Capítulo 3

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 -¿Tan rápido te rindes?

Verónica no pudo evitar pegar un grito ahogado y girarse de un salto. Unos ojos grises y una sonrisa sincera que mostraba todos sus perfectos dientes bastaron para llenarla de energía. Verónica corrió hacia él. 

Aquello no podía ser un sueño. 

Debía de ser real. 

Se perdió en su pecho con fuerza y él la abrazó el tiempo que la llenaba de alegría. 

Estaba ahí. 

Era real. 

Sintió como las manos de él la apretaban aún más contra su cuerpo y como todo su ser respondía ante aquellos dedos. Ante aquella piel. Ante él. Se separó de su pecho para mirarlo, buscando sus labios. David no le dio tiempo a buscar demasiado, ya que acarició sus labios con los suyos. Joder. Cuanto había extrañado aquellos labios. Cuanto la había extrañado. No había habido ni un solo segundo en que Verónica no hubiese estado en sus pensamientos. Cuando pasó por aquel lugar, la sintió dentro de aquel cuarto de baño, sabía que estaba allí. No sabía como, pero lo sabía. Era como si algo los impulsase a estar juntos, y como si ni ellos mismos pudiesen detener ese sentimiento.

-Nunca voy a rendirme si se trata de ti.-le dijo ella, emocionada.

-Te juro que yo tampoco.-y volvió a besar sus labios como si los necesitase.

David la agarró con fuerza y tiró de ella hacia el cuarto de baño. Verónica se dejó llevar y cerró la puerta de una patada cuando estuvieron dentro. David la colocó sobre la pared y ella lo rodeó con sus piernas. Lo sentía por todas partes. No sabía donde terminaba ella y donde empezaba él. David le acariciaba todo el cuerpo con maestría, y la besaba una y otra vez haciéndola perder el control.

-No te imaginas cuanto te he echado de menos. Ni cuantas veces he tratado de verte. Maldita sea.- y volvió a besarla y a oler su aroma a melocotón.- He reprimido demasiado las ganas de matar a uno de los policías que tu padre ha colocado en tu nueva casa. Habría sido tan fácil hacerlo...He reprimido las ganas de todo. Me he reprimido tanto que ya no aguantaba más las ganas de estar contigo. Es insoportable no verte, ojos azules.

Verónica se estremeció mientras sentía como su aliento acariciaba su cuello y como todo su ser se encendía.

-Tendrías que haberlo hecho. Tendrías que haber acabado con todo y así podríamos estar juntos.-dijo dejándose llevar por el amor que a ambos los invadía.-

David la obligó a mirarla de esa forma tan suya, agarrándole la cara con una mezcla entre el cuidado y la fiereza, como tantas otras veces había hecho.

-Vamos a estar juntos mi amor, pero no voy a hacerle daño a personas que quieres para ello. Vamos a encontrar la forma. Te lo prometo.

Ella se entregó a esas palabras antes de sentir de nuevo sus labios buscando los suyos y mordiéndolos con suavidad. Dos semanas sin verse. Dos. Semanas. Sin. Saber. Nada. El. Uno. Del. Otro.

-Mi padre quiere matarte.

Sintió su sonrisa casi dentro de su propia boca.

-Entonces dejemos que se sume a la gran lista de personas que quieren hacerlo y no pueden.-le sonrió, tan jactancioso que logró que ella riese.

Su seguridad era una de las cosas que mas había extrañado.

Los rayos del sol entraron de nuevo por el cristal del lavabo, como si el cielo se estuviese abriendo, alegre de que ellos dos volviesen a estar juntos de nuevo.

-Quiero ser tuya, David Ferraro. En todos y cada uno de los sentidos.

Verónica comprobó como David gimió suavemente de placer ante aquellas palabras, y como su respiración se aceleró.

-No te haces ni una idea de cuanto te deseo.

Ella levantó el cuello mientras él le besaba el mentón, y luego buscó su oreja para besarla y jugar con su lengua, buscando el lunar del cuello de él. Ese lunar que se pasaría horas y horas besando.

-Lo se -le dijo ella, sintiéndose sumamente poderosa.

No sabía que se suponía que tenía que decir. Por su parte, la sonrisa de David se hizo mas grande.

-Tampoco te imaginas todo lo que quiero hacerte.

Y esa frase hizo que el mundo entero temblase. Verónica jadeó cuando sintió como una de sus manos buscaba su pecho. Ella agarró con fuerza su cabello medio ensortijado con una mano y chocó con mas fuerza sus labios contra los de él. Tibios y perfectos. Pasó su otra mano por su esbelta y perfecta espalda y sintió como él se estremecía ante aquel gesto.

-Joder Verónica. Joder. No puedo aguantar más las ganas que tengo de hacerte el amor.

Ella asimiló sus palabras y apretó mas sus piernas contra su cuerpo. David comenzó a desabrocharle ese odioso uniforme y ella le quitó la camiseta. Sus perfectos abdominales quedaron a la vista acabando en una forma de uve en sus caderas que la volvió loca. David le quitó la corbata y agarró sus dos manos, haciendo que estas quedasen contra la puerta. Verónica no pudo evitar gemir fuertemente cuando vio como comenzaba a quitarle los botones con la boca. Lo vio quitárselos uno a uno, con devoción y como si se estuviese convirtiendo en una fiera poco a poco. Su mirada se encontró con la suya, apresándola y haciendo que todo en ella comenzase a arder. Incluso a quemar. Como si el tacto con su piel ardiese tanto que necesitaba de él. David le soltó las manos y colocó una mano en su cuello y la otra en su espalda, quitándole del todo la odiosa camisa. Verónica le intentó quitar el cinturón, pero no pudo y fue David quien la ayudó, cogiendo su mano con dulzura y sonriéndole. David respiró de ella, muy cerca, casi tanto que los separaban menos de un milímetro. Vio la mirada de inseguridad de ella cuando él le desabrochó el sujetador y trató de cubrirse.

-Eres perfecta.-le dijo él en el oído, relajándola y calmando sus miedos.-Te quiero ojos azules y quiero poder hacerte esto todos los días de mi vida.

La quería. ¡Le había dicho que la quería!


¿Os ha gustado? Gracias por leerme. Besos. De nuevo, a mis lectoras de siempre, aquí también he borrado mucho contenido. No quiero incumplir la política de wattpad y que me borren la historia por incluir excenas de sexo así que las estoy acortando muchísimo. 

Instagram: itssarahmey

CIUDAD DE BARRO© |TERMINADA| (2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora