EXTRA#1

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HUGO

—¿Podrías sentarte de una buena vez? —preguntó Yong con los ojos fijos en Logan, que caminaba con inquietud de un lugar al otro—. Hombre, pon el huevo. Que parece que el que se va a casar eres tú.

—Yong, ¿por qué no te callas y te vas a la mierda? —contestó Logan sin titubear.

Yong enarcó las cejas, sin poder ocultar la diversión en su semblante. En principio, llegué a pensar que nunca terminarían llevándose bien. Con el paso de los días —más bien meses— la aversión que mi hermano sentía hacia mi amigo se fue convirtiendo en algo casi cercano a una amistad. Una que se reflejaba en la forma mordaz en la que ambos disfrutaban lanzándose dardos de sarcasmo mientras pretendían que aún se detestaban. Por supuesto, Yong se la pasaba muy bien tentando la paciencia de Logan y este, a su vez, aprendió a contraatacar con el mismo descaro.

A pesar de todo, éramos una familia.

—No puedo —contestó Yong, poniéndose de pie—. Con la cantidad de gente que he mandado a la mierda, si me aparezco por ahí me descuartizan vivo.

—No se te pude agarrar ni odio. —Logan ladeó una corta sonrisa y le dedicó una mirada de hastío.

Los miré de soslayo. Mi hermano señaló con la cabeza el sofá.

—Anda, siéntate, que ya me estás poniendo nervioso a mí. —Me miró y una mueca de desagrado apareció en su rostro—. Hugo, tienes la camisa al revés.

—¿Qué? —pregunté y me miré al espejo—. Ay, mierda.

—¡Y el nudo ese! —exclamó, tirando de mi corbata; lo cual provocó que la tela se ciñera a mi cuello, cosa que pareció deleitarlo, teniendo en cuenta la mirada que me echó. El repaso no me pasó desapercibido, mucho menos el brillo en sus ojos negros cuando me agarró por el cuello de la camisa y desanudó la corbata—. Madre mía. Hugo, quítate eso.

—Madre del amor hermoso —exclamó Logan—. Aquí no se estén desnudando —protestó y volteó la cabeza, llevándose una mano a la cara.

—¡Cómo te las das de puritano, Núñez! —emitió Yong, con socarronería—. Con esa cara que traes de monaguillo que no rompe un plato y las cosas perversas que te gusta hacer.

—Cuando no te calles, te vas a comer el zapato.

—Yo solo digo. —Mi hermano encogió los hombros y me sacó la corbata para luego desabotonar mi camisa—. Hugo, que mierda te hiciste —dijo entonces, refiriéndose a los botones mal puestos.

—Me estoy cagando —confesé, en serio que las tripas se me estaban retorciendo por los nervios.

Logan emitió una sueva risita.

Alguien llamó a la puerta del reservado.

—Ya atiendo yo —anunció Logan.

Yong detuvo los dedos a la altura de mi abdomen, aún sujetando la camisa. Me observó, y sonrió.

—¿Qué pasa? —pregunté en un susurro.

—Que eres malditamente hermoso.

Comencé a toser. Él sacudió la cabeza, apretando los labios en un intento por contener la diversión.

Seguía sin saber cómo reaccionar a muchas de las cosas que lo involucraban. De hecho, seguía sin saber cómo llamar el revoltijo en mi pecho. A lo único que atiné fue a sonrojarme. Lo cual ya se había vuelto costumbre. Él subió la mano hasta mi cuello y la dejó ahí mientras me miraba con intensidad.

—Aún me cuesta creer que estemos todos juntos.

Tomé aire.

—Lo sé.

P de PERDEDORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora