Convicciones inquebrantables

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La chica miraba con terror lo acontecido, con su respiración paralizada, descartando la amenaza que tenía ante el cazador, nunca había visto a un lobo en sí, tan grande y peligroso en figura misma gruñendo sin cesar hacia su dirección.

Sentía que cualquier movimiento incauto daría un ataque de aquel animal, su rostro se puso pálido tras notar una singular marca rojiza sobre el ojo izquierdo.

Dabi relamió sus labios flexionando sus rodillas para estar hincado y así poder corresponder a cualquier ataque.

—No puedo creer que estuviste frente a mis narices y te dejé pasar —mencionó eso en forma provocativa, proporcionando que diera unos pasos hacia él la bestia erguida y amenazadora —hey, yo no haría eso... —remarcó apuntando con su escopeta hacia el rostro de Fuyumi, deteniendo el andar del can —mucho mejor.

La mujer contempló como el lobo había obedecido la orden, como si interpretase lo que le comunicaba el cazador teniéndola como rehén. Estaba sumamente confundida, apoyó sus codos al suelo para elevar la mitad de su cuerpo.

—¡No te muevas! —Reiteró Dabi entallando el punto de mira en la frente de Fuyumi.

Aunque parecía que tuviera la situación bajo control, él mismo se denotaba angustiado internamente, no había venido preparado como hubiera esperado, pero de alguna forma se las ingeniaría, después de todo era un cazador dotado y ameno a su oficio, obteniendo lo que quiere siempre.

Miraba con profundidad a quien más le alarmaba, aquel lobo níveo con una porción escarlata desde su oreja izquierda medio lomo que no le quitaba esa mirada acechante a su persona, cualquier movimiento en falso sería fatídico. Siempre había estado con planes de embocadas y ataques desprevenidos, esas situaciones las enfrentaba en extrañas situaciones.

Sus ojos redirigieron con cautela alrededor, asegurándose que se encontraban solos, sin nadie más que les llegara a interrumpir ese emocionante escenario que había armado.

El azabache exhaló el aire desde su boca como si de un suspiro se tratase, como una tranquilidad que había meditado en pocos segundos para mantener su posición que había ganado en esos momentos de ser quien moldeaba y dirigía los hilos.

Se levantó plenamente de la chica, inquietando los siguientes movimientos cuidadosos a Shouto, tomó a Fuyumi directamente del cabello para arrastrarla con gran fuerza hacía el río sin dejar de apuntar hacia su cabeza con el arma. Observó de reojo la reacción de la bestia molesta, lo cual lo conllevó a dibujar una sonrisa ladina en su rostro satisfecho de ver la predecible situación.

Dejó a Fuyumi frente al reflejo del agua cristalina que corría bajo su rostro, Dabi observó desde el rabillo del ojo al lobo con una insinuación retante al levantar el mentón, en seguida movió con destreza su arma para cambiar la posición entre brazos y golpear en la frente con la carrillera de la escopeta a la hermana haciéndola caer al agua, nuevamente movió en cortos segundos el arma para posicionarla en guardia, rompió la tensión superficial del agua con un sonoro disparo de pólvora que alertó a las aves que estaban resguardadas en los árboles alrededor.

Todo fue muy rápido para hacerle reaccionar con anticipo.

La bestia observó como el agua se teñía de rojo carmesí con un cuerpo inmóvil siendo poco a poco arrastrado en la orilla del río.

Corrió hacia el agua en busca de recoger a la mujer, ignorando a Dabi por breves momentos que miraba con aburrimiento el escenario en el rio, no duró mucho, puesto que sus ojos se abrieron plenamente con una sonrisa deslumbrante de emoción al ver que del agua salía el chico de cabellos bicolor con la chica en brazos.

—Ya lo sabía, ¿Cómo podría equivocarme? —Decretó con una risa lúgubre y genuina. —Desde que te vi me habías dado mal espina, así que sí eras un lobo.

Clan de Lobos [BkDk]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora