Capítulo 3

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Alexa

Se nota que Sebastian está maravillado con el paisaje que hay a nuestro alrededor. Noto la curiosidad en su cara, pero a la vez la forma en que me mira me incomoda. No es porque lo haga con descaro ni mucho menos, lo veo respetuoso y bien portado, soy yo la que se sonroja al verlo. Cuando me agarra del brazo para pedirme que me quede, me recorrió un escalofrío que no puedo describir con palabras.
- Si claro, te puedo contar la historia completa de este lugar y sus leyendas. Pero eso va a tomar mucho tiempo. Para cuando terminemos vas a estar congelado. — es lo primero que se me vino a la cabeza como respuesta.
- Entonces ¿por que no me acompañas? Me hospedo en el hotel que está al inicio de la calle principal. Te invito un chocolate caliente y me cuentas.
- Buena forma de convertir esto en una cita — solté sin darme cuenta de mis palabras.
- La verdad es que nadie dijo la palabra 'cita' — todo mi rostro se torna caliente y de seguro apareció un color rojo fuego por toda mi cara de la vergüenza que siento en este momento — jajaja pero si quieres, podemos transformarla en una.
- Perdón. No quise insinuar eso, ni siquiera sé por qué lo dije.
- Está bien Alex, ¿te dicen así verdad? — asiento con la cabeza — la verdad es que te invité un chocolate porque vienes en esa moto sky y me tienta demasiado ir en ella, más aún si la que conduce eres tu.
De nuevo me recorre el calor de la timidez. No lo dudo, voy a llevar a Sebastian a su hotel.
- Esta bien, sube.
- ¡YAYYYY! — Grita y levanta sus brazos emocionado.
Le paso el casco de acompañante que siempre llevo de repuesto en la parte de atrás. Le doy algunas indicaciones: - Tenes que subirte tu bufanda y después colocate el casco. Deja tus manos al costado de tus piernas, no te vas a caer si aferras bien tus pies y por nada del mundo te agarres de la parte de atrás porque ahí si que te vas a caer.
- Entendido. — sigue mis instrucciones y se pone el casco. Ya estamos listos para irnos.

Sebastian

Noto que a Alexa le gusta dar indicaciones y llevar el control de la situación, otras veces viaje en moto sky pero la dejo que me de todas las instrucciones que quiera.
Nos ponemos en marcha y la vista es espectacular. Me está llevando una niña hermosa que conoce estas tierras como la palma de su mano y se nota cuánto ama este lugar. Nos adentramos en un bosque, con prados de un verde puro ¡increíble! Jamás pensé ver tanto color y al salir otra vez la nieve que cubre el resto del camino. Voy a hablar con el equipo para contarles de este lugar, quiero que aparezca en el videoclip, vendremos mañana en la segunda y última jornada de grabación.

El viaje a espaldas de Alexa no duró más de veinte minutos. Dejamos su moto sky en la entrada del hotel. Entra conmigo y la invito al comedor donde pedimos dos tazas de chocolate caliente y humeante. Quiero ser yo quien lleve el hilo de la conversación, me da miedo que descubra quien soy, aunque en realidad hasta ahora no me ha dado ni una señal de que lo sepa.
- Entonces, Alex ¿cuantos años tienes? — la sorprendo con la pregunta mientras toma un sorbo de su chocolate.
- Cumplí 19 años hace seis días ¿vos?
- 'vos' jajaja — me da la risa tonta — me encanta Argentina y su forma de hablar. Yo tengo 23 años.
- ¡Que viejo! — me mira seria — jaja ¡es un chiste! Por burlarte de mi tonada, acá se habla de 'vos', pero por lo que veo vos usas el 'tu' — caigo en la cuenta de que me estuvo prestando más atención de la que supuse.
- Si, de donde yo vengo nos tratamos de tu.
- Me gusta, es formal y suena lindo en las oraciones. No se si podría acostumbrarme alguna vez a hablar así, pero me gusta como suena.
- Tampoco yo podría decir "¿vos cómo estás?"— imito el acento argentino a mi manera, un tanto exagerado. No es la primera vez que lo hago, como bien dije amo este país. Alex estalla de risa y propone enseñarme un sin fin de palabras que utilizan aquí y así pasamos la tarde entre risas y "cultura" lingüística hasta que nos dolía la barriga, o panza como dicen aquí, de tanto reírnos.

