Capítulo 78

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Aún así, Pedro se mantuvo al margen, mirando al chico con una mirada inescrutable y muy seria. La luna aún brillaba en lo mas alto cuando lo vio montarse en el coche de policía y su compañero cerró la puerta después de que se sentase.

David ignoró la mirada de Pedro. Sabía que no le había quitado la mirada de encima desde que comenzaron a separarse. Cerró los ojos y dejó la espalda caer en el asiento del coche. Lo habían subido en la parte de atrás, como si realmente fuese un criminal. Asustado y con los ojos aún cerrados, temiendo porque Jorge no lograse sacar a los suyos de España, se centró en la única cosa capaz de calmarlo por dentro y hacerlo poner los pies en el suelo. Unos ojos azules oscuros invadieron su mente, y David trató por todos los medios centrarse únicamente en esos ojos. Esos ojos que eran capaces de sonreírle con la mirada. Sin querer dejar de imaginar ese océano que la chica tenía en su rostro, se llevó una mano a la frente. Odiaba sentirse tan débil. Odiaba no controlar la situación y le ponía histérico no haber sido capaz de ver venir que Pedro iba a ir a por él. Lo había ignorado tanto por Verónica que podría haberlo echado todo a perder en un momento.

Controlando todos los sentimientos que tenía dentro, volvió a buscar la mirada de Verónica en su mente. Su flequillo, que le encantaba, su sonrisa, que le daba calor sin ponerle un dedo encima. Tembló al pensar en ella. Sus cachetes, su nariz, su olor...La quería. Realmente la quería con toda su alma y sólo quería lo mejor para ella. Tal vez por eso las palabras de Pedro le habían vuelto a afectar tanto como la otra vez. Por mucho que quisiese mantenerse impasible, a una parte de él le habían dolido sus palabras. Al igual que las que le dijo aquella noche. Tal vez no le dolía tanto lo que Pedro decía, como el miedo a que se las dijese de nuevo a Verónica y la chica las creyese. En ese momento deseó con todas las fuerzas tenerla entre sus brazos. Abrazarla y abrasarla al mismo tiempo. La necesitaba tanto en aquel momento que sintió que le faltaba el aire.

-¿Puedes abrirme un poco la ventana?-preguntó con voz queda a Velasco.

Sin responderle, David vio como la ventana izquierda se abría unos centímetros y el chico cogió una bocanada de aire. El olor a humedad y el frío le hicieron sentirse algo mejor. Ambos sirvieron para despejar su mente y para que su mirada volviese a ser fría y decidida. Dentro de lo que cabía, su plan no había salido del todo mal. Aunque Pedro se hubiese interpuesto, y aunque quisiese encerrarlo de por vida por haber matado a dos hombres, lo único que le importaba realmente era que Verónica estaba bien, y que sus amigos estarían en Francia y serían libres en poco tiempo. Sus amigos. Considerarlos así le hizo sentir un pequeño brinco de alegría en el corazón. Duró poco, pero fue más que suficiente para animarlo.

Quisiese lo que quisiese hacer Pedro con él, contaba con el apoyo de dos policías dentro de comisaría, y aunque esa noche fuese a dormir en una celda, sabía que Maek iría a por él en cuanto que se enterase de que ninguno había vuelto. David sonrió. Le esperaba una buena paliza.

El chico suspiró y disfrutó de lo bien y sano que sentía su cuerpo en aquel momento, a excepción del disparo que tenía en el brazo. Tenía la chaqueta llena de sangre por esa parte, pero en comparación con como estaría en un periodo no muy largo de tiempo, en ese momento podía decir que estaba bien. Probablemente en unas horas le dolería hasta el alma cuando Maek acabase con él y comenzase a interrogarlo. Mentalmente, mientras el coche avanzaba, comenzó a pensar en lo que iba a decirle, y en cómo iba a hacerlo. No tenía que dudar, debía de aparentar estar enfadado, con él. Tal vez eso le costase que le diese correazos en la espalda, como tantas otras veces Maek había hecho con él. Sin embargo, si no parecía enfadado con Maek, el susodicho jamás creería que Baref le había traicionado. Ni tan siquiera le dejaría enseñarle el mensaje. Lo tenía muy claro. Si iba con miedo, Maek no le creería. Sin poder reprimir un pellizco en la boca del estómago por todo lo que se le venía encima, David tan solo frunció los labios y elevó la cabeza. Él no era débil. Nunca lo había sido. Si alguien era capaz de hacer lo que tenía entre manos, era él. Recobrando la confianza que lo caracterizaba se limitó a sonreír y a posar su mirada en la luna, y ahí la dejó hasta que llegaron a comisaria.

Un recuerdo de infancia le acompañó por el camino. De pequeño solía agarrar la mano de su madre cuando era de noche, y se entretenía mirando la luna mientras su madre velaba sus pasos. Le gustaba pensar que la luna le sonreía y que lo seguía a cada paso que daba. Tal vez le gustase tanto mirarla porque le recordaba a ese momento, y le daba algo de calma.

Cuando Velasco le abrió la puerta de su asiento, David volvió a sentir todo lo que le escocía el brazo. Sin embargo, el chico de fuego entró sin mostrar el menor atisbo de dolor o miedo. Los policías que había en la entrada se percataron de eso, de cómo iba comiéndose el mundo a cada paso que daba y de la sonrisa que tenía en los labios de despreocupación. Por un momento, la mayoría de los hombres que estuvieron en la entrada de la comisaría envidiaron al joven. Otros, simplemente pensaron que era un niñato. David pasó por su lado sin ni tan siquiera mirarlos. A ninguno de ellos. El chico sabía que todos los allí presentes lo conocían. Incluso se percataba de cómo alguno de ellos le miraban con miedo y desviaban la mirada a la par que él se acercaba a la puerta con Velasco siguiendo sus pasos y agarrándolo por las esposas. Habían quedado en que entrarían así por si había algún águila mirando. David elevó las cejas al ver como Pedro ya estaba dentro de la comisaría y cómo era él quien le abría una puerta que daba a un cuarto pequeño.

El chico no pudo evitar sonreír. Conocía esa sala. Era la sala de los interrogatorios y no era la primera vez que entraba en ella.

David sintió como Velasco le quitaba las esposas y se sentó en la silla fría. El brazo le dolía a horrores, pero aguantó la compostura como pudo. El chico dirigió una mirada rápida a la pared derecha. Sabía que detrás del cristal debía de haber al menos unos veinte policías mirándolo. Tal vez toda la cuadrilla estuviese observándolo.

Mil gracias por leerme. Este capítulo es tranquilito, pero la tranquilidad no dura mucho...En unos minutos os subo el siguiente. Besos y abrazos!!!

IG: itssarahmey

CIUDAD DE BARRO© |TERMINADA| (2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora