Capítulo 63

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Alexa

No se porque me asusté tanto. Nunca se me cruzo por la cabeza que Sebastián me pudiese hacer daño ni mucho menos, simplemente creí que iba a estallar mi celular contra el piso. Cuando me vio arrinconada a un costado, en su mirada se asomó el horror y el arrepentimiento a la vez.
- Mi amor no... — se acerca a unos pasos de mi e instintivamente me voy para atrás. Le duele, lo veo en su gesto. — perdón, amor, amor por favor, por favor, lo siento de verdad. No iba a hacerte daño ¿de verdad te asuste? ¿Como piensas eso de mi? Yo jamás... — corro hasta el y lo abrazo, me arrulla contra su pecho y descanso en lo bajo de su cuello. Su perfume me calma y los latidos de nuestros corazones empiezan a ralentizarse, poco a poco volvemos a la normalidad.
- Nunca pensé que me ibas a lastimar Seb, por más enojado que estés yo te conozco, se que nunca me harías ningún mal. Me asuste porque creí que ibas a estallar el celular contra el piso — digo todavía prendida a su abrazo, se tensa e intentar mantener la calma. Hay una batalla en sí mismo que se empieza a librar.
- Nunca creí que tu podrías ocultarme algo. Te enfadaste conmigo cuando lo hice y me pusiste como chimba cuando estuve en el mismo plan.
- Lo sé y estoy muy arrepentida pero a diferencia de vos, yo no planifique mentirte estaba esperando el momento para contarte.
- ¿Me puedes explicar ahora? Estoy a punto de volverme loco, por favor.
- Esta bien, veni — me separo de él, lo agarro de la mano y volvemos a la cama.
Al principio se rehúsa un poco a recostarse, quiero abrazarlo para poder hablar sin que pierda la paz. Estoy jugando un poco sucio lo sé, pero no quiero volver a verlo en mi vida, como lo vi hace sólo unos minutos atrás. No podría soportarlo. Nos abrazamos, vuelvo a su pecho y empiezo a hablar.
- Christian me llamo para invitarme a ser embajadora de una marca de ropa en la que el se hizo socio. Ayuda a un amigo a sacar adelante su negocio y por eso se convirtió en dueño de la mitad de todo. Pensó en mi, hablo con Robert y el equipo decidió que la propuesta es buena. Me lo comunicaron a mi y acepte.
- Rapidita para ayudar al amiguito...
- ¡Sebastián! Si te vas a poner así de tonto no te cuento más nada — me bajo de su pecho y le doy la espalda. No se puede hablar en serio con el cuando está así.
- Ya, ya perdón — me da la vuelta y coloca mi cabeza sobre su pecho una vez más — sigue.
- Eso es todo. Le dije a Robert que aceptaba y supongo que el ya se lo comunicó a Christian por eso me llamo y mando ese mensaje.
- Así que ahora tu amiguito cree que como vas a ser el embajadora de la marca que compro, justo cuando tú te dispones a iniciar tu carrera de modelo, ¡que casualidad! — exclama con aire dramático — ahora va a pasar tiempo contigo. No si disque redondito le salió el negocito.
- ¿Vos te escuchas? ¡Estás muy celoso!
- ¿Y como quieres que este? Si este huevon de Los Angeles, piensa que puede pasearse con mi novia en mis narices.
- Yo no me voy a pasear con nadie, voy a hacer mi trabajo, para el que me comprometí. No voy a estar sola, Malu va a venir conmigo.
- Y también estaré yo...
- Nada me haría más feliz que tenerte ahí conmigo — una sonrisa de triunfo se asoma en sus labios los cuales ya no me aguanto las ganas de besar y sacarle todos esos celos inútiles que lo atormentan sin necesidad.
Me deja tomar el control a la hora de unir nuestros labios, como acto reflejo termino subida en sus piernas. El beso inocente empieza a tomar temperatura y me alejo un poco, no es momento ni lugar para perder el control.
- Perdón mi amor, no pienso con claridad cuando estoy besándote y menos aún si te montas sobre mi — me sonrojo por las palabras que Seb acaba de elegir para describir nuestra escena.
- Seb, necesito que lo pasó hace un rato, no se vuelva a repetir. Tenes que confiar en mi, no podes revisar mi celular, tampoco podes hacer esta escena. No me gusta que me grites.
- Linda, no pasará nunca más, te lo prometo. Lo siento de veras. Estoy muy apenado por mi reacción. Pero tú también tienes que confiar en mi, te juro que yo no revise tu celular, lo cogí por si era tu padre y ya luego salto el mensaje en la ventana de notificaciones y... — pongo mi dedo sobre sus labios, le creo. No necesito que explique más. Quiero ponerle fin a esta discusión que nunca debió existir.
- Esta bien, ya pasó. Creo en vos. Ahora muero de hambre ¿podemos ir a merendar algo?
- Claro que si, lo que tu quieras princesa.

Después de una merienda juntos, Sebastián y yo pasamos la tarde jugando con Rancherito y Aureliano. Me moría de ganas de conocerlos y por fin se dio la oportunidad. Ver lo tierno que es Seb con sus mascotas me hace amarlo aún más, además, reafirmo lo valiente que es por soportar estar lejos de su familia, de todos sus seres queridos, incluidos sus dos hijitos perrunos.
Mientras lo veo cómo persigue a Aureliano con su pelota, Maria Adelaida viene hacia mi.
- Hola mijita ¿cómo la está pasando? ¿Se siente a gusto aquí?
- Hola Maria Adelaida, claro que me siento muy a gusto. Ustedes son muy amables y gentiles al recibirme. Me lo estoy pasando de maravillas.
- Escuché a Sebastián alterado hace unas horas — me tenso de pies a cabeza por su comentario
- El... lo que pasa... es que nosotros... — no me sale la voz, no se que decir, se me traban las palabras. Me pone la mano en la rodilla infundiéndome confianza y cariño.
- Tranquila mi niña, yo también tengo un esposo, si bien ustedes no están casados, déjame decirte que es lo mismo. En el amor también surgen las diferencias. Pero esas diferencias no tienen que caer en los extremos. No permitas nunca, que te levanten la voz. Menos un hombre, aunque ese hombre sea mi hijo. Si tu no le pones un freno, yo lo haré. No crié a mis hombrecitos para se comporten como patanes con las mujeres. Esos valores no son de esta casa — que mujer admirable, necesito darle calma
- Maria Adelaida se que les brindaron la mejor educación a sus hijos. Te veo y también veo a Anibal, como son el vivo reflejo de las buenas costumbres y el eje principal de esta familia. Andres, Juan Manuel y Sebastián son hombres de bien. Felices, enfocados en sus carreras y muy buenas personas. Todo eso se consigue con amor y cimientos fuertes en el seno familiar. Lo que pasó entre Sebastián y yo, fue un mal entendido. Lo puse en su lugar, si es lo que te preocupa. El nunca más me va a levantar la voz. Yo tampoco lo voy a permitir, pero quiero que te quedes tranquila que el solito se dio cuenta de su error.
- Confío en ti mi niña, no le diré nada, no voy a ser de esa madres metomentodo, pero juiciosos. Se me quieren y se me respetan por encima de todas las cosas.
- Así va a ser, te lo prometo — y se que lo estoy repitiendo esto en voz alta más para mi misma que para ella porque al paso al que vamos, voy a ver seguido a Christian y Sebastián va a estar como loco.

Mi fin del mundoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora