Déjà vu

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En aquel castillo con ciertas recámaras colapsadas sucumbiendo en hielo y nieve se resguardaba gran parte de la tribu de dragones que divergían sobre ese reino en ruinas.

Bakugou, Midoriya e Ibara decidieron volver, al igual que dar noticias sobre ellos tras haber desaparecido esa mañana sin decir a nadie de su paradero.

De momento el plan era ir a Gaia, el sitio donde se encontraba gente importante del continente además de una porción de lobos que el líder había ordenado vigilar la zona.

Debían ser cautelosos con cualquier contacto hacia otras personas debido a la peligrosa habilidad que vieron en Hawks, el controlar física y mentalmente a alguien era algo distintivo para una emboscada fácil o recabar información, motivo por el cual era prioritario que estuviesen juntos aquellos que sabían de eso.

Lo primero era ver el estado de uno de los suyos, refiriéndose al heterocromatico que había sido el más afectado por todo lo trascurrido.

La zona supuestamente ya era segura, decidieron llevar por fin hacia aquel lugar también al pequeño Toshinori, el cual yacía envuelto en mantas cálidas en el regazo de Izuku, éste no apartaba su mirada de él muy curioso.

—¿Ocurre algo? —cuestionó Shiozaki rompiendo el silencio de ese trayecto.

—Siento que pesa más que la última vez que lo cargué y...

—Ah, ¿te diste cuenta? Está creciendo muy rápido, más de lo habitual a un ser promedio —interrumpió la chica, puesto que ella había estado todo el tiempo cuidando del pequeño pudo notarlo. —Aproximadamente cada medianoche es cuando crece.

Bakugou quien iba a la delantera sólo dignó a girar de reojo a observar como ambos le prestaban atención al bebé, lo que llegaba a preguntarse, ¿realmente eso salió de la energía que ellos y su gente cedieron a las druidas?

—Menos mal —dijo Bakugou llamándoles la atención —entre más rápido se desarrolle más fácil será el no soportarlo.

—Ohh... pero que cacique eres —resopló Ibara sin sorpresa por ese comentario predecible. —Tan solo imagínalo un poco más grande, será un niño encantador.

—Ese es el problema maldita bruja, no soporto las insolencias lo que va de la mano a que no tolero a los niños.

Midoriya alzó una ceja interesado a lo escuchado, indirectamente le decía el lobo que se deshiciera de él lo más pronto posible. Rodó sus ojos con un profundo suspiro.

—Qué curioso que lo digas, me pregunto si el rey Aizawa pensaba lo mismo, ¿deberíamos preguntarle cuando lo veamos de nuevo? Después de todo debe de estar en Gaia.

Ante aquello la princesa fue esta vez la que espectó confundida por eso.

—¿Qué tiene que ver el rey de Erbarn?

Los hombros de Katsuki encogieron a ello. Nadie, absolutamente nadie del clan lo sabía, su pasado siendo criado por Aizawa Shouta era algo que únicamente le había confesado a Izuku, el cual estaba usando eso como un tolerante que emanara empatía en el lobo.

El rubio mordió su labio inferior incómodo.

—No tiene nada que ver —carraspeó, Izuku sonrió en grande satisfecho por lograr su objetivo.

Llegaron a la zona del castillo donde originalmente los lobos habían tenido su recuperación, a un par de metros de esa gran puerta doble el lobo de cabello azabache salió exaltado a pasos agigantados, casi cayendo encima de ellos de no ser porque Katsuki se adelantó con un grácil movimiento intervino para que éste cayera antes por haberle obstruido el camino con su pie.

Clan de Lobos [BkDk]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora