Capítulo 45

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Verónica sintió como su mano apretaba un poco mas la suya cuando cambió de marcha, y luego con uno de sus dedos comenzó a acariciar su piel, centrado en la carretera. Seguro que se veía sumamente atractivo conduciendo aquel vehículo robado. Un vehículo robado. Verónica no podía creerse todo aquello. Cuando creía que no podía sorprenderla con algo nuevo que no había imaginado, él iba y lo hacía. ¿Quién le habría dicho a la antigua Verónica que iba a montar en un coche robado y que en lugar de estar asustada iba a disfrutar el momento? Si se lo hubiesen contado hacía unos meses, no se lo habría creído.

-¿Qué llevas en la mochila?

Escuchó un resoplido divertido al tiempo que el coche seguía avanzando. Era capaz de sentir la velocidad en su estómago, aunque como siempre David conducía mucho mas despacio de lo que solía hacer porque ella era quien iba a su lado, y jamás la expondría a ningún accidente.

-Eso vas a averiguarlo mas tarde, por ahora es todo lo que tienes que saber.

De nuevo ese David autoritario. Verónica suspiró y se recostó en el sillón. David la observó una fracción de segundos. Sus labios le parecían muy atrayentes con los ojos vendados.

David frunció el entrecejo al mirar por el espejo retrovisor y ver su mochila negra en el asiento trasero. El mismo la había colocado ahí antes de sentar a Verónica. Volvió a centrarse en la carretera y en salir de la ciudad mientras seguía pensando con fuerza que le encantaba pasar tiempo con ella.

No pudo evitar sonreír al ver como ella trataba de encender la radio cuando aún tenía los ojos tapados, con la mano que David no sostenía en la palanca de cambio. Vio como empezaba a tocar los botones buscando el que encendía la radio, divertido y sin pensamiento de ayudarla.

-Vamos ojos azules...tú puedes...-bromeó él.- Ya vas por un minuto, estoy seguro de que serás capaz de apretar el botón correcto antes de que pasen veinte minutos.

Ella rio al notar el tono con el que se lo decía y buscó su hombro para pegarle un suave empujón.

-Mira tú por donde, cuando se trata de ti no me importa no ver. Sé encontrarte.

Él la miró y Verónica, de alguna forma, supo que sus ojos estaban fijos en ella. David volvió a centrarse en la carretera, recta en ese tramo e iba desviando su mirada a la chica que volvía a buscar el botón de la radio, y apretaba todos menos el que era. David disfrutaba y aguantaba la risa al ver que estaba tocando los botones de la calefacción y del aire acondicionado, ya que para encender la radio no había ningún botón, sino una pantalla táctil.

Verónica lo escuchó bufar y se quedó con la mano inmóvil, en el aire. David se mordió la lengua aguantando la risa, pero recuperó la compostura antes de que a ella le diese tiempo de preguntar.

-Al final has conseguido lo que querías.

Verónica lo miró sin verlo, pero siempre sintiéndolo.

-¿Qué era lo que quería?

-Una vez me pediste que te secuestrase. Esto puede pasar por un secuestro, aunque pienso devolverte sana y salva antes de que amanezca.

Ella rió.

-Creo que si me voy por voluntad propia no es un secuestro.

David elevó la cabeza, atractivo.

-Creo que eso de por su propia voluntad la policía no lo sabe.

Verónica ladeó la cabeza y suspiró.

-Seguro que no lo sabrían si dependiese de mi padre el contarlo. Él diría algo así como que has entrado armado y me has obligado a ir contigo en el coche amenazando con matar a mi familia si no hacía caso.-exageró imitando la voz de Pedro.- Quiero mucho a mi padre, pero ahora mismo estamos en una etapa complicada.

David hizo un poco mas de presión en la mano que tenía en contacto con la de la chica, mostrándole que él estaba ahí con ella para todo lo que necesitase.

-Todo se solucionará tarde o temprano. Ya lo verás.

Ella dirigió la cabeza hacia donde estaba el chico y sonrió.

-Me apuesto un chicle a que soy capaz de encontrar el botón de la radio esta vez.

David no pudo evitar quedársele mirando ante su dulzura.

-Acepto la apuesta.-dijo con cariño.

Verónica comenzó a buscar de nuevo y apretó todo botón que sentía pulsable al tacto. El aire acondicionado hizo que el cabello de ambos se moviese cuando ella subió la fuerza del aire acondicionado.

David seguía centrado en la carretera, pero deshizo lo que ella había hecho sin que ella se diese cuenta, y la dejó seguir intentándolo. Cuando llegó al último botón Verónica se quedó quieta. No entendía que en ese coche la radio no se entendía con un botón. Era muy inteligente, pero no había pensado en eso.

La chica alargó el dedo hacia el último botón, y David tocó con su otra mano la pantalla que encendía la radio. Al tiempo que Verónica pulsaba el botón, la música comenzaba a sonar porque David la había encendido.

-Por fin.-dijo ella, sin saber lo que el chico había hecho.

David sintió algo cálido invadirle el pecho. No habría hecho eso por ninguna otra chica que no fuese Verónica. Era una tontería, pero a cualquier otra la habría dejado tocar botones hasta que se rindiese.

-Non mollare mai, mi amore.-le dijo él, en italiano.

Verónica se quedó muy quieta y una sonrisa se dibujó en sus labios. Era la primera vez que lo escuchaba hablar en italiano, y había sido tan sensual que había notado como todo su cuerpo se encendía ante aquella voz. ¿Qué podía ser mas atrayente que una voz como la de David hablando en aquella lengua?

Verónica tardó unos instantes en responderle, como si saborease esa frase aún en su cabeza.

-¿Qué significa?

David seguía acariciándole la mano con sus dedos, y Verónica se quitó la venda. El chico la observó hacerlo, y le dedicó una mirada que quería decir algo así como que había aguantado demasiado con esa venda en los ojos. Ella lo observó y se dio cuenta de que David tenía una sonrisa enigmática en los labios, como todo lo que lo rodeaba. Sintió como el chico de fuego la abrasaba con la mirada al posar en ella sus ojos grises. Ella jamás había visto una imagen tan atrayente como la de David conduciendo aquel coche.

-¿No te lo imaginas?-le preguntó él, disfrutando de la curiosidad de ella.

Verónica negó con la cabeza.

-¿Puedes decírmelo?-repitió, paciente y tranquila.

Había un brillo de dulzura en su rostro que David no pudo evitar quedarse mirando al tiempo que se pasaba la lengua por el labio inferior, lentamente y sin ser consciente de ese gesto.

-No te rindas nunca, mi amor.

¿Os gusto? Un abrazo muy grande, muchos besos y gracias por leerme. Que tengáis un domingo increíble y una semana genial. 

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CIUDAD DE BARRO© |TERMINADA| (2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora