Capítulo 32

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Cuando llegaron al cine Verónica se sintió aliviada. Había ido tratando de seguir el ritmo de Rubén, pero lo único que había logrado era darse cuenta de en la pésima forma física en la que se encontraba. Verónica buscó con la mirada para ver si estaban sus amigas. Recorrió con los ojos todos los recovecos visibles de la entrada al cine, incluyendo la zona donde se vendían las entradas, las palomitas y los refrescos. No era un cine muy grande, mas bien era parecido a uno de barrio. Había varias películas en grande anunciadas fuera del cine y no había muchas personas. Contó a unas seis sin tener en cuenta a los trabajadores.

Verónica se abrazó a si misma cuando sintió que una brisa muy fría la recorría. Era como si en aquel lugar hiciese aún más frío que en Neone. Notó como Rubén le pasaba un brazo por el hombro y le sonreía.

-Tal vez deberíamos de entrar y esperarlas en la sala de cine. Hace bastante frío aquí fuera. No quiero que te resfríes.

Era extraño. David tratando de desarticular una banda y ella en el cine con otro chico que no era él. Mentalmente su olor vino a ella, haciéndola temblar imperceptiblemente. Era como si estuviese haciendo algo mal al estar con Rubén. La fragancia masculina de Rubén le llegó de golpe. No era ni por asomo parecida a la de David, pero también olía bastante bien. Aunque esa fragancia no lo inundaba todo como hacía el olor natural que desprendían cada uno de los poros de ese chico de fuego. ¡Cuánto desearía que fuese David el que estuviese allí con ella! Tener una cita así con él sería algo así como que le tocase la lotería. Sus citas, si realmente podía llamarlas así, estaban envueltas en peligro y relacionadas con la mafia. Verónica apretó los labios. Le encantaría tener una relación normal con David. Una en la que pudiese ir a verlo a su casa o incluso vivir juntos. Una en la que no tuviese miedo de que matasen a su pareja. O de que le hiciesen daño de alguna forma que ella no pudiese luego enmendar. Tan sólo deseaba que estuviese a salvo y que fuese feliz, porque eso era lo que ella creía plenamente que él se merecía. Él que había sido obligado a hacer demasiadas cosas en su vida y que aún así seguía manteniéndose fuerte. Como esa clase de persona que jamás se rinde. O que dejó de hacerlo cuando la conoció a ella.

La chica sintió como los dedos de Rubén jugaban con su cabello, suelto y algo despeinado por el viento. Algo dentro de ella le hizo querer alejarse, pero vaya, era Rubén y le estaba haciendo el enorme favor de ser su pareja ficticia. No podía hacer eso, así que tan sólo aceleró un poco el paso entrando en el cine y haciendo que él se centrase en seguirla, dejando de jugar con su pelo pero aún con su brazo sobre sus hombros.

Cualquiera que los hubiese visto habría podido ver a una pareja típica en ellos. Ella con un suave rubor en las mejillas y él mirándola como si tuviese algo de mucho valor entre sus manos. En cuanto que Verónica tuvo la oportunidad se quitó el brazo de Rubén de encima quitándose el abrigo.

A la chica le inundó un olor a palomitas con mantequilla e hizo que se le antojase. Abrió un poco los labios para decir algo, pero Rubén se le adelantó.

-Déjame que te invite.

Ella se adelantó y negó con la cabeza, agarrándole de su camisa al hacerlo.

-No te preocupes, ya has pagado las entradas. Déjame a mi invitarte a esto, por favor.

Rubén arrugó la frente al tiempo que sus ojos azules se achicaban un poco. La chica lo observó y le dejó que fuese él quien hablase sin preguntarle nada.

-Yo no voy a querer palomitas ni refresco. Tan sólo compraré una botella de agua, pero me encantaría que me dejases invitarte a lo que tú quieras.

