CAPÍTULO 64

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Actualización sorpresa, esta sí 🤭 Sé que el capítulo anterior dejó a muchos al borde de la locura, en especial a una que casi me mata (ella sabe que me refiero a ella) pero aquí estamos otra vez. Vamos a darle 💪 😎

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SOFÍA
Noche del domingo, 23 de enero de 2022

—¿No te gustaría ir a un lugar más privado? —preguntó él y su mano viajó a mi cintura.

Era consciente de que estaba sonrojada. Podía sentir mis mejillas arder y me estaba costando mantenerle la mirada. Algo en mí, nada romántico o sublime, se removió cuando apretó un poco mi piel.

Le di un corto sorbo a mi bebida.

—¿Qué recomiendas? —Tuve que gritar para que él me escuchara.

Lo recorrí con los ojos. Era un primor de chico. Alto, fornido y con el cabello negro despeinado cubriéndole la frente. Uno de esos universitarios deportistas con los que todas deseaban salir. No podía recordar su nombre. Quizás porque cuando lo dijo la música había subido y solo sonreí en respuesta, fingiendo que lo había escuchado pues no quería ser descortés.

El muchacho se echó a reír y se acercó a mi oreja.

—¿Vives por aquí cerca?

El roce de sus labios en mi piel y se me ablandaron las piernas.

—S-Sí. —La voz me salió entrecortada.

—¿Eres una chica buena, Sofía? —ronroneó y una oleada de calor me invadió el cuerpo.

—Eso depende. ¿Te gustan las chicas buenas?

Él llevó una mano a mi cuello y me acercó a él de un tirón. Presionó su torso contra el mío. Se me escapó un jadeó.

—Me gusta corromper a las chicas buenas.

De pronto, las pocas neuronas en mi cerebro que no estaban emputadas ni ovulando hicieron contacto y me despegué de él con rapidez. Casi me caigo de culo. El muchacho arrugó el entrecejo e intentó sostenerme, pero le propiné un manotazo.

—Nunca te dije mi nombre —vociferé pues la música estaba altísima—. ¿Cómo mierda sabes tú cómo me llamo?

El semblante le cambió.

—Lo dijiste.

—No.

Me dispuse a largarme de allí y buscar a Silver. Algo andaba mal. Él atrapó mi mano cuando pasé por su lado.

—No me toques —chillé y le propiné otro manotazo.

Eché a andar rumbo a los baños. Con el corazón en la boca y las manos temblorosas, me las arreglé para evitar a la eufórica multitud.

Justo entonces vi a Ernesto Correoso sacar a Olivia por una de las salidas que conducían al estacionamiento. La llevaba a rastras y ella parecía estar llorando. Aguardé unos segundos antes de seguirlos. Frente a mí se abría un largo pasillo tras la puerta.

La música fue volviéndose tenue conforme me acercaba al otro extremo. Caminé con cautela. No quería llamar la atención.

El portón de metal estaba entreabierto y me apeé a la pared al escuchar voces.

P de PERDEDORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora