Maratón 2/4
SILVER
Miércoles, 5 de enero de 2022
El oficial del centro de detención miró atrás antes de indicarme con la cabeza que doblara a la izquierda, donde se desplegaba un angosto pasillo flanqueado por rejas de metal oxidado. Al fondo pude escuchar los silbidos de los reclusos, de la mano con una retahíla de ofertas sexuales y comentarios subidos de tono sobre mi culo.
—Ignóralos —comentó el oficial en un tono cansino—. No ven mujeres a menudo.
Respondí con un leve movimiento de la cabeza.
Doblamos una vez más.
El hombre se detuvo frente a una puerta de acero enmarcada en las esquinas con gruesos tornillos y una pequeña ventanilla con barrotes detrás de lo que parecía un grueso cristal. Al frente, otro oficial aguardaba, con las manos juntas detrás de su espalda y el mentón en alto. Entre ellos hubo un inexpresivo intercambio de miradas y entonces el segundo se hizo a un lado mientras el que me había guiado hasta allí abría la puerta. El chirrido de metal contra metal pareció eterno mientras él tiraba del portón.
Divisé la pequeña habitación, las luces tenues y el chico cabizbajo esposado con las manos juntas sobre la mesa.
El oficial se apartó del umbral para dejarme entrar.
—Justo como el alcalde pidió. No cámaras y no micrófonos. Estaré aquí, por si me necesita.
Cerró la puerta.
—He estado esperando este momento, Silver González.
Ocupé el lugar vacío frente a Nelson Martínez.
Él levantó la cabeza.
Los mechones de cabello rubio, ahora sucio y opaco, le cubrían el rostro, oscureciendo la fría mirada en sus ojos azules enrojecidos y rodeados por rasguños y moretones. Tenía la nariz rota, al igual que los labios y sus nudillos estaban cubiertos de sangre seca.
—Sabía que no me abandonarías. —Ironizó, una sonrisa tétrica curvó sus magullados labios.
Rodé los ojos.
—No seas ridículo, Nelson.
Él soltó un bufido.
—¿Te envió tu padre?
Me quedó claro que había escuchado al oficial.
—La verdad no. —Me incliné hacia delante, apoyé los codos en la superficie de metal de la mesa y dejé las manos bajo mi barbilla—. Beneficios de trabajar para él por tanto tiempo. Ya hasta puedo falsificar su firma.
Nelson se removió inquieto en la silla.
—¿A qué viniste? ¿A regodearte en mi cara de cómo me la jugaste?
—No sé de qué hablas, querido.
Él chasqueó la lengua.
—No juegues conmigo, demonio. Sabes perfectamente de qué hablo. Me jodiste la puta vida.
—¿En serio? —cuestioné, petulante y me eché hacia atrás.
—Yo no maté a nadie, Silver. Tú lo sabes bien. De lo único que peco es de ser un auténtico hijo de puta, pero no un asesino. Jamás sería capaz de matar a alguien. Mucho menos a mi propia hermana o a los amigos con los que crecí.
Conforme hablaba su tono iba tomando un enfado que él contenía a duras penas. Masticaba las palabras, quizás controlando el volumen de su voz. La mandibula rígida, los ojos bien abiertos fijos en mí, las manos temblorosas cerradas en puños apretados sobre la mesa.
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P de PERDEDOR
Mystery / Thriller[COMPLETA] Todo comenzó el primer día de clases. Llegaste a Villa Padua después que a tu madre le ofrecieran una generosa oportunidad de trabajo. Tuviste que dejar tu vida, tu casa y tus amigos, y mudarte al otro lado del país. No querías, claro que...
