Capítulo 56

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-¿Qué puede ser mejor que ese restaurante con esa chimenea tan bonita para nosotros dos solos mientras bailamos?

David se sintió un completo loco por unos segundos. Había pasado gran parte de esa tarde planificando todos los momentos que quería regalarle aquella noche. ¿Cuando se había vuelto un cursi? Hacer eso con una mujer era algo así como pedirle matrimonio. Él no estaba acostumbrado a pensar tanto en nadie ni mucho menos a hacer tantas cosas por esa otra persona, pero cuando se trataba de Verónica, era como si no le costase nada de trabajo. Al revés, se descubría a si mismo disfrutando como un completo imbécil enamorado al imaginarse la cara de ilusión que ella pondría. Tal vez en eso consistiese el amor, en ilusionarse con la cara de ilusión que podía poner la otra persona. El chico se pasó una mano por el cabello mientras giraba por una calle, haciendo que el coche se deslizase suavemente mientras cambiaba de marcha. Sentía la presencia de Verónica como un cúmulo de emociones sentada a su lado, y se descubrió a si mismo totalmente perdido ante ella. Como si no necesitase absolutamente nada mas que su mano cuando se posó sobre la palanca de cambio e hizo contacto con la suya que se encontraba ahí.

Ambos intercambiaron una mirada y de pronto ella rió con suavidad.

-¿Se puede saber de que te ríes?

Ella negó con la cabeza. No pensaba decírselo. David la miró intrigado y queriéndose meter dentro de su cabeza.

-¿De verdad que no vas a contármelo? ¿Vas a quedarte toda la diversión para ti sola?- gruñó con un destello de diversión en su voz.

Ella se miró las uñas distraída y lo ignoró con una sonrisa. David dio aquellos pensamientos como causa perdida hasta que al cabo de unos segundos ella le respondió.

-Es solo que no puedo quitarme de la cabeza la cara de esos dos camareros cuando entraron y nos vieron en esa posición tan comprometida. No estoy acostumbrada a ese tipo de cosas.

David le dedicó una media sonrisa.

-Les hemos dado un buen tema de conversación. Estoy seguro de que ese tipo de cosas no les han ocurrido nunca.

Habló con su típica seguridad y con una muestra de despreocupación que hizo que Verónica dirigiese la cabeza al frente.

-Me encantaría tener anécdotas como esa cuando comience a trabajar.

David apretó los labios y por su expresión corporal Verónica se dio cuenta de que no le gustaba algo de lo que había dicho. Aún así, el chico no hizo ningún comentario al respecto, pero Verónica, no pudo evitar preguntar ya que ese cambio en él le había molestado.

-¿Qué he dicho que no te haya gustado?

David abrió los ojos y la miró, dejando de mirar la carretera unos segundos en línea recta. Verónica vio como estaba sorprendido.

-¿Acaso crees que puedes pedirme que no trabaje o algo así?-explotó ella.

CIUDAD DE BARRO© |TERMINADA| (2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora