Vivir en el punto más escondido del planeta nunca fue un problema para mi, amaba estar en la punta del mundo. El problema empezó cuando mi papa decidió abandonarlo.
En el medio, apareció él. Mi mundo o quizás mi fin del mundo. Espero me acompañen a...
El departamento de Sebastián me despierta recuerdos muy lindos. Tantas charlas, anécdotas. Nuestros intentos fallidos de ver películas sin dormirnos o de elegir una serie que nos guste a los dos. Este aroma a hogar que se creó con la mezcla de su perfume combinado con el mío, me da escalofríos. ¿En que cabeza cabe que nuestra historia se vea empañada por mentiras? Me voy a la habitación para recostarme, el dolor de cabeza me está matando. Sobre la cama hay algunas prendas de ropa, las retiro y también me encuentro con su computadora. Está prendida y se que no debería revisarla pero aún asi lo hago. Música, cosas del trabajo. Una carpeta con mi nombre con fotos mías y otra con fotos y videos de todo tipo. Los empiezo a ver y delante de mis ojos aparece la prueba del horror. Son momentos de Sebastián con sus amigos, en fiestas, tomando, con miles de mujeres distintas. Y la última carpeta es peor que la anterior es una colección de capturas de notas donde se habla de el. Pero no de las que dicen cosas lindas sobre su carrera sino de chismes y romances. Las lágrimas empezaron a brotar como cataratas. ¿De quien me enamore?. Voy a la cocina a buscar un vaso con agua y me encuentro una botella de tequila. Nunca tomo alcohol pero esta noche lo necesito. Le quito la tapa, doy el primer trago y me familiarizo tanto con el sabor como con el ardor que me produce en la garganta. Al volver a la habitación me sigo amargando con las notas, hay miles. Empiezo a ver como lo relacionan con colegas, con presentadoras, con modelos, actrices y todo par de tetas de Colombia y el mundo.
Claro que después de dar varios tragos el tequila está haciendo su efecto. Empiezo a sentir calor y ya ni siquiera se cuanto tiempo paso desde que entre por la puerta, todo me da vueltas. El timbre empieza a sonar pero me cuesta mucho levantarme de la cama o desprenderme de la pantalla de la computadora mejor dicho, llevo quien sabe cuantas notas leídas. Cuando consigo ponerme en pie tengo un mareo de esos que te hacen perder la estabilidad. Me entra la risa por todo, porque supongo que estar tomada es eso: risas y disparate. Abro la puerta y caigo en brazos de Sebastián. - Amor ¿que tienes? - Ngada de amorr, tu y yo nada de nada. — trato de hablar bien pero reconozco que no se me entiende una sola palabra - Esta bueno pues, que chimba estas borracha. - Uy si que rrrreesponsable el - Ven aquí, vamos al cuarto - Pervertido — me da la risa de nuevo - No voy a hacerte nada más que acostarte y en lo posible convencerte para que te duches o no se te quitara el trago del cuerpo. - ¿Y quien te dijo que quiero que se me quite? Llévame a mi casssa — me vuelvo a caer encima de él pero esta vez ya no está en la puerta del departamento sino que se metió dentro — uy que fuerrtesito estás ¿tienes novia? - Si tu, y ya deja eso. Aunque te ves bien chistosa. Ven a mi cuarto, te cargaré. - No soy una bebe. - Para mi si lo eres - Para vos todassss lo son — los contraataques de salen de mi boca uno tras otro, es como si no me pudiese contener ante las ganas de decirle todo lo que pienso. Llegamos a la habitación y ve la computadora encendida con las notas, no me dice nada. Quizás porque estoy muy tomada o quizás porque no le importa a esta altura que me entere de todo. Queda resto en la botella, la vuelvo a agarrar. - ¡Unnn brinnndiss! ¡Por ti! - ¡No, ya basta! — me la saca de las manos y yo nuevamente la saco a él vertiendo el resto del contenido encima de mi ropa. Ahora si que no soy capaz de aguantar la risa, estoy toda empapada de alcohol. - ¿Muy graciosa la niña no? Estás toda empapada de alcohol. - Como una torrrta borrachhhha - No sabes ni lo que dices, debes ducharte o mínimo cambiarte la ropa, usa algo mío. - De ti no quiero nada, ni siquiera tu ropa. Cochino, mentiroso. Me usaste, no te importó mentirme. - No vamos a hablar en estos términos. Tu, no estás bien. Tienes razón en lo que dices y lo siento muchísimo pero podremos hablarlo cuando estés en todos tus sentidos. — se pone a revolver sus cosas buscando quien sabe que, al minuto se dirige a mi nuevamente — ten, usa esto. — me arroja una prenda femenina, una remera creo. - Esssto ¿se olvidó alguna de tus amantes? Que apropiada, justo para que lo pueda usar otra. Tan solidaria. — la levanto con asco en el aire - No sabes ni lo que decís, eso lo compré para ti. Pensé que si te quedabas, alguna vez, necesitarías una pijama. Si te fijas tiene su etiqueta puesta aun. — se puso colorado y le queda divino, admito que me gusta que piense en mi, pero no voy a dar el brazo a torcer - Para mi o para la que toque ¿no? — en el fondo se que este detalle fue solo para mi o quiero creerme eso para no hacerme más daño - No, para ti y punto. Cambiate, te hará mal seguir mojada y más si es de alcohol. — Me saco la ropa, ni siquiera pienso en que estoy delante de él y que nunca me había visto sin ninguna prenda. Lo veo tan nervioso que quiero prolongar esto un poquito más. Me pongo la remera que me pasó y me saco la parte de abajo. Sebastián abre bien los ojos. - ¿Que haces? - ¿No dijiste que me cambie toda? Préstame algo que usar solo me pasaste la parte de arriba. - Si, déjame que te busque. - Acertaste a mi talla ¿me queda bien? - Si, te queda linda. - Foootooo - Alex, princesa, estás muy tomada, no quieres una foto. - Que si la quiero o sino me voy así como estoy. - Esperate pues, en la buena te sacare un foto. Exploto en una sonora carcajada al verla.
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- Que chistoso sale uno con unas copas de mas. - Bueno, tú tienes toda la botella de mas amor. Me acomodo mejor para una nueva foto. Se que estoy jugando con fuego. El alcohol me hace soltarme. - Quiero otra foto - A lo bien. Sebastián se queda inmóvil mirando la pantalla de su celular. Se le llenan los ojos de lágrimas y no entiendo por qué. - ¿Tan fea estoy que lloras? - Por el contrario, que nota. Si tu eres un ángel que ni el verraco mismo. - Me duele mucho la cabeza. - Tenes que descansar linda. - Quiero que me abraces para dormir. - Allie, princesa, no hay nada que yo quisiera mas en esta vida. Pero tu y yo no hemos resuelto nada. Mañana te arrepentirás. - No te lo voy a volver a pedir Sebastián. No quiero estar sola. — me acomoda los mechones de pelo rebelde que me caen en la cara. - Esta bien, ven. — abre sus brazos y a mi se me va la vida acurrucándome en su pecho. Se que mañana me voy a arrepentir. Se que estoy dejando que la borrachera actúe por mi. Se que estoy en brazos del enemigo. Pero también todos sabemos que lo amo y que al menos está noche, lo necesito.