Anelisse.
Estacioné la camioneta y apague él motor, quite las llaves y me baje de un salto. La puerta de la casa estaba entreabierta y no me molesté en averiguar quien era, desde que nos mudamos bastante gente entra y sale de la casa. Subí las escaleras a paso firme y rápido, trate de recordar cual era la puerta de mi habitación y la reconocí al instante, era la única puerta de color rosa.
Mi cuarto era pequeño, bastante pequeño a decir verdad. Una cama individual, un perchero y debajo de él una pequeña cajonera, una ventana y una lampára. Ni siquiera tenía un baño para mí misma, tendría que compartir el baño con mi mamá.
—Anelisse... —mi madre entró sin tocar la puerta a mi habitación y me giré a observarla —Hay una caja en él camión que tiene tu nombre, ¿quieres que la traigan los señores?
Mi madre era joven, se había embarazado a los diecinueve. Ella y mí padre nunca estuvieron juntos formalmente, ella dice que mi padre me visitaba de vez en cuando y siempre me llevaba juguetes. Un día mi padre no trajo más regalos, no volvió en general... Pero en fin, esa es otra historia.
—Pensé que todas ya estaban afuera del camión —dije mirando a mí alrededor que estaba lleno de cajas de cartón con ropa y cosas que no tenía idea de donde iba a meter.
—Yo igual, tenemos que descargar él camión, cariño, te la traere —no espero respuesta alguna y se fue, nuevamente, sin cerrar la puerta.
Mordí mi labio inferior sin saber realmente que hacer. Era nueva en este pueblo, mi teléfono estaba descargado, había dejado a mi novio en Denver y mi madre apenas tiene tiempo para mí. Caminé hasta la ventana para poder ver mas allá de las hectáreas de la casa, y había lo mismo más y mas allá. Miles y miles de kilómetros llenos de árboles y arbustos.
—Anelisse... —una voz me hizo sobresaltarme y me giré rápidamente, era Zachary.
—¿Qué sucede? —pregunté viendo de reojo él paisaje, sin dejar de querer de verlo realmente.
—Creo que tienes que bajar —su voz sólo me hizo saber que había problemas. Lo pasé de largo y bajé corriendo las escaleras, salí de la casa y apenas di un par de pasos cuando me di cuenta del desorden en las escaleras del pórtico.
Él aire salió de mis pulmones cuando me di cuenta que no era solo un desorden, eran vidrios rotos. Era él juego de té de porcelana de mi abuela, la tía de mi padre, quien era la única persona con la que tenía contacto, era él único que recuerdo que me aferraba a ella y a mi padre.
Era él único recuerdo que me quedaba de ella después de que falleció hace unos meses. Era nuestro juego de té.
—No... —traté de saltar los vidrios pero no pude evitar agacharme y tomarlos entre mis manos, como si pudiera volverlos a unirlos.
—¡No los toques!, te puedes cortar...
—Me vale un kilo de mierda si me cortó, ¡¿Quien hizo esto?! —ni siquiera me di cuenta cuando las lágrimas empezaron a salir de mis ojos, justo entre mis manos estaban los restos de la tetera de porcelana; la favorita de mi abuela.
Miré a mí mamá y ella simplemente se encogió de hombros, busque a algún señor que se encargará de descargar él camión pero ni había nadie o mejor dicho estaba buscando él culpable.
—Fui yo. —esa voz, esa maldita voz. —Lo siento, Anelisse, fue un accidente
En la puerta de entrada estaba Zachary, sus hombros estaban contraídos y su ceño fruncido. Estaba nervioso y debería de estarlo, a pesar de que mi terapia con él psicólogo termino mis cambios de humor no lo han echo.
—¡Desde que llegaste aquí no has echo nada más que lastimarme a propósito! —confesé en voz alta dando pasos hasta llegar enfrente de él. —¡No es mi maldita culpa que tu padre haya fallecido...
—¡No metas a mi padre en esto!, tampoco es mí culpa que tu abuela haya fallecido y que tú te aferres tanto a algo material —su tono igualó al mío y apreté los vidrios en mi mano.
—¡No era algo material, idiota, eran recuerdos entre ella y yo! —solté los restos de vidrio al suelo y golpeé su pecho, manchando su camisa de sangre.
—Se supone que tus recuerdos están aquí, —su dedo índice golpeó mi cabeza y siguió hablando —No en un juego de té viejo...
—Te lo advierto, Zachary, no te metas conmigo o mis cosas. Tal vez ahora vivas con nosotros pero tu y yo no somos absolutamente nada, ¿me has escuchado?
—No hace falta que me amenazes o que me des ordenes, a partir de hoy seré como un fantasma en esta casa. No me verás a menos que tú quieras —me paso de largo golpeando mi hombro con fuerza, piso los restos del juego de té y siguió su camino hasta perderse en la pradera.
—Deberías de ir a pedirle disculpas, él te dijo que fue un accidente —mi mirada viajó hasta mi madre quien tenía los brazos cruzados y me miraba con enojo, la señale con un dedo antes de empezar a hablar.
—Todo esto es tu culpa, si no te hubieras metido con ese señor nosotros seguiríamos en Denver...
—Ese señor, su padre... —me interrumpió y aclaró al mismo tiempo —Nos ayudó mucho, Anelisse, él nos dejó esto para poder vivir y sustentar nuestro futuro. Zachary ahora es también mi responsabilidad y es mejor que te acostumbres a llamarlo hermano.
—Él no es nada mío y tu amante nunca llegó a ser como un padre para mí. Y si dejó todo esto a tu nombre fue para que la madre de Zachary no se lo quedara, no te hundas en su dinero porque sabes que en cualquier momento ese chico te lo quitará.
Sin decir nada más me adentré en la casa. Caminé hasta el baño y rápidamente abrí la llave del grifo para meter mi mano ensangrentada, él agua fría calo en la herida pero no me importó.
Estaba enojada, frustrada. Mi madre me había obligado a viajar miles de kilómetros para adaptarme a una vida que yo no quería y que nunca imagine. Me cambio él apellido y ahora me estaba obligando a llamar hermano a alguien que no es ni mi sangre.
La puerta del baño se abrió con violencia y mi madre entró tomándome de la muñecas con fuerza.
—No vuelvas a hablarme así, Anelisse Terisa, te lo advierto. Soy tú madre y luché para poder conseguir este futuro para ti, para poder abrirte las puertas en una nueva vida. Y sí, Zacahry en un par de años nos quitará mas de la mitad del dinero de Henry pero no me importa, ¿sabes por qué? —negué con la cabeza mirándola a los ojos —Porque tú ya habrás terminado la universidad y yo ya estaré vieja, ya no me importaría perderlo todo porque te tengo a ti...
—Yo no quería vivir aquí, nunca te obligué a crear un futuro para mí, mamá. Mi futuro me lo creó yo misma —me soltó sin aviso alguno y me miró con enojo, sí, estaba bastante enojada.
—Algún día entenderás porque hice todo esto, algún día me lo agradecerás y esperó que ese día llegué antes de que yo vaya a la tumba.
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La Noche Estrellada
FanfictionCuando la vida de Anelisse da un giro inesperado al enterarse del más grande secreto de su madre se da cuenta que entre más busca más encuentra secretos. Anelisse tendrá que luchar por mantener una vida normal a pesar de todas las circunstancias que...
