CAPÍTULO FINAL [PARTE II]

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Maratón Final 2/4

PARTE II
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HUGO
Mañana del viernes, 28 de enero de 2022

Una ambulancia acababa de salir de la propiedad.

Las sirenas se alejaron, difuminándose entre el ruido de la calle, mientras dos patrullas entraban por el portón seguidas de una furgoneta blanca. En el costado se leía “servicios forenses”.

Me apeé del auto y troté hasta Óscar, que estaba de pie junto a la portería del frente.

—¿Qué está pasando? —le pregunté.

Un oficial desplegaba un listón de "escena del crimen. no pasar" en la entrada de la casa y lo amarraba de las columnas de la galería.

—¿Dónde está Silver?

Me dio igual lo que estuviera pasando. No me importaban los forenses, los curiosos o los flashes que comenzaban a surgir. Yo tenía que encontrar a Silver. Ella me necesitaba.

—En el ayuntamiento —dijo el hombre y miró atrás, incómodo.

«No».

—¿Qué? —repetí, dando un paso hacia el auto.

No esperé que explicara. La verdad, no había nada que explicar.

Algo en mí sabía con certeza lo que Silver estaba por hacer y no, no podía permitir que ella se enfrentara a Cristóbal sola. Era mi responsabilidad protegerla. Debía ser yo quien acabara con él, no ella.

Lo habíamos preparado todo. ¿Qué había cambiado?

«Hoy no era el día».

Rodeé el vehículo y abrí la puerta. Óscar me detuvo antes de que pudiera entrar.

—Hugo, espera…

Me giré hacia él.

—Silver va a matar a Cristóbal y luego va a entregarse a las autoridades —dijo, casi en un susurro, los ojos fijos en los oficiales a pocos metros—. Confesará todo. Lo que hizo y lo que no. Ese es su deseo. Por favor, no intentes salvarla. Silver no quiere que la salves.

—¿Qué demonios te pasa? —le solté, con la garganta seca.

Óscar me miró con una expresión suplicante.

—Silver sabe lo que hace. Confía en ella, por favor.

Me dispuse a entrar al auto, pero él me sostuvo por el codo.

—Hugo, por favor...

Lo aparté de un empujón y subí al todoterreno. Salí a toda velocidad.

El volante resbalaba en mis manos sudadas, y cada semáforo, cada frenada, me parecía una tortura. Conduje con el corazón en la boca. Las luces de la ciudad pasaban rápidas, borrosas. El pecho me ardía y tenía los dedos entumecidos.

No recuerdo cuántos semáforos me salté, ni cuántas veces alguien me tocó la bocina. Solo sé que cuando llegué, ya era demasiado tarde.

Silver salía del edificio, cubierta en sangre. El cabello rubio teñido del rojo oscuro, al igual que el vestido blanco, su piel y sus pies descalzos. Iba esposada y dos oficiales la flanqueaban. Detrás, la detective inspectora Álvarez los seguía de cerca.

Mis pies se quedaron clavados al pavimento. No pude avanzar. No pude respirar.

El aire parecía más denso. El corazón me golpeaba el pecho y entonces ella me vio. Sus ojos azules, que siempre habían parecido de algún modo vacíos brillaron con una luz que no conocía.

P de PERDEDORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora