Luces pequeñas dan grandes verdades.

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Gedeon Korrat

Al abrir los ojos veo a Varvyra, su rostro está hinchado por las lágrimas, su cara muy roja de tanto llorar. Intento buscar las palabras pero nada sale de mi boca, sintiendo mi respiración extraña me quedo paralizado al darme cuenta que algo ha pasado.

—Tranquilo amor, estás bien —sus manos tocan mi rostro—. Pronto te recuperarás de esto.

Intento preguntarle que me hicieron Pero las palabras mueren en algún lugar de mi cabeza  voz es calmada—. Si quieres decirme algo puedes escribirlo en lo que puedas moverte mejor.

No, no puede ser, los últimos recuerdos me roban el aire, la cuerda apretando mi garganta, la sangre, Leonel arrastrando me, estoy mudo, seguro mis cuerdas vocales se dañaron y no podré hablar más nunca, el pánico me recorre por primera vez en años. Le hago señas hacia el agua pero ella niega con la cabeza.

—Lo siento Gedo, no puedes tomar nada, ni comer al menos en cinco días, te colocaron esto para administrar tu comida a través de eso —señala una sonda, cierro los ojos y me concentro en las caricias de sus dedos pasando por mis cabellos.

—Gedo hay muchas cosas que están pasando —toda la calma abandona su rostro—. Hay una guerra iniciada entre los silicianos y tú familia, y Kanat eligio quedarse del lado de los Rizzos.

Levanto mi mano y la envuelvo en esta atrayendola a mi pecho.

Quiero calmarla, quiero decirle que yo lo arreglaré, que no tendrá que elegir ningún lado, pero mi voz no aparece, no hay nada, entonces rozo mis dedos por su espalda tratando de darle esa seguridad que tanto ella necesita. Cuando levanta sus ojos, hay una tristeza profunda en estos.

—Te elijo a ti Gedeon  ¿Eso me hace una mala hermana?

Niego con la cabeza.

—Kanat y Dominic me criaron Gedo, ellos son como padres para mí, yo los amo —asiento sabiendo que es así, se que los ama.

Señalo el lápiz y la hoja que ella tiene allí y ella me los pasa. Mi letra sale mucho peor de lo que siempre es.

Muñeca deja de llorar, nunca te prohibire ver a tus hermanos, encontraremos la solución. Regálame una sonrisa.

Una pequeña sonrisa se forma en sus labios antes de unirlos con los míos, un beso suave casi como el roce de una pluma, delicado como ella misma.

—¿Te duele mucho?

Niego con la cabeza, si me duele pero es soportable.

—Ese hueco que te hicieron en el cuello te permite respirar ¿Estás respirando bien?

¿Tengo un hueco en el cuello?

—Lo siento no debí decirte eso.

Niego rozando su mano, necesito que ella se calme y deje de angustiarse tanto por mi. Vuelvo a agarrar el lápiz y escribo.

Estoy bien muñeca, trata de relajarte un poco, puedes dormir un poco, estoy bien ¿Comiste algo?

Justo cuando le doy la nota tocan la puerta, y entra Zacarías, detrás viene Nika, Nadia y su esposo, un malestar se instala en mi desde la última vez que hable con Leonel.

Nadia se lanza encima de mi y me besa la frente muchas veces, una sonrisa se dibuja en mi rostro sin poder evitarlo, le amo.

—Pequeño travieso, casi haces que me muere —susurra en mi oído.

Nika se acerca y me da un beso en la mano, las lágrimas caen por su rostro.

—No vuelvas a asustarnos así.

Luego mis ojos se quedan en Zacarías nunca había visto a mi hermano llorar hasta hoy no por lo menos por mi, me abraza haciendome sentir amado.

Le hago señas a Varvyra y me pasa un papel y el lápiz.

¿Varvyra a comido algo?

Le enseño el papel a Zacarías quien niega. No tengo que pedirle que la lleve a comer antes de que pueda escribir algo más Zacarías lleva arrastras a mi Rusa, ella lucha por permanecer a mi lado cuando damos ojos conectan con los de ellas hay calma y la lucha deja de existir,confía en mi.

—¿Entonces Gedeon puedes hablar?

La burla de Marcelo hace que las venas de mi cuerpo se tensen.Pero le regaló mi mejor sonrisa de Gedeon Korrat eso hace que de un paso hacia atrás.

—No puede por ahora —Nika aprieta mi mano y sus ojos oscuros lanzan una amenaza hacia Marcelo—. Cuando estemos en Francia Gedo te voy hacer pudin de vainilla, y una torta de chocolate.

Sonrió mientras aprieto su nariz. Ella sonríe de vuelta.

Nadia tiene sus manos en mis piernas masajeandolas, en sus ojos hay una tristeza profunda que nunca había persivido antes, nunca me había fijado en eso hasta que Leonel me lanzó este destello de inquietud. Su ropa siempre es cubierta, su cabello rara vez lo lleva suelto, ella parece estar rígida la mayor parte del tiempo, pero siempre creí que esto era parte de su personalidad temerosa, tranquila, apacible como nadie.

—¿En qué piensas? —sus ojos me regalan una pequeña sonrisa, suelto la mano de Nikita y tomo el papel.

¿Que está pasando contigo Nadia, te están lastimando?

Doblo el papel y le hago señas a los demás de que es un secreto, Nika se ríe y golpea suavemente mi frente. Pero al ver el rostro palidecer de Nadia me confirma que hay algo malo pasando en nuestras narices y no hemos sido capaces de darnos cuenta. Ella niega rápidamente y rompe el papel.

Nika empieza a reírse.

—Realmente era algo muy fuegoso para que Nadia se pusiera así —se ríe inocente de una gran verdad que apenas tengo dentro de mis dedos, Nadia está siendo abusada de alguna forma por ese imbécil, y en lo que me recupere descubriré que es lo que no permite que ella nos pida ayuda o nos cuente la verdad.

Leonel Rizzo tenía razón, mi hermana está siendo lastimada en nuestras narices ya no me quedan dudas,ese desgraciado que se viste de cordero es un puto lobo.

—Voy a salir un momento a buscar café —dice Nadia mientras suelta mis pies.

—Anda mi amor trae para mí y Nika, nosotros acompañaremos a tu hermano —mi cuerpo se pone en alerta y aprieto la mano de Nika, ella me da una mirada que me transmite a través de esta que no confía tampoco en el, que no me dejara solo con el.

Peligrosa Audacia Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora