Capítulo 97

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Alexa

Un video de Sebastián y Martina besándose. Eso es lo que se volvió viral en menos de diez minutos. Es decir que, no solo grabaron una canción y un videoclip juntos sino que también simularon una historia de amor, donde son los protagonistas, donde hay besos, donde cuentan que se quieren. Si a todo eso le sumamos la entrevista donde Sebastián confiesa que "Si Tini no estuviese con Pepe le tiraría los perros", esto es una completa locura. La cantidad de cosas que tengo para procesar ponen todo mi mundo de cabeza. ¿Como es posible que después jurarme y perjurarme que con Martina no pasaba nada me venga con esto? Mi paciencia llegó al límite. Pepe tenía razón, Christian tenía razón, yo y mi intuición teníamos razón, no lo quise ver. Estaba ciega por Sebastián, presa de sus mentiras, bajo los efectos de sus encantos. Nunca fue amor, porque el que ama no te lastima de esta forma. Cuando una relación funciona como corresponde no necesitas darle un millón de oportunidades porque simplemente no hay margen de error. Cuando estableces un compromiso con otra persona depositas tu confianza y tu respeto. Ambos son parte fundamental para sostener la relación. Con Sebastián todas son mentiras. Nunca me enteré de la grabación del video. No se en que momento de sus viajes fue a esa playa y pasaron todas esas cosas. Como siempre, podría haberme advertido el primero para que no me lleve puesta semejante sorpresa, pero no, siempre es más fácil mentir y ocultar, porque la idiota le perdona todo. Esta vez no. Esto fue lo último.
Salgo como loca del departamento, no quiero estar más acá, me repugna. Agarro un abrigo y cierro de un portazo. No me freno a esperar el ascensor, bajo las escaleras a toda velocidad. Al salir del edificio busco un taxi, es una noche muy lluviosa, menos mal que agarre una campera de Sebastián, me pongo la capucha a la espera de conseguir transporte, pero con el clima así es casi imposible. Meto las manos en los bolsillos a causa del frío y me encuentro con unas llaves, son del auto de Seb. Decido que me lo voy a llevar a mi casa, me lo debe, no quiero estar ni un minuto mas acá, necesito irme a como de lugar. Después que lo vayan a buscar o que vaya el, no me importa. No me voy a quedar con su auto, no me interesa quedarme con nada que tenga que ver con el, tengo suficiente con quedarme con todas sus mentiras y engaños.
Voy hasta el estacionamiento, saco la alarma y me subo en el auto. Se prende la radio, obvio que están pasando 'No hay nadie mas' yo y mi suerte, es el destino que no para de burlarse de mi. La apago, dejo mi celular en el asiento de acompañante y al encenderse la pantalla veo la imagen congelada del beso entre Martina y Sebastián. Siento una punzada de dolor en el alma.

Cuando el dolor va disminuyendo, se me sube una rabia imposible de soportar, me dan ganas de vomitar pero no lo hago y sin darme cuenta estoy llamando a Sebastián

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Cuando el dolor va disminuyendo, se me sube una rabia imposible de soportar, me dan ganas de vomitar pero no lo hago y sin darme cuenta estoy llamando a Sebastián. Pongo alta voz, para manejar mientras hablo.
- Hola amor.... — no contesto, no se que decir — amor... ¿estas ahí? — insiste él.
- Ya no soy tu amor... — cuando esa oración sale de mi boca, siento un alivio enorme en mi cuerpo, necesitaba terminar definitivamente con esta historia de mentiras, secretos y engaños.
- ¿Por que dices eso princesa? ¿Que pasa? — ahora si que pierdo el control por completo
- ¡¿Con que cara me preguntas que pasa?! — grito presa de la furia y del dolor que me oprimen el pecho, esquivo unos cuantos autos y paro en un semáforo en rojo.
- No grites, contame que pasa porque no estoy entendiendo — sabe perfectamente qué pasa, pero es un actor de primera.
- ¡Voy a gritar todo lo que quiera! Estoy cansada de vos, de tus mentiras ¿pensaste que otra vez no me iba a enterar? — el semáforo cambia de color y arranco a toda velocidad, me tengo que calmar
- ¿Que fue eso? ¿Estas conduciendo? — ese tono fingido de preocupación no va a desviar la atención de la conversación Yates, ni lo sueñes.
- ¡Si! Y me lleve tu auto — me imagino su cara, nunca antes hice algo así, que se joda.
- Esta bien, ten cuidado. Necesito que me expliques porque estás tan brava conmigo — y mientras más se hace el tonto, más se aviva mi bronca.
- ¡No puedo creer que seas tan cara dura Sebastián! ¡Estás a los besos con Tini! ¡Lo sabe todo el mundo! — doy un volantazo porque me sorprende una señal de alto.
- ¿Podes por favor tranquilizarte? No podes conducir así, linda, te lo contaré todo en persona. Dime dónde estás y voy por ti. — esta idiota no va a caer más en sus jueguitos esta vez se acabo todo.
- ¿A donde vas a venir? estás en Europa, no me tomes por estupida
- No me importa salgo para allí y en unas horas estaré contigo, por favor, vuelve al apartamento iré para allá. — no está hablando en serio me quiere calmar como si fuese una loca.
- No Sebastián, se termino, no quiero saber nada de vos ni con vos. ¿Que me vas a explicar? ¿Que no es un beso de verdad que es un efecto especial?
- Linda, jamás te haría eso tu lo sabes, deja que lo resolvamos juntos. Tienes que escucharme — me suplica y yo no quiero escuchar más nada. Siento que si me habla un poco más, es capaz de convencerme porque eso es lo que él hace. Seduce como el canto de una sirena. Pero esta vez no va a pasar, ya no tengo más oportunidades para el, llego muy lejos. Continúo diciéndole todo lo que tengo atravesado en el pecho que me está matando de tristeza.
- Dijiste en una entrevista que si ella no estuviese con Pepe, estarías luchando para que sea tu novia... — soy consciente de que se me quiebra la voz, pero ya no me importa. No me voy a hacer la fuerte cuando en realidad estoy rota.
- Eso... eso es lo que la prensa y los fans quieren escuchar. — es el colmo, el cinismo con el que carga no conoce de límites.
- ¡Claro! ¡Yatra el marketinero! No me vengas con esas excusas idiotas. ¡Estoy cansada de vos! ¡Estoy harta de tus mentiras! De llorar por todo el daño que me haces sin ponerte a pensar un poco en mi, ¡el que ama no lastima de la forma en que lo haces vos! ¡Mierda! — en ese momento lo único que siento es un fuerte ruido, un dolor en la espalda y después solo queda silencio. Un silencio que aturde, que duele pero que al final calma. Y eso es lo que necesito en este momento calma, mucha calma. Me abrazo a esa sensación y me dejo ir porque ya no me quedan fuerzas para seguir discutiendo con Sebastian ni mucho menos para seguir sosteniendo una relación con el. Me repito a mi misma una y otra vez que el que ama no lastima, al menos no de la forma en que Sebastián lo hizo conmigo. Pienso en el amor de mis padres, que ni la muerte los pudo separar. Pasaron tantos años desde que mamá ya no está y mi papá la sigue amando, la venera como si todavía estuviera entre nosotros. Esa es la clase de amor que quiero y necesito. Un amor sano, puro, leal y sin condiciones. Sin lágrimas, sin mentiras y ahora, sin Sebastián.

Mi fin del mundoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora