INTERLUDIO ~S&L~

2.5K 182 39
                                        

Maratón 3/4

SILVER
Madrugada del
domingo, 9 de enero de 2022

El temblor en sus manos se convirtió en un agarre firme en mis caderas.

Admiré el rubor en sus mejillas, la respiración entrecortada, la forma en que sus ojos se cerraban cuando mis labios bajaban por su cuello. Mi lengua dejó un camino húmedo hasta su clavícula y percibí la dureza de su cuerpo, presionando mi muslo.

Recorrí con mis labios su cuello, su pecho, su abdomen. Besos húmedos que tracé por todo su cuerpo hasta llegar a la tibieza que palpitaba en su entrepierna.

Me detuve, disfrutando de la forma en que me miraba. Tenía el cabello revuelto, cayéndole en punta sobre la frente, el pecho agitado y los labios entreabiertos. El rubor ardía en sus mejillas.

Intentó hablar.

El vibrar de su voz reverberó un segundo, más sus palabras quedaron ahogadas cuando acerqué mis labios a su erección.

Su reacción fue tan pura como salvaje.

Logan arqueó la espalda contra las sábanas. Un gemido quebrado escapó de su garganta.

—Silver... —gimió con la voz rota.

El roce de mi lengua contra su piel cálida, palpitante bajo mis manos que lo sostenía con firmeza.

Lo hundí en mi boca por completo y percibí el temblor que recorrió sus piernas. Alcancé una de sus manos y la llevé a mi cabeza. Sus dedos se enredaron en mis cabellos y lo sentí ponerse rígido mientras yo me movía a un ritmo muy lento. La suavidad con la que me sostenía me demandaba una dulzura desconocida.

Apenas unos instantes de ese vaivén desesperado, y sentí su cuerpo estremecerse. Liberó mi pelo y jadeó mi nombre como si me advirtiera que estaba a punto de romperse en mi boca.

—Silver... —intentó decir.

Apresuré el ritmo. Lo sostuve con las manos y tracé círculos con mi lengua sobre la punta.

Logan se corrió con un gemido ronco y dejó caer la cabeza en el colchón, exhausto. El sudor perlaba su frente, su pecho subía y bajaba con violencia, y sus manos cerradas tiraban de las sábanas.

Él abrió los ojos. El avance de una sonrisa iluminó su rostro. Me limpié la barbilla con el dorso de la mano.

—Lo siento —dijo en un hilo de voz y se sentó en la cama—, he hecho un desastre.

—No te disculpes, por favor.

Mis palabras me sorprendieron. La calidez del rubor subió a mis mejillas y me sentí vulnerable. Sin ánimos para procesar el revoltijo que se volvió mi mente. Cerré la distancia que nos separaba, me moví a gatas hasta quedar sobre él, que se dejó caer, exhausto.

—Dios... —susurró, con una risita ahogada—. No... no pensé que...

Se llevó una mano al rostro, como si necesitara esconderse de mí.

—¿Qué? —murmuré, apartándole la mano con suavidad.

—No pensé que sentiría... tanto —confesó, el rubor subiéndole al cuello—. Que sería así. O que... —tragó saliva, los nervios afloraron en su voz—. O que sería contigo.

Se quedó mirándome un segundo más, como si quisiera decir algo y no supiera cómo o no pudiera encontrar las palabras correctas. Entonces, con un gesto impulsivo, tomó mi rostro entre sus manos y me besó. No quedó lugar para la timidez o la torpeza. Logan me besó con ardor, devoró mis labios, los reclamó como suyos.

P de PERDEDORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora