CÁPITULO 58

2.5K 182 64
                                        

¡Hola! Aquí Aru.

Estamos en los últimos capítulos de P de Perdedor. La verdad, no sé con exactitud cuántos quedan, porque hacer planes no funciona para mí. Les quiero preguntar algo. Estaba pensando en hacer un maratón con los capítulos finales, pero les dejaré la decisión a ustedes, porque un maratón llevaría tiempo y entonces me tardaría más en actualizar. Por favor, comenten en este párrafo lo que deseen.

Por ahora les traigo doble actualización 🤭

Por cierto, sigo sin Word en la laptop. Estoy escribiendo en el Bloc de Notas, pero el muy condenado no tiene corrección ortográfica y ser disléxica no ayuda. Así que perdón si se me escapa una que otra falta. ¡Una vez más gracias por estar aquí! Desde aquí les mando un abrazo.

FanArt de Yong y Hugo González. En lo personal amé esto. Gracias EnBuscaDeSexo  (lo sé, los nombre de usuarios de ustedes son una maravilla) por tomarte el tiempo para esto, fue como si hubieras leído mi mente.

 Gracias EnBuscaDeSexo  (lo sé, los nombre de usuarios de ustedes son una maravilla) por tomarte el tiempo para esto, fue como si hubieras leído mi mente

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Nos leemos al final del capítulo siguiente, disfruten ;)

(N/A: Esta primera parte del capítulo se desarrolla el primer día de clases).

LOGAN
Lunes, 6 de septiembre de 2021

Fijé la mirada en la garabateada "P" que mi hermano dibujó con rotulador rojo. Respiré hondo por quinta vez y me pasé una mano por el cabello en un intento de domar sin éxito los mechones rebeldes. Mi pulso marchaba apresurado y mis manos temblaban incesantes.

Lucien me entregó el trozo de papel.

—¿Estás seguro de que funcionará? —cuestionó, algo inseguro.

Comprendí sus dudas. Él no conocía a Silver González como yo.

Me limité a asentir en respuesta.

Todo comenzó en agosto, cuando Lucien me pidió un favor. Mi hermano no explicó mucho, nunca lo hacía; y como siempre, yo terminé ensuciándome las manos por él. El plan era simple: acceder a su red, localizar los archivos, extraer la información. «Fácil», pensé, «he hecho esto mil veces». Pero lo que encontré no fue un sistema, sino un laberinto pensado con meticulosidad.

Peligroso y atrayente.

Conforme las horas pasaban, las paredes del laberinto cambiaban, se adaptaban. Cada capa de seguridad tenía su firma: elegante y retorcida, casi artística. Códigos que no protegían solo información, sino también una historia. Entendí que aquello no era una defensa. Era provocación. La invitación de una mente extraordinaria que, por fin, halló un igual.

P de PERDEDORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora