Capítulo 63

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El hotel era todo, menos lo que esperaraba.

—¿Estás seguro que es el hotel más barato? —pregunté mirando la gran habitación que nos habían asignado.

—Sí, lo juro —Cámaro habló igual de sorprendido.

Dos bonitas camas individuales estaba en el centro de la habitación, había una gran ventana que nos regalaba la vista de mi preciado Denver, también estaba una televisión vieja y a unos cuantos pasos de la puerta estaba el cuarto de baño.

—Tomaré una ducha, necesito entrar en calor, siento que me congeló —el detective habló con los dientes temblando.

La verdad sentía que no llevaba la suficiente ropa para el intenso frío que hacía, jamás me imagine que las más bajas temperaturas estaban pronosticadas para mis dos días de visita.

Cámaro entró a la ducha después de dejar la maleta y el abrigo sobre su cama. Cuando escuché el agua caer, saqué mi teléfono y me di cuenta que no tenía señal, lo cual tenía cierta lógica ya que mi compañía de teléfono no existía en esta ciudad. Suspire y caminé hasta el teléfono de botones en la pared y teclee el número de Axel.

—¿Diga? —contestó mi amigo con la voz ronca.

—Axel, lamento si te desperté, sólo quería avisarte que ya estoy dentro del hotel —hablé jugando con el cordón del teléfono.

—No me despiertas, de hecho, estaba esperando tu llamada para poder dormir bien —sonreí ante sus palabras. —Me alegro que hayan llegado con bien.

—A mí igual, te contaré los detalles del vuelo después, ahora descansa —dije rápidamente.

—Espera, ¿de dónde me estás llamando?

—Oh, es el teléfono del hotel, aquí no tengo recepción así que dudo que puedan comunicarse conmigo —hable con una mueca a pesar de que él no podía verme.

—Guardaré esté número para poder seguir en contacto —hablo y se le escapó un bostezo.

—De acuerdo. Descansa, te quiero y saluda a Zachary de mi parte —me despedí y colgué.

Camine hasta mi maleta y tomé la pijama afelpada que había guardado. Me quité el abrigo y los zapatos dejando mis calcetas puestas, me puse la blusa de la pijama encima de mi blusa de cuello alto y me quite los pantalones para enfundarme la pijama.

Dejé la maleta en una esquina y fui directo a la cama, ni siquiera espere a que Cámaro saliera de la ficha a pesar de que sabía que teníamos muchas cosas para hablar, pero estaba muy cansada para tener cabeza de solucionar nuestros problemas. Me metí debajo de las sábanas y me dio un escalofrío sentir el material helado.

Cerré los ojos por un momento, incluso puedo jurar que me dormí por al menos cinco minutos, pero una brisa de aire cálido me hizo abrir los ojos de golpe. La vista de un Cámaro duchado y con la pijama puesta me recibió.

—Lamento si te desperté —habló en voz baja, estaba sentado en la orilla de mi cama y las luces ya estaban apagadas.

—¿Qué estás haciendo? —susurre a pesar de que sabía que sólo estábamos el y yo en la habitación.

—No podía dormir sin pedirte perdón una vez más —sus ojos verdes se encontraron con los míos.

Suspire y me senté en el colchón.

—Cámaro, ya hablamos de esto...

—Ya lo sé, y sé que no te dije lo que querías escuchar pero es todo lo te puedo ofrecer —me interrumpió.

La Noche Estrellada Donde viven las historias. Descúbrelo ahora