Capítulo 30

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Jorge posó sus ojos negros en David. El chico estaba sentado en su sofá, dejado caer hacia atrás y con los ojos cerrados, pensativo. Lo observó mientras arrugaba la frente con aire preocupado. Había escuchado atentamente todo lo que David le había contado, tratando de asimilar con la mayor rapidez posible cada palabra que el chico le había dirigido, y ante todo, intentando que se sintiese lo más cómodo que pudiese para que no se guardase nada para él. En ese momento, después de contarle absolutamente todo lo que sabía, David había cerrado los ojos y su aspecto parecía el de una persona que se hubiese quitado un gran peso de encima.

Jorge le dio unos minutos para que volviese a hablar, e incluso fue a sacar la poca ropa que había metido de la lavadora que tenía en la cocina. David lo siguió con la mirada, pero se mantuvo en su sitio.

-¿Dónde has ido?-le preguntó a su regreso unos dos minutos mas tarde.

-La ropa no se lava sola ni sale ella solita de la lavadora.-farfulló.

David no pudo evitar soltar un bufido divertido y dirigirle una sonrisa burlona.

-¿Te cuento todo lo que se de una de las mafias mas peligrosas de España y te vas a sacar la ropa?

Jorge se encogió de hombros con ojos alegres y miró el reloj que llevaba en la muñeca derecha. Ese reloj llevaba con él desde que David lo conoció.

-No tengo mucho tiempo últimamente y he de aprovechar cada minuto.-dijo a modo de respuesta.- Ya sabes, hay investigaciones que requieren que estemos mas horas de las que debemos trabajando.

David asintió con la cabeza, serio de nuevo. Cuando era más joven le había irritado demasiado lo tranquilo que era Jorge para todo, en cambio, en ese momento era capaz de verlo como una cualidad.

-Espero que te haya quitado algo de trabajo.

Jorge se sentó al lado del chico, hundiendo un poco el sofá al hacerlo. David se incorporó hacia delante, a sabiondas de que Jorge pretendía decirle algo.

-Lo que estás haciendo es una puta locura.-le espetó Jorge-. Deberías de haber venido a verme en primer lugar. Me habría dado tiempo de preparar todo al detalle.

David sintió como la alegría y el alivio lo recorrían a partes iguales. Eso solo podía significar algo.

-¿Vas a ayudarme?

Jorge puso un gesto de incredibilidad y elevó las cejas, con un brillo divertido en su rostro.

-¿De verdad pensabas que iba a decirte que no?

David se levantó del sofá y se acercó a él. Por supuesto que no. No pensaba que iba a decirle que no. Sabía de antemano que Jorge lo ayudaría. Quiso ayudarlo hace años. Incluso le pidió que declarase en contra de Maek, que todo iba a ir mejor después de eso. Pero David se negó a declarar. Se negó a ponerse en contra de su verdugo. Le parecía una locura enorme. Una jodida locura que iba a acabar con él y con todas las personas que le importaban. Cuando Jeremie aún estaba en su vida de una forma totalmente distinta a la que lo estaba ahora mismo.

-Se que te gusta hacerte de rogar.-sonrió David, cálido por primera vez desde hacía mucho tiempo con Jorge.- Aunque esperaba que me ayudases. Si no hubiese estado seguro de eso, todo mi plan no tendría sentido alguno.

Jorge elevó el mentón al tiempo que se erguía un poco mas. David se acercó a él y se coloco justo en frente.

-Sabes que puedes contar conmigo, muchacho.

David lo miró a los ojos. En el fondo, Jorge admiraba la determinación y la seguridad que ese chiquillo de catorce años había adquirido años después. Aunque Jorge siguiese considerándolo un niño, se había dado cuenta de que ya era todo un hombre, y apesar de que aún tuviese mucho que aprender, por fin estaba en el camino indicado para hacerlo. Era como si una parte de él se enorgulleciese del hombre que estaba viendo en David. Por su parte, el chico seguía sumido en sus pensamientos, y lo miraba penetrantemente elevando las cejas, como si realmente le importase lo que estaba a punto de decir.

-La chica de la que te he hablado, Rose.-aclaró.- ¿Puedes sacarla de ahí de algún modo? No quiero que le hagan daño cuando Baref comience a hacer preguntas. Y estoy seguro de que ella será una de las primeras en ser entrevistadas después de todos sus hombres.

Jorge suspiró y le dio la espalda, perdiéndose de nuevo en la cocina. David escuchó como vertía agua en un vaso, y casi pudo escuchar como se la tragaba toda de golpe. El sonido del cristal posándose en la mesa le llegó a los oídos al tiempo que sus pasos volvían hacia donde él estaba. David apretó los labios. Siempre que Jorge necesitaba tiempo para pensar se alejaba y hacía cualquier cosa que se le pasase por la cabeza. Recordó el ataque de risa que le dio una vez de más pequeño cuando entró en el salón y lo vio cosiendo un botón.

-¿Tú coses?-le había preguntado.-

-Sólo cuando tengo que despejar la mente.-le había sonreído.-

En ese momento fue en el que David había comenzado a cuestionarse si Jorge era menos hombre por hacer ese tipo de cosas. Esas cosas que Maek jamás le había permitido hacer porque las consideraba de débiles o de mujeres. Si un botón se caía Maek tiraba el pantalón. Esa fue la primera vez que pensó algo sobre Maek que le hizo gracia. Si Jorge era débil por coser un pantalón, Maek era imbécil por tirarlo. Jorge le había hecho pensar en cosas que él ya daba por hecho, y recordó como aquel día, se le había acercado hasta el sofá en el que estaba sentado, y le había preguntado lo siguiente.

-¿Me enseñas?

Jorge lo había mirado y se había reído.

-¿Quieres saber manejar la aguja tan bien como la pistola?

David le había sonreído.

-Sólo lo básico para no ser un inútil.

Y después de eso, y de pincharse el dedo en más de una ocasión, David había sabido coserse un botón cuando lo había necesitado, sin haber perdido su faceta de chico rebelde y peligroso al hacerlo. Aunque ese fuese uno de sus secretos. Al igual que la primera tortilla que le preparó a Verónica. Ojalá pudiese dedicarle gestos como aquel más a menudo.

El recuerdo de aquel momento se disipó cuando David vio que Jorge volvía hacia donde se encontraba él. Se secó la boca con la manga y se quedó pensativo.

-No se como puedo sacarla de ese lugar en tan poco tiempo, pero lo haré.

David aguantó su mirada. Era la mirada de un hombre que estaba siendo sincero. El chico había aprendido a reconocer ese tipo de miradas, y cuando se mezclaba con la determinación que Jorge poseía, solo podía creerlo.

-Allí la conocen como Abril.-añadió el chico.

Jorge asintió con un simple movimiento de cabeza y se quedó callado, con los labios fruncidos pensando en cómo podía sacar a aquella chica de allí. Él mismo había tratado sin éxito que cerrasen ese burdel. La voz de David lo distrajo del hilo mental de sus pensamientos. 

Hola preciosas!! En unos minutillos os subo el siguiente capítulo. Un abrazo y gracias por leer.

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CIUDAD DE BARRO© |TERMINADA| (2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora