Dicen que para un corazón roto, la miel y la leche son la mejor medicina.

Una pequeña sonrisa se forma en mis labios, nunca le diré cuánto la amo.

-No tengo el corazón roto Tata, no es una novela de esas que tú ves -la sigo mientras ella se dirige a la cocina, tomo asiento en el taburete y la veo sacar ingredientes.

Se gira hacia mi y me enseña un tarro de miel..

-Abre la boca -niego con la cabeza -. Cuando eras pequeño no tenía que pedirlo dos veces.

Una carcajada sale de mi interior, pero se siente rota.

Mi teléfono empieza a sonar, cuando veo el número de Lina contesto.

-¿Hola, como estás? -su voz es suave como una melodía triste.

-Acabo de llegar a casa, estoy bien, el vuelo estuvo bien ¿Tu cómo estás?

-Bien -se queda en silencio.

-¿Cuando regresaras a Colombia?

-No lo se, quizás me termine yendo a Cansas.

Una sonrisa se dibuja en mi rostro, Lina fue la única persona que cuido de mi en Rusia, siempre estaré agradecido con ella.

-Cuando quieras, te puedes quedar en mi casa, quizás aquí puedas estudiar la universidad.

Tata entre cierra los ojos y me mira buscando una explicación a lo que estoy hablando y yo solo le niego con la cabeza.

-Tendria que hablarlo con Ámbar.

La pelirroja malhumorada como olvidarla.

-Bueno cualquier cosa me avisas Lina, gracias por todo.

-No tienes que agradecerme, me alegro muchísimo practicar el inglés contigo -dice con ese leve acento colombiano que no se le quita aunque esté hablando en ingles.

-Lo hago, estoy en deuda contigo.

-Me gusta cobrar mis deudas-suena pícara, y eso me hace sonreír, es solo una niña coqueta.

-Y a mi pagarlas -digo sonriendo , Tata se aclara la garganta mientras me hace señas para que me aleje ya que va a batir el quesillo.

Me bajo del taburete y me voy hacia el jardín.

-¿Cómo me pagarías?

-¿Que te gustaría tener?

-Dime como piensas pagarme -su voz es apenas un susurro.

-Te gustaría un reloj, un peluche, bombones... -la verdad no sé nada de ella, no se que le gusta.

-No uso Reloj, no me gustan los peluches y odio los bombones -dice secamente.

-¿Flores? -pregunto divertido con su rabia.

-Jamas te atrevas a pagarme con flores.

-Una moto -la ví usar una chaqueta de motera un día que cambio mis vendas.

-No eso es mucho dinero, no te atrevas -no puedo evitar sonreir-.

-Una vystrom no es tan costosa -digo de verdad pensando en regalarsela-. ¿Sabes manejar una moto?

-Nunca he tenido una, pero aprendo rápido ¿Que te parece si cuando vaya a Kansas me enseñas?

-Yo tengo una Kawasaki Ninja y una Vystrom 650 , tendrás que aprender con esa -ni loco le daría la ninja.

-Vale, es un hecho, cuidate mucho Silas Gabriel.

-Igual Lina Evangelina.

Cuando cuelga, siento una necesidad de seguir escuchando su voz, no es que ella me guste apenas está entrando a la universidad, pero hablar con ella me sienta bien.

Guardo el teléfono y regreso con la Tata sus ojos están llenos de pregunta.

-Es solo una amiga -digo antes de que comience a hacer preguntas.

-No dije nada Silas -sus ojos estudian mi rostro-. No intentes sacar un clavo con otro clavo Silas, terminarás rompiendo alguno.

Asiento mientras ella mete el quesillo al horno, me sirve una tasa de café y por un momento desde que llegue a casa, no pienso en Varvyra, no pienso en su ausencia.

-¿Crees en el destino Tata?

-Creo en Dios Silas, creo que el diseño un plan para nosotros, pero son nuestras decisiones que nos acercan o nos alejan de ese plan.

Entiendo, asiento mientras le doy un sorbo a mi café, si Dios cruzo mi destino con el de Varvyra tiene que existir una razón no creo que sea solo para llevarme a Rusia y regresar con las manos vacías.

-A veces Silas el destino nos lleva a algunas personas, pero no son nuestro destino.

Sus palabras se quedan en mi mente pero no logro encontrarle el significado en mi vida. Comienzo a revisar correos, a cuadrar citas y a preparar documentos para mañana ponerme al día con todo lo que deje en el aire.

El olor a quesillo hace que mi corazón se sienta más cálido, quizás la Tata tiene razón no existe nada que un dulce no pueda arreglar al menos por un rato, al menos para endulzarnos la vida, quizás después de probarlo, saborearlo y degustarlo , volvemos a el vacío, quizá por eso hay personas que necesitan comer para sentirse feliz , nunca lo había pensado de esa forma pero tiene sentido, llenar vacíos con la comida, calmar el dolor con la comida, calmar la mente comiendo, quizás cada uno se sana o se daña de la mejor forma que consigue.Al final lo que todos queremos es que el dolor se vaya.

Peligrosa Audacia Donde viven las historias. Descúbrelo ahora