Capítulo 47

1.2K 407 36
                                        


David encendió una luz y pasó a una habitación enorme que no tenía puertas, pero a diferencia de las demás salas de la estancia no había polvo en ella. Ni muebles rotos. Verónica se quedó mirando la habitación. Las paredes también estaban despintadas pero la pintura era mas reciente que en las demás habitaciones.

-Aquí he tenido que torturar a mas de una persona para obtener información.

Verónica se perdió en esos ojos grises. Había pesar en ellos, como si no se enorgulleciese de eso pero también como si se sintiese aliviado de poder contarlo.

-¿Por eso aún hay luz en esta casa a pesar de estar tan abandonada?

David la miró de nuevo, antojándosela hermosamente inteligente.

-Buena deducción, Verónica. Aunque hace ya tiempo que no hago nada de eso. Ahora la uso para otras cosas.

Y dicho eso, comenzó a abrir la mochila negra. La chica abrió la boca de par en par al verlo sacar su arma. No era la primera vez que la veía. Los recuerdos de la noche en la que entraron en su casa se apretujaron en su mente haciéndola sentir a punto de estallar. Verónica se calmó cuando vio la sonrisa que David tenía en los labios.

-¿Has visto lo que hay al final de la habitación?

La chica observó la pared. A diferencia de las otras tres paredes de la estancia esta estaba pintada en gris, y parecía ser mas gruesa que las demás. David le dio su arma a Verónica y la miró con las cejas elevadas. El chico se sintió sumamente extraño al hacerlo. Esa era su arma, es decir, era como su compañera de toda la vida. Esa pistola llevaba con él desde los catorce años y vaya, jamás se había separado de ella. Se sintió extraño al dársela a Verónica. Si fuese otra persona, jamás se la habría ni tan siquiera dejado ver. Su arma era suya. Una de las pocas cosas que de verdad le pertenecían, y era sumamente importante para él.

-No aprietes el gatillo en mi dirección...

Dejo caer esa frase con una sonrisa encantadora pero Verónica no la vio. Estaba ensimismada tocando el arma. Pesaba un poco más de lo que esperaba para un arma tan pequeña y estaba fría al tacto en sus manos cálidas.

Un ruido metálico y estridente la sacó de su observación. David había sacado una especie de placa que imitaba la forma y el tamaño de una persona humana. Había algún que otro agujero en el material totalmente en negro.

-¿Esto es...-comenzó a preguntar ella.

-Una diana.-respondió él sagaz.

Verónica se quedó anonadada mirando como el chico se acercaba con andares seguros. Cuando David llegó a su posición y tiró de ella hacia atrás su olor volvió a inundarla. Maldita atracción. Era como si flotase sana y a salvo en una tormenta de fuego cada vez que él la tocaba.

David cogió la pistola y atrapó la mano derecha de Verónica con su mano libre. Luego la alejó un poco más de la pared donde estaba la placa con forma humana.

-Solo tienes que quitar el seguro y apuntar.-le dijo apuntando y colocando la mano de Verónica en dirección a la diana mientras apretaba el gatillo con los dedos de Verónica debajo de los suyos.

El sonido del disparo la hizo sobresaltarse. David trató de reprimir una sonrisa para no molestarla. Era la primera vez que la chica disparaba y toda la sangre comenzó a fluirle de manera aún más rápida por su sistema sanguíneo, casi quemándola.

La bala había atravesado la frente de la placa humana en un disparo perfecto.

-Tu puntería es increíble.-le dijo ella sintiendo que él aún tenía sus dedos sobre los suyos.

CIUDAD DE BARRO© |TERMINADA| (2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora