CAPÍTULO 63

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Aqui estamos otra vez. ¡Hola, mi gente! ¿Cómo están? Actualización sorpresa no tan de sorpresa 🤭 Cerca de la final, pronto esto se va a descontrolar. Ahí vamos, a meterle nitro 😏

☆*:.。.o(≧▽≦)o.。.:*☆

SILVER
Jueves, 20 de enero de 2022

—¡Silver, detente, por favor! —pidió Sofía y me sostuvo por el antebrazo.

La aparté del camino.

—Silver...

—¡Mierda! —grité y arrojé el pequeño dispositivo blanco a algún lugar de la habitación—. Sigue positivo.

Sofía resopló, hastiada.

—Ese es el test número ocho. ¿Cuántos más vas a hacer?

—Los necesarios. Los que hagan falta hasta que salga negativo.

Me acerqué a la ventana y me senté en el alfeizar. Las manos me temblaban, al igual que las piernas, y una capa gruesa de sudor me cubría la frente, el cuello y los brazos a pesar del aire acondicionado.

—¿Para esto me haces venir tan temprano? —cuestionó ella—. Hazme sitio. —Ocupó el lugar vacío a mi izquierda—. Estás siendo irracional.

—No me mires así —demandé antes de girarme hacia la plaza.

—¿Así cómo?

—Con lástima.

Sentí sus manos frías en mi sien, moviéndose con cautela mientras atrapaba mi pelo. Comenzó a trenzarlo en silencio. Recogí las piernas y me eché hacia atras. Sofía descruzó las suyas para dejarme espacio.

—¿Por qué te cuesta tanto aceptarlo? —preguntó al cabo de un rato.

—Esto nunca estuvo en mis planes.

Ella pasó la trenza terminada por encima de mi hombro y dejó la mano ahí.

Se sintió tan familiar como extraño y, de cierta manera, cálido. Me deslicé en el vinil que cubría el amplio alfeizar y dejé caer la cabeza en su regazo. Sofía aún llevaba esa expresión incómoda de quien presencia la derrota ajena y siente tanta pena que es imposible ocultarlo.

—Pensé que concebir era imposible para mí —agregué evitando mirarla—. De vez en cuando usé protección... —«... cuando no se trataba de Yong y Hugo», completé para mis adentros, ella no necesitaba saber—. La idea de ser madre nunca cruzó mi mente.

«¿Qué puedo yo ofrecerle a esa criatura?», pensé.

«Una madre como yo, un padre que me odia o quizás un padre muerto. ¿Cómo puedo cuidar de alguien más cuando ni siquiera puedo cuidarme a mi misma y sigo atada a Cristóbal? Si él lo descubre me va a hacer abortar a patadas», me tensé ante la idea. «Él no querrá que nadie lo sepa. Me va a obligar a vomitar la criatura si es necesario».

—¿Quién crees que sea el padre? —inquirió, sus dedos comenzaron a juguetear con mi flequillo.

—Hugo o Yong —suspiré—. Da igual. No voy a tenerlo.

—¿Qué dices? Silver, la doctora dijo que quizás esta sea la única vez que podrás quedar embarazada de forma natural.

El oxígeno se me quedó atorado en los pulmones. De pronto, fue difícil respirar. El pecho se me encogió, mi estomago se retorció y la vista se me nubló. Tragué en un intento por controlarme. La arcada me sacudió y corrí al baño. Apenas llegué a tiempo.

—¿Has comido algo hoy?

—No —dije, apoyada del retrete.

Vomité una vez más.

P de PERDEDORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora