Mi cuarto jamás se había sentido tan pequeño como ahora.
Harry estaba sentado en la cama y jugaba tímido con él edredón, yo había tomado asiento en el suelo a un lado de la cómoda de ropa. No quería estar tan cerca de él.
—¿Cómo estás? —preguntó.
—Bien —mentí. Mi corazón latía a mil por hora.
—Me alegro, —sonrió —¿te duele? —señaló mi brazo.
—Casi no —volví a mentir. Dolía como la mierda, me arrepentida de haberme quitado el cabestrillo en mi momento de rabia.
Asintió en silencio y volvió a bajar la mirada al edredón.
—¿Cómo has estado? —pregunté porque necesitaba saber que había estado bien sin mí.
—No hablemos de mí —se encogió de hombros sin dejar de ver la tela entre sus dedos.
No sabía cómo tomarme su contestación.
—Gracias por las flores —le sonreí aunque no me mirará.
A mi lado estaba el ramo de margaritas que me regaló, ni siquiera me había dado tiempo de ponerlo en agua pues apenas entramos me encerré en mi recámara. No quería escuchar los regaños de mi padre.
—No sabía que traer, —empezó a hablar —se supone que cuando alguien está enfermo se trae un obsequio por cortesía.
—No debiste traer nada —negué con la cabeza pues ahora ya no quería el ramo. Ahora se sentía como si sólo fuera un compromiso y no algo que salió del corazón.
Un silencio incómodo se expandió en toda la habitación. No quería mirarlo pues sentía como me deshacía cada que lo veía a la cara, solo recordaba nuestra última plática y me avergonzaba. Pero lo que más me avergüenza era pensar en lo que acaba de suceder con Cámaro justo antes de que me hospitalizaran, sabía que no había sido algo malo pero aún así me sentía como la mierda.
—Hace unos días fue mi cumpleaños, —la voz de Harry se volvió a escuchar —pero mi madre está enojado conmigo y ni siquiera me llamó...
—Harry, lo siento tanto —lo interrumpí. De pronto la gran pila de tristeza que llevaba sobre mis hombros se había vuelto más pesada, tan pesada que me había encorvado.
—No tienes porqué disculparte, —me sonrió sin los dientes —yo fui quien peleó con ella. Además, no es muy importante, mis hermanos sí estuvieron ahí.
—¿Cómo va el embarazo de Nora?
—Bien, parece que va a explotar en cualquier momento —un brillo que no sabría como explicar apareció en sus ojos. —Dice que en al menos un mes va a tener al bebé.
—Eso es fantástico —sonreí con los dientes. Nora era todo lo contrario a Harry, pero aún así sentía un gran cariño por ella.
Después de unos segundos en silencio, hablé.
—Feliz cumpleaños, Harry.
Su mirada se levantó del edredón y me miro con sorpresa. Tomé una margarita del ramo a mí lado y me puse de pie, caminé hasta quedar enfrente de él y coloqué la flor en su oreja. Detenía un poco de sus mechones rebeldes.
—¿Esté es mi regalo? —preguntó en voz baja.
—No, —negué con la cabeza —esté es tu regalo, —tomé su mano y la puse justo encima de mi corazón, arriba de mi pecho izquierdo —esto siempre te va a pertenecer.
Y era verdad, jamás iba a cambiar. Puedo amar otra vez, pero mi corazón siempre va a un lado de Harry.
La mirada de Harry cambió, no sé si habían sido sus pupilas o la luz de la habitación, pero sus ojos cambiaron de un color claro a otro obscuro.
Se puso de pie, levante la cabeza para poder mirarlo a los ojos y me falto el aliento cuando nuestros pechos se juntaron de la cercanía que teníamos.
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La Noche Estrellada
FanfictionCuando la vida de Anelisse da un giro inesperado al enterarse del más grande secreto de su madre se da cuenta que entre más busca más encuentra secretos. Anelisse tendrá que luchar por mantener una vida normal a pesar de todas las circunstancias que...
