Capítulo 27

11 1 0
                                        

Harry.

A la mañana siguiente me sentía cansado, y para las once de la mañana seguía tirado en mi cama mirando el techo. La luz de la mañana se asomaba por mi ventana y le di la espalda para que no me diera en la cara.

Anoche no había dormido nada, no después de lo que me dijo Anelisse. La historia detrás de su miedo a decir la verdad, me hizo sentir que jamás debí preguntarle si estaba bien o exigirle que no me mintiera. Jamás había conocido a alguien como ella... Tan sensible y tan fuerte a la vez.

Aún recuerdo sus ojos llenos de lágrimas y la desesperación llenando su rostro. ¿Cómo podría ayudarla?.
Yo tampoco conocía nada de leyes pero definitivamente sé que es un delito ocultar información sobre un traficante, por más mínima que sea esa información sí es un delito.

Me senté al borde de la cama y pase ambas manos por mi rostro, deseando que mi cabeza dejara de dar vueltas en ese asunto, pero mi mente no dejaba de maquinar en una solución a sus problemas. La puerta de entrada fue tocada y bufé enojado, no me gustaban las vistas inesperadas.

Me puse de y tome del suelo una camisa, pues anoche solo había dormido con mi pantalón de pijama. Llegué hasta la puerta y mire por la rendijilla para encontrar a un chico desalineado mirando al suelo. No lo conocía. Abrí la puerta y el levantó la vista asustado.

—¿Está Anelisse aquí? —fue lo primero que me preguntó y fruncí el ceño confundido.

—¿Qué? —pregunté, y tuve que aclararme la garganta pues mi sonó ronca —¿Quién eres?

—¿No te acuerdas de mí?, soy Axel —su mano se extendió y dude en apretarla, pues no me acordaba de él. Vio mi duda y giro los ojos al cielo frustrado —Nos conocimos en un bar, tu amigo Zachary y yo peleamos y así gane esto.

Cuando señaló la férula que cubría su muñeca los recuerdos volaron a mi mente. Él era el amigo de Anelisse que la acompañaba el primer día que hablamos, relaje los hombros y le sonreí.

—Lo lamento, hombre, no te he reconocido. Apenas me estoy despertando —dije y apreté su mano con fuerza.

—Cómo sea, fui a buscar a Anelisse a su casa pero no estaba y Zachary me dijo que tal vez esta contigo...

Mi corazón bombeo rápido. ¿Zachary se había dado cuenta de que Anelisse estaba aquí anoche?

—¿Él te dijo eso? —me recargue en la puerta enojado, no sé cómo reaccionaria mi jefe al saber que le mentí a días que él me subiera de puesto. —Anelisse vino anoche pero se fue temprano, la última vez que la vi fue cuando se subió a su carro y salió de aquí.

El asintió y suspiro, me tomé el atrevimiento de preguntar:

—¿Son novios?

El me miro con los ojos bien abiertos y después se río, soltó una fuerte carcajada y se agarro de la pared, exagerando la risa. Como si yo hubiera contado un chiste.

—Hombre claro que no, somos amigos desde la universidad —aclaro aún con una gran sonrisa en el rostro, y me pregunté si debía de invitarlo a pasar —Me tengo que ir, debo de buscar a Anelisse para decirle que eh encontrado un apartamento en renta que se ajusta bastante a lo que ella esta buscando...

—¿Se está mudando?, ¿por qué? —pregunté curioso.

—No lo sé, anoche recibí un mensaje de ella piendome de favor que buscará un apartamento en renta y eso hice como buen amigo que soy —se encogió de hombros y empezó a bajar las escaleras del pórtico.

—¿Te molesta si te acompaño a buscarla? —pregunté con un pie afuera de mi apartamento.

—No me molesta en absoluto... Solo ponte zapatos antes de irnos —mire hacia abajo donde mis pies descalzos ya tocaban el tapete de la entrada.

Anelisse

Si alguien me hubiera dicho que el día hoy mi madre y yo nos encontraríamos en un restaurante almoranzando yo me hubiera reído con fuerza. Pero ahora estaba aquí, mi madre estaba sentada enfrente de mí mordiendo un pan tostado con la mirada puesta en su celular.

—¿Ya me vas a decir a que venimos? —pregunté inquieta. Bebí un poco de mi jugo de naranja con vodka esperando su respuesta.

—Quería esperar a que estuvieras un poco más ebria, —señalo mi vaso casi vacío —pero si estas tan desesperada te lo diré de una vez. —Limpió sus manos en una servilleta y quito las migajas de pan de sus labios. —Tu padre me ha contactado.

Mi corazón empezó a bombear sangre tan rápido que me sostuve de la mesa, pues a pesar de que estaba sentada sentía que me estaba cayendo.

—Fue hace un mes exactamente, me dijo que quería verte de nuevo pero no quería tomar una decisión sin antes consultarte —ella seguía hablando y yo solo me seguía sosteniendo de la mesa —Me ha dado su dirección y su teléfono, le he dicho que espere a que tu seas quien haga el primer paso para que no te presione, sé lo insistente que puede ser ese hombre.

Me tomé un momento para pensar pero lo único que pude hacer fue crear preguntas para él, ¿por qué te fuiste?, ¿por qué regresas ahora?

—Anelisse, ¿me has escuchado? —la voz de mi madre me sacó de mis pensamientos —Ten, aquí anote todo.

Me tendió una servilleta y la tomé entre mis dedos temblorosos.

—¿Cómo se llama? —pregunté.

Mi mamá me miro sorprendida antes de darle un sorbo a su taza de café.

—Pensé que recordabas su nombre —negué con la cabeza confundida, ¿debía de recordar su nombre cuando me ha dejado cuando era un bebé? —Se llama Elísseo.

Su nombre hizo que mi corazón diera un vuelco.

Elísseo. Mi padre.

—Me tengo que ir —dije, porque de la nada sentía que debía verlo de inmediato, que necesitaba hablar con el hoy mismo. —Nos vemos por ahí.

Saque un billete de mi cartera y lo deje en la mesa para pagar mi bebida, me la acabe de un solo trago antes de ponerme de pie y tomar mi bolso. Pero antes de salir me detuve, decidí que tenía que decirle ya a mi madre la decisión que había tomado anoche, así que regrese a la mesa.

—Me iré de la casa, mamá —mi comentario no pareció sosprenderla, mejor dicho, la enojo.

—Que sea hoy mismo —fruncí el ceño enojada —¿O es que acaso no has encontrado donde vivir aún?

Me estaba desafiando, levantando una ceja y frunciendo los labios.

—No te preocupes, hoy mismo empaco mis cosas y me voy. Adiós.

Me gire y volví a caminar hasta la salida del restaurante, volví a mirar la servilleta entre mis manos y suspire. La dirección de mi padre estaba cerca de la casa de Axel, así que decidí pasar primero a casa de mi amigo para pedirle asilo unos días y después iría con mi padre por la tarde.

Aquella palabra se sentía rara en mis pensamientos. Al fin volvería a ver a mi padre.

La Noche Estrellada Donde viven las historias. Descúbrelo ahora