Capítulo 29

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Cuando el timbre sonó Verónica ya estaba lista. Se había puesto unos vaqueros ajustados y una camisa en color crema a juego con unas botas marrones que combinaban con un bolso estilo boho y desenfadado. Se había dejado el cabello suelto y lacio y se había colocado un gorro y una bufanda.

-Coge el abrigo.-dijo su madre.

-Sí mamá.-asintió ella mientras sentía como su padre se levantaba para ir a abrir la puerta con ella y asegurarse de que era Rubén quien estaba al otro lado-.

Verónica puso los ojos en blanco y abrió la puerta. Rubén la saludó con una caja de bombones y una sonrisa. Era tan alto que hasta Pedro tuvo que mirar hacia arriba, y esta vez, al contrario que la primera vez que se vieron, se quedó esperando que Verónica y él se alejasen y saliesen del piso.

-En casa en dos horas y media-casi gritó al darse cuenta de que no le había repetido las suficientes veces a que hora debería de estar de vuelta.

-Tranquilo, señor, la tendrá de vuelta a esa hora.-le contestó Rubén, agarrando la mano de Verónica y sintiendo miles de calambres al hacerlo.

Verónica dejó que su mano ocupase el hueco de sus dedos hasta salir del piso. Allí se separó de él y lo observó. Se había puesto una camisa oscura y llevaba un pantalón vaquero con unas deportivas. Llevaba una chaqueta negra que le daba un estilo algo mas elegante, y tenía el pelo muy peinado. Sus gafas estaban sobre sus ojos, azules que la miraban con algo de timidez aún en ellos.

-Gracias por venir a recogerme.-le dijo Verónica-.

-No hay de qué, tengo el coche aparcado allí.-respondió señalando un Fiat fiesta en color rojo.-

Verónica profirió un grito ahogado y miró a Rubén mientras él le dirigía una sonrisa socarrona.

-¿Cómo puedes tener coche? ¿Tienes carnet? ¡No se puede tener carnet hasta los dieciocho!

Rubén mantuvo la sonrisa en su rostro y se encogió de hombros. Avanzó tomando de nuevo la mano de Verónica y casi empujándola para que lo siguiese.

-Ese será nuestro secreto.-le dijo divertido-.

Nada quedaba ya del chico tímido. Verónica lo observó con recelo y no le dio importancia al hecho de que él cogiese su mano para guiarla hasta el coche. Sentía como le apretaba la mano con fuerza, y por unos instantes, pensó en que era la mano de David la que sostenía, aunque él la agarraba con mucha mas suavidad que Rubén, como si la respetase hasta tal punto que no se atreviese ni a agarrarla con fuerza.

-No.-negó Verónica soltando su mano.- No, no pienso montarme en un coche contigo si no tienes carnet.

Rubén arrugó la frente y se bajó de la acera, desilusionado. Había pensado que montarse en un coche con él le haría ilusión a Verónica y al comprobar que no era así no podía evitar sentirse decepcionado. Suspiró fuertemente, hinchando su pecho al hacerlo.

-Está bien, iremos andando. El cine tan solo está a unos quince minutos.

Verónica asintió sintiendo como Rubén estaba algo molestado, pero ni en sueños se montaría en un coche con alguien que sabía que no tenía carnet. Durante una fracción de segundo se preguntó si David tenía permiso de conducir. Jamás se lo había preguntado, pero supuso que sí.

La chica observó a Rubén mientras avanzaban por las calles. Estaba centrado en avanzar y no le daba tema de conversación. Verónica estaba haciendo un cálculo mental de dónde estaba exactamente el cine. Recordaba haberlo visto a una media hora de su casa, y se preguntaba como rayos iba a hacer Rubén para llegar andando en quince minutos. No tardó a penas unos minutos en comprobarlo, cuando una gota de sudor le corrió por la frente, y eso que se encontraba en buena forma física. Le costaba algo de trabajo seguir el ritmo del chico, quien al ser tan alto e ir mas deprisa que de costumbre daba pasos que a Verónica le parecían gigantes. Aún así, Verónica trató de entablar conversación con él.

-¿Que tal ha ido tu día?

Él le sonrió y redujo el ritmo al fijarse en que tenía la cara brillosa.

-Muy bien, por la mañana fui al gimnasio, me duche, recogí un poco la casa y nada mas. ¿Y el tuyo?

Verónica se percató de que Rubén había dudado al preguntar, y por un momento le recordó al chico tímido que ella conocía. Sabía que Rubén estaba trabajando su autoestima con mucho esfuerzo y se alegraba por ello, pero había dado un cambio tan radical que le costaba un poco sentirse cómoda con él. Tal vez por eso le gustó tanto darse cuenta de que el chico tímido que se escondía tras unas gafas seguía ahí en alguna parte del que intentaba conocerse a si mismo y ser fuerte.

-Pues... dormir, estudiar y nada mas.-contestó siguiendo el mismo esquema al hablar que el que Rubén había usado.

Ambos se sonrieron y Verónica se tocó la bufanda y sintió su fino tacto a la par que seguía hablando. Era la misma bufanda gris oscura que llevó el día que conoció a David, cuando entró en el instituto. Se la había puesto aunque no le pegase con la camisa en color crema porque aquella bufanda le recordaba al chico de fuego, a cuando le tendió la mano en aquel descampado de arena y lo hacía tenerlo aún más presente.

-Eva y Paloma nos esperan en el cine, ¿verdad?-preguntó convencida de que Rubén había quedado con sus amigas allí.-

El chico apretó un poco la mandíbula y asintió con la cabeza.

-Sí, allí las veremos.-le sonrió con una sonrisa gatuna.- No te preocupes.

La chica asintió con la cabeza al tiempo que aceleraba aún mas sus pasos para seguir a Rubén, a quien parecía preocuparle llegar tarde al cine. Por su parte, Verónica estaba ansiosa por ver a Eva y poder escaparse con ella al cuarto de baño. Tenía tantísimas cosas que contarle, desde que David trabajaba para una especie de mafia hasta que habían intentado matar a su padre y que por eso se habían mudado, pasando por la noticia de que por fin lo había hecho con David y que se había convertido en su profesor particular de defensa personal. Le gustaba pensar en él así, su profesor de defensa personal o de boxeo o lo que quiera que fuese lo que hicieron la noche anterior. Le parecía terriblemente atrayente imaginárselo así.

-¿Verónica?-la llamó Rubén, haciéndola salir de sus pensamientos.-

-Sí, dime.-respondió parpadeando dos veces, centrándose en la realidad.

-Nada, vamos.-le sonrió él.

Ahí estaba de nuevo, la dulzura de ella que tanto cariño inspiraba en Rubén. El chico se le quedó mirando unos instantes, anonadado por lo dulce que era la chica y por el modo de comportarse que tenía siempre. No era lo que decía, era cómo lo decía, como se movía, como actuaba, como pensaba. Todo eso era un cúmulo de cosas que a Rubén le gustaban de ella, y eso sumado a que ella fue la única que siempre lo había tratado bien lo hacían sentir demasiada debilidad por ella. Tanta que le había dado miedo decirle que no había quedado con sus amigas en el cine. Que en esta ocasión, eran ellos dos. Solos. Y nadie mas. 

¿Os gustó? Un abrazo grande y gracias por leer. En cuanto que pueda sigo actualizando. Besos!!

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CIUDAD DE BARRO© |TERMINADA| (2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora