Una época de fantasía donde el mundo es regido por reinos, entre ellos Goa, un prospero sitio liderado por Yagi Toshinori, el cual recientemente ha caído enfermo en cama. Uno de sus servidores que en este caso es el mensajero entre reinos es Izuku M...
Izuku observó desde su asiento sin siquiera parpadear, únicamente se vio como su cuello hizo aquel movimiento de tragar intenso; habían sido reveladas muchas cosas para él, incluso se familiarizó con varias de ellas, ahora entendía porque el rubio era así, las pocas costumbres que arraigaron en el clan que eran de los humanos, incluso el dote de lectura, ya comprendía todo.
Lo más sorpresivo a su persona era saber que, el mismísimo rey de Erbarn, refiriéndose a Aizawa Shouta fue aquel que logró dominar esa pequeña e insolente bestia. No era de subestimar en absoluto ese hombre que logró sobreextender nuevamente su reino en ruina a uno próspero y con economía estable.
Comprendía la escena que vio al llegar a la zona, la forma en que el lobo lograba expresarse libremente era con sus ancestros, cuando no tenía idea firme de cómo seguir con su mandato siendo el líder, acudía a esa zona que todos conocían para desahogarse; estaba aliviado que lo haya agregado a ese listado para poder expresarse, indicaba que se había ganado su confianza.
El chico apretó con sus manos en ambas rodillas para por fin formular esa pregunta que le estaba molestando desde el inicio de la historia.
—Kacchan...¿Tú no lo has vuelto a ver?
Bakugou en brazos cruzados dirigió su mirada hacia otro lugar que no fuera su compañero, resopló resignado.
—En absoluto, ni siquiera tengo idea de que ese sujeto siga vivo —respondió sin darle importancia al tema. —Y no me importa a estas alturas.
Estaba convencido Midoriya que hablaba a medias, por esa reacción tan grotesca en su rostro al responderle, como si le enfadara ese hecho de no saber si Aizawa habría hecho su cometido, como Bakugou lo logró al reunir de nuevo el clan.
Si sólo le dijera que ahora era aquella señoría que estaba dando el pésame en Goa por la muerte de Yagi. ¿Cómo reaccionaría?
—Kacchan... ¿Qué harías si te dijera que él...? —Fue interrumpido.
—¿No lo oíste? Eso ya no importa —respondió mientras se levantaba de su asiento —fue hace mucho, además quizá se reiría por haber roto mi palabra —dijo con inquietud eso último — Vámonos.
El de ojos verdosos ajustó las mangas de su camisa dando un ligero suspiro, se cercioraba que Katsuki era un terco en sus palabras; aunque, se alegraba de que hubiera roto ese juramento, por ello él seguía con vida y Ochako también. Para ser alguien firme, tuvo su momento donde eso llegó al límite en el momento más indicado.
Definitivamente no estaba arrepentido de haberle salvado la vida.
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En los terrenos de Goa, en uno de los pueblos de las orillas, específicamente donde era la casa de los hermanos Todoroki, el joven semialbino se preparaba para partir de una vez del lugar, despidiéndose de su hermana. Ella con una mirada melancólica le esperaba verle ir.
—Deberías quedarte un poco más —comentó la chica de cabellera pálida con mechones escarlatas —luego de lo ocurrido con el rey, puede que esté más peligroso los caminos. Hay muchos asaltantes en situaciones así.