Capítulo 11.

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Para cuando llegaron las tres de la mañana, Zachary nos ordenó que cerráramos la cafetería. Sé que el haber encontrado al hijo de uno de los mejores amigos de su fallecido padre, lo saco de balance. Lo sé porque yo estoy igual.

Ya afuera del local con todo cerrado y asegurado el silencio entre los tres era incómodo, nadie decía nada y solo se escuchaban los pocos ruidos de la ciudad.

—Bueno... Nos vemos mañana —dijo Harry sin mirarme, le sonrió a Zachary antes de darse media vuelta y empezar a caminar por la banqueta.

Mi vista no se despegó de él hasta que se perdió en una esquina, suspire y dejé de ver hacia su dirección. Zachary me sorprendió cuando puso una mano en mi hombro y lo apretó con cariño.

—Ya se le pasara —dijo encogiéndose de hombros, quitándole importancia al asunto.

Cruzó la calle hasta llegar a su camioneta y le quito él seguro, las luces parpadearon y él se subió sin darme un último vistazo. Cuando encendió el motor tocó el claxon para llamar mi atención.

Suspire mirando una vez más a la dirección en la que Harry había desaparecido antes de cruzar la calle y subirme a la camioneta de mi hermanastro. Prendió la radio y rock empezó a sonar, no me sorprendió que le subiera al volumen.

—Te dejaré en casa e iré a arreglar unos asuntos —dijo poniendo la direccional.

—¿Qué clase de asuntos? —sé que no era de mi incumbencia pero no pude evitar preguntar.

Él suspiro mirando él espejo retrovisor antes de mirarme.

—Asuntos buenos, —aclaró —O al menos eso creo...

~•~

Por la mañana me había despertado demasiado tarde. Eran las doce del medio día cuando apenas me estaba duchando y dio la una de la tarde cuando apenas estaba almorzando.

—Llegaron muy tarde anoche —dijo mi madre entrando a la cocina. Vestía una blusa de vestir con una falda apretada y zapatos altos negros —¿Cómo les fue en él trabajo?

—Bien, nada nuevo —dije cortante. Aún no olvidaba que había un golpe morado en mi ojo y ella no se había preocupado por eso.

—¿La cafetería esta estable?, espero que esten vendiendo mucho. Entre mas fondos mejor —me molesto su arrogancia pero no lo hice notar.

—Si, ya sabes, a Zachary le gusta tener todos esos fondos en su cuenta —ella me miró mal antes de darle un largo trago al jugo de naranja.

Seguí masticando mi sándwich concentrada tratando. La puerta de entrada se escuchó ser abierta y Zachary entró a la cocina con la misma ropa de ayer puesta todavía.

—Buenos días, hijo —no pude evitar sentir como él sándwich se atoraba en mi garganta pero con unos pequeños golpes en él pecho logré pasar la comida.

Mi madre era una hipócrita.

Zachary no respondió y simplemente caminó directo a la alacena y sacó una caja de galletas. Caminó hasta la salida  pero sus pasos se detuvieron debajo del umbral de la puerta, se giro por completo y caminó hasta mí mientras sacaba un papel de su bolsillo trasero.

—Te llegó correo —dejo el sobre encima de la mesa, justo a un lado de mi plato y se fue sin decir más.

Sentí la mirada de mi madre sobre mí, curiosa y demandante. Sabía que quería que lo abriera enfrente de ella, pero no soy tan estúpida.

Tomé el sobre y me bajé de la silla alta, tome lo que quedaba de mi sándwich y sali de la cocina corriendo a las escaleras. No me detuve cuando mi madre me llamó a gritos y cerré mi puerta con seguro cuando estuve dentro de mi cuarto.

La Noche Estrellada Donde viven las historias. Descúbrelo ahora