Llevamos más de tres horas sentados y también unas tres tazas de chocolate caliente cada uno. Mi celular empieza a soñar sin parar y se que es Robert, pero no quiero que mi momento con Alexa se termine. La estoy pasando muy bien con ella, en su compañía. Luego de que termine mi actuación como pseudo argentino, me contó historias de este lugar. Como se fundó, las creencias de cada región. Como se porta el clima y la tierra en las distintas estaciones del año. Al final, terminó añadiendo algunas leyendas urbanas de terror sobre los misterios en las montañas, lagos y bosques. Todo su relato completo me resultó tan interesante que no hice otra cosa que prestarle atención a cada palabra que salía de su boca.
Hace muchísimo tiempo que no disfruto de un momento así, siendo simplemente Sebastian. Últimamente todo se trata de Yatra, el alter ego de mi persona. El se lleva toda la atención. Me duele a veces pensar que solo se acercan a mi por ser artista, para que se les "pegue" mi fama o mi reconocimiento. Ya nada es como antes y eso es algo que siempre lo tuve en claro a la hora de decidir qué quería vivir de mi música, nunca caí en la cuenta de lo complicado que resulta separar tu vida de artista de la vida real. Quizás por eso elegí crear a Yatra, para desprenderlo a mi manera de Sebastian Obando.
Hoy es el, quien está compartiendo una taza de chocolate caliente. Solo Sebastián Obando, en el punto sur de Argentina cerca del fin del mundo, con una niña desconocida que en tres horas dejo de ser una completa extraña.
A partir de ahora Alexa va a permanecer siempre en mis recuerdos porque este respiro que sin saberlo me está brindando, se lo voy a agradecer siempre. Además, jamás podría olvidar unos ojos tan bonitos. Bueno, toda ella en general es hermosa.

- Sebastian ¡Mira la hora que es! Me tengo que ir. — Se levanta de su lugar a toda prisa, poniéndose su abrigo y cogiendo sus llaves de la mesa. Quiero decirle tantas cosas y como un tonto no me sale decir nada, ni siquiera pedirle su número de teléfono. Puede que sea un error ya que dudo volver a verla pero me queda un día más en este lugar, quizás podría intentarlo.
- Lo siento mucho por retenerte tanto tiempo. Me gusto compartir esta merienda y la charla contigo. ¿Crees que podemos encontrarnos mañana nuevamente? — me mira extrañada pero no tarda en contestar.
- ¿Así como una cita? — su rostro toma un color rojizo avergonzado y me provoca una sensación de ternura difícil de explicar.
- Una cita de amigos. Solo si a ti te parece ¿quieres?
- Si, está bien. Puedo mostrarte el bosque que tanto te gustó.
- Sería todo un placer para mi. Nos encontramos aquí, en el hotel. Te voy a estar esperando a las cuatro de la tarde.
- Hecho. Voy a venir a esa hora. Hasta mañana Sebastian. — deja un ligero beso en mi mejilla derecha y me da un cosquilleo en la zona por la hermosa sensación de sentir sus labios en mi piel. Espero que esto no signifique lo que estoy pensando. Tranquilo corazón, no es momento ni lugar. Ahora no. Aunque no veo la hora de que sea mañana a las cuatro de la tarde.

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Otro capítulo!
Estoy disfrutando mucho de escribir esta historia.
Espero sus comentarios de que creen que vaya a pasar.

Mi fin del mundoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora