Maratón Final 1/4
PARTE I
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DETECTIVE ÁLVAREZ
Noche del viernes, 28 de enero de 2022
Silver González tamborileaba con los dedos sobre la mesa.
Miró atrás, al espejo divisor a través del cual la observábamos. Una amplia sonrisa surcó sus labios. Sabía que estábamos allí. En los ojos llevaba un brillo diferente. Silver estaba feliz, como si no acabara de matar a tres personas.
Agitó la larga cabellera rubia manchada de sangre y se volvió al frente. El filoso rostro, tan hermoso, teñido del rojo carmesí; al igual que el vestido, las manos, las rodillas y los pies descalzos. Las esposas, al fin, brillaban en sus muñecas.
Apoyó la cabeza en la mesa con naturalidad y cerró los ojos.
Tuve escalofríos.
La puerta del pequeño salón se abrió y el oficial Ferrero apareció en el umbral acompañado de un hombre de metro noventa, cabello negro hasta los hombros e impecable traje azul marino. El oficial se hizo a un lado y el hombre entró.
Me puse de pie. El capitán Romero hizo lo mismo.
—Buenas noches —dijo el hombre y le extendió la mano al capitán en saludo, luego a mí—. Mi nombre es Arthur Doyle, soy el abogado de la señorita Silver González. Ruego disculpe mi demora. He tenido que viajar desde Nueva Estación.
—No se preocupe —concedió mi jefe—. Entiendo perfectamente. Sé que esto ha sido un poco de emergencia. —Apuntó a Silver, quien parecía haberse quedado dormida—. El caso es grave y no podíamos hablar con ella hasta que usted no llegara.
El comandante se volvió a mí.
—Le daré unos minutos a solas con su cliente —informé—. El oficial Ferrero estará en el pasillo. Por favor, hágale saber cuando estén listos.
—De acuerdo —emitió el licenciado y acompañó al oficial al cuarto de interrogación.
Tomé un largo sorbo de café y me senté.
—Es tan joven —comentó el capitán en tono condescendiente, los ojos fijos en la chica. De pronto, sacudió la cabeza y un mohín que no supe cómo interpretar apareció en su avejentado rostro—. El licenciado Doyle es dueño de su propio bufete. No suele tomar clientes —expuso con el seño fruncido—. Es curioso que esté representándola.
Me limité a observar sus expresiones y a leer, entre líneas, el súbito interés que Silver González había despertado en él. El capitán no era de quedarse hasta tarde en la estación, mucho menos de involucrarse en un caso. Quizás era por la magnitud del incidente o la posición de las personas implicadas.
—¿Quién es el joven que espera en el recibidor?
Lo miré en silencio un instante.
—Hugo González. Es su hermano adoptivo. Ya le informamos que debería regresar a casa. No va a poder ver a su hermana hoy.
Romero asintió.
Me llegó un mensaje de texto.
Lo abrí de inmediato. Lo había estado esperando impacientemente durante las últimas dos horas. Era Óscar Salas.
Nuestra parte está cumplida. Paola González acaba de llegar a Prufrock. La dejé en la puerta de la casa de tu madre. Es tu turno ahora, y más te vale no intentar traicionarnos. Puedo desaparecerla con la misma facilidad con la que la devolví a su hogar.
Me fue imposible controlar el temblor de mis manos. Una capa gruesa de sudor me cubrió la frente mientras mis dedos redactaban una respuesta.
El abogado acaba de llegar.
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P de PERDEDOR
Mistério / Suspense[COMPLETA] Todo comenzó el primer día de clases. Llegaste a Villa Padua después que a tu madre le ofrecieran una generosa oportunidad de trabajo. Tuviste que dejar tu vida, tu casa y tus amigos, y mudarte al otro lado del país. No querías, claro que...
