Capítulo 37

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Siempre he creído que las cosas suceden por una cosa. Que el destino está escrito y así se debe de cumplir, y a lo largo de mi vida siempre me he topado con gente que me dice que el destino lo crea uno mismo día a día, pero mis creencias son fuertes... Hasta que mi vida se empezó a salir de control comencé a dudar de ellas, tal vez yo estaba equivocada y podía cambiar la dirección en la que iban las cosas. Traté de hacerlo, traté de cambiar las cosas e hice algunas que sabía que alterarían mi futuro pero siempre pensé que lo harían para bien, y hoy me doy cuenta que efectivamente mi destino ya esta escrito, pues por más cosas que haga siempre termino volviendo al mal camino. Por más fuerza de voluntad que apliqué para salir de éste camino, siempre me quedo aquí. Estancada.

—¿Me escuchaste? —mi abuelo me llamó —Tu abuela tiene alzheimer fase dos, cariño.

Y, de vez en cuando, el destino de las demás personas aplica una fuerza en él tuyo. Cómo si pareciera que están entrelazados o están hechos para chocar entre sí.

—Sí, te escuché...

Pues justo cuando pensé que todo iba a ser más liviano, que todo iba a ser más fácil de sobre llevar, llega una gran avalancha de malas noticias y de problemas. Problemas que tienes que superar, vivir con ellos o simplemente ignorar.

—El doctor me ha dicho que es mejor contratar a una enfermera para que cuide de ella o que se hospede en un asilo para personas con su enfermedad —la voz de mi abuela se escuchaba gangosa, como si hubiese estado llorando. Y apesar de que nos separaban más de mil kilómetros, yo sentía su dolor.

—¿Y tú que quieres hacer? —pregunté, mientras me sentaba en la orilla de mi cama.

—Quiero que ella se sienta cómoda, —su respuesta me hizo sonreír de tristeza —pero el taller mecánico no me da suficiente como para pagarle a una enfermera, entonces mañana mismo empezaré a buscar un asilo...

Reprimi un sollozo para que él no se diera cuenta de que había empezado a llorar.

—Sé que quieres tenerla a tu lado, pero tal vez es mejor para ella estar con personas que la entienden —traté de darle ánimos cuando ni siquiera yo podía mantenerme de pie.

—Hija, ella ya no te recuerda. No recuerda a tu madre y apenas reconoce a tus tíos y sus demás nietos —alejé el teléfono para soltar un sollozo de dolor y cuando me recompuse volví a hablar.

—Tenemos que aprender a vivir con esto, abuelo. Somos fuertes y nuestro amor por ella también lo es, cualquiera que sea tu decisión yo la apoyo y por el dinero no te apures, yo te mandare algo mensualmente para ayudar.

—Cómo me gustaría que estuvieras aquí, —suspiró con tristeza y yo también lo hice —pero sé que haces lo posible por mantener el contacto con nosotros, hija. Y recuerda, siempre estamos pensando en ti. Te amo, hablamos después.

Se despidió de mí y me mando un beso antes de colgar la llamada, entonces me desvanecí en silencio. No podía creer que esto hubiera pasado, no tenía idea de cómo habíamos llegado a esto y se supone que esta enfermedad es genética y jamás la había escuchado en nuestra familia.

—¿Anelisse? —escuché una voz del otro lado de la puerta, y era Axel —¿Estás bien?

—S-sí, yo estoy haciendo una llamada —contesté con una mentira pues estaba cansada de agobiar a mis amigos con mis problemas, y preferí mantener esta noticia para mí misma.

Escuché sus pasos alejarse y salí de mi recámara para ir al cuarto de baño y lavar mi rostro. Mis ojos se habían hinchado y el poco maquillaje que había aplicado en mi rostro se había corrido, antes de que mi abuela me llamara yo me estaba arreglando para ir a casa de mi padre a conocer a esa persona que tanto me quiere presentar. Pero ahora ya no estaba tan segura de querer ir.

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