Verónica cogió aire y le sonrió, pero se mantuvo en las mismas. Aún tenía los diecisiete euros con los que había estado bromeando con David. Sintió una punzada en el pecho. Le encantaría haberse gastado ese dinero en él. Tal vez debería de buscarse un trabajo y compaginarlo con los estudios. Aunque no tenía ni la mas remota idea de dónde podría trabajar sin tener la mayoría de edad. Quizás, si sus padres la dejaban salir de casa mas a menudo podría hacer de niñera de algún niño o niña. Se mordió los labios mientras pensaba que tal vez podría pedirle algo de dinero a su madre mas tarde. Al menos unos cinco euros. Así podría invitar a David a un helado. Si se daba la ocasión. Aunque fuese en formato de tarrina pequeña.

-No hace falta que hagas nada de eso, de verdad.

No obstante, Rubén no le dio tiempo a decir anda mas. Se apresuró a la vendedora y le pidió una caja mediana de palomitas y un nestea.

Verónica puso los ojos en blanco y sacó el dinero rapidamente del bolso. Bueno, todo lo rápido que una mujer puede buscar algo en su bolso, porque Verónica no sabía cómo pero siempre que buscaba algo en su bolso, ese algo, era lo último que encontraba. Incluso encontró una horquilla con un pequeño broche de corazón que había perdido hacía unas semanas.

-Aquí.-dijo al fin para si misma cuando localizó su cartera, pero para entonces Rubén ya había pagado los seis euros y sostenía las palomitas y el refresco victorioso. Entre su codo y su cintura llevaba una botella de agua mediana.

Mierda, pensó ella.

-Toma los seis euros.-le dijo ella apurada, a la par que sacaba un billete de cinco euros y una moneda.

Rubén negó con la cabeza al tiempo que decía lo siguiente.

-Sala cinco.

Verónica suspiró, sin gustarle que no le hubiese dejado pagar lo que era suyo. De pronto, Rubén observó como la chica tenía un brillo de alegría en los ojos.

-No tienes manos.-le sonrió ella.-

Él supo que se refería a que tenía sus dos manos ocupadas. La observó al tiempo que sus gafas resbalaban un poco por su nariz. En cuanto que tuviese algo de dinero se compraría lentillas.

-¿Y qué ocurre?- preguntó él, algo mas agresivo de lo que pretendía porque no le gustaba lo que estaba pensando.

Y eso fue exactamente lo que Verónica hizo. Aunque Rubén se alejase en cuanto notó sus manos sobre su bolsillo, no fue lo suficientemente rápido para evitar que ella introdujese allí los cinco euros y la moneda.

-¡Venga ya!- se quejó él.- ¡Eso no era necesario! ¡De verdad que quiero invitarte!

Ella le sonrió victoriosa, pensando que no iba a dejar que otra persona pagase sus cuentas.

-Y te lo agradezco.-le volvió a sonreír con la mirada y eso apaciguó el enfado de Rubén.- Muy amable por tu parte.

Rubén no pudo evitar reír y observarla como siempre, sin poder apartar la mirada de ella.

-¿Encima con bromas? -bromeó él mismo.

-¿Sala cinco decías?- ella lo ignoró divertida mientras agarraba el nestea y comenzaba a buscar la sala tras darle las entradas a la persona encargada de cogerlas.

-Sí, sala cinco.

Ella lo miró curiosa mientras veía como la seguía hacia la sala.

-¿Por qué sabías que quería un nestea?

Rubén se encogió de hombros. Porque me gustas desde hace tanto tiempo que ya no recuerdo cuando me empezaste a gustar, quiso decir.

-No se, será que te conozco.-le sonrió, y tras decir eso, entraron a esperar a Eva y a Paloma en la sala número cinco. O al menos, eso pensó Verónica.

Hola precios@s!! Sorpresa sorpresa!!! Maratón de tres capítulos!! En seguido sigo subiendo. Un abrazo grande!!! Besos y gracias por leer!! 

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CIUDAD DE BARRO© |TERMINADA| (2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora