Ni siquiera sé cómo he logrado sobrevivir estos días, ni siquiera sé cómo es que sigo viva después de un mes lleno de tristeza y depresión. Entre la carga de trabajo, las revisiones con el doctor, la dolorosa ruptura con Harry y la partida de mi abuela apenas tengo tiempo de respirar. Apenas tengo tiempo de dormir, comer o pensar.
Han pasado un montón de cosas en tan sólo tres semanas. Tantas que apenas puedo organizarlas en mi mente.
Mi abuelo me había llamado hace una semana para avisarme que mi abuela está internada en un hospital pues al parecer tiene complicaciones con su diabetes, cuatro días después me llamó para darme la peor de las noticias. Al parecer, mi abuela no sólo tenía complicaciones con su diabetes, si no que también con un montón de cosas sobre su salud, cosas que yo no sabía que tenía y sólo me hacen sentir culpable. Mi abuela falleció en un segundo, tres horas después de la última llamada que le hice.
—Ana... —alguien me llamó y levante la vista de mi celular —¿Vienes a cenar? —me preguntó Zachary.
—No tengo hambre —mi respuesta es neutra y repetitiva. Son las palabras que más he repetido estos días.
—No has provado ningún bocado desde la cena de ayer —dijo preocupado y yo lo deje de mirar para regresar los ojos a mi celular.
—No tengo hambre —dije una vez más.
—Te dejaré un bocado en el refrigerador para cuando se habrá tu apetito —dijo y cerró la puerta de mi recámara.
Aún miraba mi celular, los ojos se me llenaron de lágrimas y suspire. En la pantalla estaba el número de teléfono de Harry, estaba ahí como todas las noches y también estaban las ganas de llamarlo y hacerle saber que me sentía como la mierda. Que me estaba deshaciendo, me estaba perdiendo a mí misma y el único que me hacía sentir mejor era él. Pero sé que no lo llamaré como las otras noches, sé que sólo lloraré y no dormiré como todos los días.
Dejé el teléfono a mi lado y mis ojos cayeron en la fotografía, las flores y la vela que estaba encima de mi cómoda. Era la única manera que encontré en hacerle un homenaje a mi abuela pues no tuve el dinero suficiente para pagar un viaje y asistir a si velorio. Puse una foto suya en un portaretratos, una vela pequeña y dos rosas blancas que ni siquiera estaban en agua. Ahora no sólo había perdido a mi madre biológica, si no también a mi madre de sangre.
Me dejé caer en mi cama con la vista clavada en su fotografía, con la mente llena de recuerdos y palabras que nunca dije, con el corazón hecho un desastre y los hombros pesados.
Otra de las cosas que también me sofocaban era el nuevo empelo de mi padre. Al parecer le ofrecieron un puesto como neurocirujano en un hospital de Baja California, el empleo era bueno y tenía las prestaciones que él necesitaba. Sé que lo quiere, sé que es lo que necesita y lo que ama, y también sé que no lo ha aceptado por mí y mi estado de salud.
Sé que le preocupa dejarme sola pues, después de todo, es la única familia que tengo cerca, él y Emma son mi familia. No puedo evitar sentir que necesito decirle que se vaya a Baja California y que disfrute de esa gran oferta de trabajo, pero soy egoísta y cobarde, soy egoísta porque tengo miedo de que me dejé para siempre y soy cobarde por volver a estar sola.
Un toqué en la puerta me hizo limpiar mis lágrimas, segundos después la madera se abrió y Zachary volvió a aparecer pero esta vez llevaba un plato de comida en sus manos.
—Lamento si soy insistente, pero realmente me preocupa que no comas —me senté en la cama y le regalé una sonrisa triste.
Se sentó en el pie de mi cama y me extendió el plato de porcelana, ahí había verduras y arroz. No tenía hambre, pero aún así me acabé hasta el último bocado del plato sólo para tener a Zachary contento.
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La Noche Estrellada
FanfictionCuando la vida de Anelisse da un giro inesperado al enterarse del más grande secreto de su madre se da cuenta que entre más busca más encuentra secretos. Anelisse tendrá que luchar por mantener una vida normal a pesar de todas las circunstancias que...
