CAPÍTULO 57

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¡Hola! Aquí Aru♡ El capítulo está largo, pensé en dividirlo en dos partes, pero decidí publicarlo como está. Recomiendo que lean "Previamente en P de PERDEDOR" antes de comenzar. En este capítulo muchas verdades salen a la luz que involucran a bastante personas. No tengo Word en mi laptop, intenté revisar el capítulo lo mejor que pude, pero quizá se me haya escapado una que otra falta ortográfica. Espero que lo disfruten y nos leemos al final.

Gracias por estar aquí ☺️

♤♡◇♧

YONG
Miércoles, primero de diciembre de 2021

—¿Yong?

La voz de Silver, acompañada de un par de golpes en la puerta, me sacó de golpe de mi ensimismamiento.

El agua tibia corría en mis manos, la ducha también estaba abierta. No pude recordar cuánto tiempo llevaba allí, pero el cuarto de baño se había inundado de vapor al punto que ya no podía verme en el espejo empañado.

Cerré los ojos un instante y tomé aire. Abrí mis labios un par de veces. Solo intentos vacíos de sonar en calma; de hacerle creer que nada había cambiado —todo había cambiado—; que yo estaba bien —nada bien—, que los González —tres desconocidos que comparten un desafortunado destino y un apellido maldito—, por primera vez, podíamos ser ¿felices?

Pero las personas como nosotros no merecían alcanzar la felicidad o, en su defecto, una segunda oportunidad.

Éramos mentirosos, criminales, abominaciones; pero ella era la peor de los tres. La sonrisa falsa y los ojos vacíos. Silver no era humana o, al menos, no tenía humanidad.

Las excusas se me estaban agotando, el temor crepitaba en mi piel...

—¿Yong?

Hubo un momento en mi vida en que aquello fue todo lo que deseé: Hugo, Silver y yo. Libres de ataduras, contenciones y apellidos de por medio. Libres. No Cristóbal. No Villa Padua. No etiquetas. No P de Perdedor.

Mi sueño se había convertido en mi peor pesadilla.

Era diciembre. Algunos días habían transcurrido en aquella cabaña en Nueva Estación. Aún no tenía respuestas y aunque pensé un millón de veces en huir, ellos eran mi hogar, lo más cercano a una familia que había tenido en mi vida.

Quería entender.

Deseé comprender el porqué. En verdad, traté con fuerzas. Pero por mucho que lo intentara, nada tenía sentido. Me negaba a creer que fui engañado por tanto tiempo. Las mentiras de Silver no me tomaban por sorpresa. Nada me sorprendía cuando se trataba de ella. No podía decir lo mismo de Hugo.

«Hugo».

Su nombre resonó en mis entrañas. Me estremecí. Mi sorpresa fue entender que el estremecimiento, por primera vez, no fue anhelo, sino incertidumbre.

«¿Por qué me quedo?», pensé.

Una vez más, mis pensamientos me torturaban.

Mi mente me trasladó al día en el que todo se derrumbó: el día que dejamos Villa Padua atrás.

Los sucesos no fueron coherentes. Todo trascurrió demasiado rápido, pero la duda nunca me abandonó. La pregunta escapó de mis labios y la respuesta, aunque ambigua, fue clara.

—Los culpables son ustedes —dije, mientras por dentro rogué estar equivocado.

Y entonces los ojos de Silver se encontraron on los míos a través del espejo retrovisor. Una risa, burlona y rasposa, escapó de su garganta como un bramido. Hugo, sin embargo, parecía no encontrar gracioso mi comentario.

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