Gedeon Korrat.
Las horas pasan tan lentamente como es posible, aún les quedan diez horas para saber si realmente Kanat y Dominic saldrán de la cárcel,Mateo camina de un lado a otro y me está poniendo terriblemente nervioso.
—Puedes dejar de caminar de un lado a otro, estoy apunto de darte un puto tiro —gruño levantándome de la silla.
—¡No voy a entregarla! —la voz de Mateo es una sentencia.
—Ese no es el plan Mateo, el plan es sacar a Kanat y a Dominic, luego entregar a la chica si su madre cumple el trato.
Da dos pasos hacia mi, me agarra del cuello, una ira feroz lo recorre.
—Escuchame bien Gedeon —su voz es un rígido—. El plan no existe desde el momento en que su padre adoptivo se negó a pagar el precio que le pusimos por su vida, no voy a devolverla con esa gente de mierda.
—Sueltame Mateo, no creas que porque eres el mejor amigo de Varvyra no puedo matarte —quito con rabia sus manos de mi cuello.
—Tu y yo estamos en la misma posición Gedeon, yo no te he volado la puta cabeza porque Varvyra me importa, si no hace rato estarías tres metros bajo tierra.
—Me alegra saber que hemos vuelto —sonrio sarcásticamente—. Vamos a traer a Sabina, vamos a preguntarle si quiere volver con su familia Mateo, si ella quiere volver la vas a dejar ir.
Sus ojos se oscurecen pero no dice nada más,antes de caminar hacia la habitación donde está Sabina, al entrar yo quedo detrás de Mateo y cierro la puerta.
—¡Queremos hablar contigo!
—¿Que quieren?
—¿Quieres volver con tu familia?
Ella nos mira con su ceño fruncido.
—Antes de que me secuestraran, yo pensaba que mi padre no me amaba por no ser su hija, pero una parte de mi pensaba que yo le importaba, saben pago mi colegio, comida, ropa, universidad —su voz se quiebra, se vuelve casi inaudible —. Pero ahora se que no eran ideas mías, ahora se que no le importo...
Comienza a sollozar ¡Mierda!
Mateo se agacha hasta quedar a la altura de Sabina que está sentada en la cama.
—No te pongas así Sabina —sus dedos ruedan por la mejilla de la chica tratando de limpiar sus lagrimas—. No importa si a el no le importas, a tu madre si le importas.
Retrocedo y salgo de allí sintiendo que es un momento muy íntimo para ellos, no soy un idiota, se que ambos se sienten atraídos, algo pasa con ellos.
Los gritos de Pavel me hacen salir de mis pensamientos.
—¡Están fuera! ¡Están fuera de esa mierda! —se lanza encima de mi y me abraza.
—¿No estás bromeando?
—¡No Gedeon, acabo de hablar con Dimitri, Kanat y Dominic acaban de llegar a su casa!
Respiro profundo ¡Mierda lo logramos!
—Joder lo logramos.
—Fue mi plan, esto se lo voy a recordar a todos mi plan funcionó.
Estoy demasiado emocionado como para discutir que sus planes siempre son una mierda.
—¿Que está pasando? —Mateo se asoma.
Pavel borra la sonrisa de su rostro.
—Kanat y Dominic están fuera.
Mateo sonríe abiertamente y se lanza encima de mi, me da un apretón en forma de abrazo y luego mira a Pavel,no se acerca a el pero le da un asentamiento con la cabeza.
—Trae a la chica hay que liberarla.
Mateo regresa con Sabina, sus ojos están llorosos.
—Vamos Sabina, vamos a dejarte libre —le sonríe Pavel.
Ella no le devuelve la risa.
—Me dan un segundo —pide Mateo, Pavel y yo asentimos, alejándonos un poco.
Trato de no escuchar lo que le dice Mateo pero es inevitable.
—Sabi, tenemos que devolverte, si rompemos el trato mis amigos vuelven a la cárcel.
Ella asiente.
—Voy a estar bien —asegura ella pero su voz suena fatal.
Mateo se acerca más a ella y ya no puedo escuchar lo que le susurra mientras la envuelve en sus brazos.
—Pavel llama a su madre.
—Voy por el teléfono.
Regresa inmediatamente con los teléfonos, le pide a Sabina que marque el número de su mamá y ella lo hace.
—¿Sabina?
—Espero que la parte del trato se mantenga, si luego de la entrega mis amigos vuelven a la cárcel, le juro que volveré a encontrar a Sabina.
—Devuelvanme a mi niña, ya cumplí mi parte del trato, déjame hablar con ella.
Pavel le hace señas a Mateo y acerca a Sabina al teléfono.
—¡Mama estoy bien! ¡Gracias mami! —su voz se rompe.
—Te amo mi sabi, mamá te ama ¿Lo sabes verdad?
—Lo se, gracias por amarme.
—No tienes que agradecerme mi niña, mamá te escogeria siempre.
—Ya suficiente —aparta Pavel a Sabina, Mateo le mira como si quisiera estrangularlo y si no salimos de esto rapido probablemente lo hara.
Pavel rompe el teléfono y luego mira a Sabina.
—Toma este dinero —su voz es fría—. Te dejaremos a un par de cuadras del centro comercial, debes llegar tu misma a tu casa.
—¿Tu que coño te crees?
Ya empezamos.
—¿Que me creo que, niño pastel?
No puedo evitar reír, si niño de Pastel sería el mejor apodo para Mateo, pero no en este momento.
—Vamos a dejarte cerca de casa —digo firmemente—. Un par de cuadras de distancia.
—Estare bien no tengo ocho años —dice mientras se limpia las lágrimas.
Salimos del galpón y nos montamos en una Tahoe que consiguió Pavel, Sabina sube sin resistencia, Pavel va de chofer y yo de copiloto, Mateo y Sabina detrás.
—Sabina —la voz de Mateo es un susurro pero es imposible no escuchar estando en el auto, así que hago lo mejor que puedo enciendo la radio bajo.
Pavel niega un par de veces, yo solo quiero llegar para ver a Varvyra.
—Bueno chica ya terminamos contigo —anuncia Pavel frenando en una esquina.
—Gracias por no matarme —susurra suavemente, sus ojos miran a Mateo de último—. Hasta luego Judas.
Una sonrisa se forma en mis labios, recordando el juego de ellos.
—Supongo que lo merezco —Mateo le sonríe pero la sonrisa se va volviendo peligrosa—. No estás libre Sabina, volveré a ti.
Ella parpadea impactada quizás por la sentencia que Mateo acaba de lanzar y antes de que podamos decir algo más ella baja y empieza a correr.
Pavel no da tiempo de que Mateo la persiga, simplemente arranca a toda velocidad.
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Peligrosa Audacia
Teen FictionVarrvyra Chein ha pasado años amando cada parte de Gedeon Korrat, cada minúsculo gesto. Hasta que de repente el empieza alejarse de ella, tanto que incluso su mera presencia lo hace salir huyendo. Algunos corazones son fuertes y duros, otros son bla...
