Capítulo 1

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 Era Halloween. Y todo el colegio estaba adornado con calabazas por todas partes. Y con vampiros. Y con fantasmas. Aunque ningún fantasma asustaba y dolía tanto como la herida que había dejado David al irse.

Había pasado casi dos semanas sin saber nada de él. No tenía ni la mas remota idea de donde estaba, ni de cómo estaba. Y eso la ponía de los nervios.

El verdadero amor no tiene fecha de caducidad.

Maldito sea.

Y el dolor que ella sentía cuando él no estaba cerca tampoco. Estaba tan pálida y tan desganada que podría haberse confundido fácilmente con cualquiera de las chicas que habían decidido disfrazarse para aquel día. Aunque en su mayoría llevasen minifaldas y maquillaje que bien podría ser para una sábado noche y no para un lunes a las diez de la mañana. Ya habían pasado las dos primeras clases. Terriblemente lentas. Como toda su vida desde hacía dos semanas. Había pasado por tantos cambios que ya ni tan siquiera le importaba que sus compañeras la mirasen como si fuese un bicho raro. Como el despojo humano y andante que era. Si es que aún no se había muerto. Lo que quiera que la hacía ser ella en su interior.

Tembló imperceptiblemente. Lo extrañaba. Todo. Absolutamente todo de él. Sus ojos, su sonrisa, su olor. Dos semanas sin él. Dos dolorosas semanas. Y que duras se le habían hecho. Aunque sabía que su dolor no podía depender tanto de nadie y que ella era la que decidía sentirse así, pero en ese momento le parecía no tener otra opción que el dolor. El dolor a que le prohibiesen ver aquello que amaba. Había intentado animarse, pero la situación en casa tampoco le permitía hacerlo.

Su labio inferior tembló imperceptiblemente. Necesitaba a Eva. Joder. Seguro que ella habría sabido animarla. Seguro que ella le habría hecho ver que no todo giraba alrededor de David y que la vida sigue, y que en algún momento volverían a encontrarse. De eso estaba segura. Pero que duro era asimilar aquella situación. A pesar de que sabía que probablemente él habría intentado buscarla, y ya supiese donde estaba su nuevo hogar. Aunque se hubiesen mudado y ya no hubiese un balcón por el que subir a verla. Ni por el que ayudarla a trepar a la vuelta de una escapada. Ni por el que ver la lluvia deslizarse mientras dormían abrazados. Cogió aire y trató de calmarse.

Lo odiaba todo en aquel momento. Todo menos a él. Y sobre todo, quería estar sola, necesitaba que esa herida sanase, y para ello necesitaba calma.

Volvió a mirar la hilera de vampiros colgados en el techo del centro. Blancos y con colmillos dibujados en color rojo. Estaba rodeada de gente, pero se sentía terriblemente sola. Terriblemente. No era capaz de entablar contacto con ninguna de las chicas que se le acercaban. En la hora del descanso se limitaba a sentarse en un banco, y a dejar que pasase el tiempo hasta que comenzase la siguiente clase.

Odiaba a sus padres, y los culpaba. David tan solo había tratado de ayudarla. Desde el primer momento. Él mismo había tenido sus reticencias a amarla. Él también había sabido que era peligroso, y que la pondría en peligro muchas veces sin pretenderlo, pero no había nada mas peligroso para ambos que estar lejos el uno del otro. Sollozó suavemente, entrando en una especie de trance donde nadie más parecía existir. Uno parecido en el que entraba cuando él la miraba, pero mucho más doloroso y sin sentir calambres en el estómago. Ni fuego. Ni su fuego.

Cerró los ojos y volvió a verlo. Como cada vez que soñaba. No había una maldita noche que no soñase con su mirada y que se despertase sobresaltada en mitad de su nuevo cuarto mirando hacia todos lados, sudada y con el pelo empapado, porque al igual que en la realidad, en sus sueños también acababa desapareciendo.

CIUDAD DE BARRO© |TERMINADA| (2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora