-Pensé que jamás te vería de esta forma- añado con una sonrisa en mis labios.
El esmoquin que lleva puesto le marca todas las partes correctas de su cuerpo. A pesar de que Alec no tiene el cuerpo de chico atlético, me atrevería a decir que se ejercita dos veces a la semana, aún así, no por eso deja de ser menos atractivo.
Sus ojos descienden con lentitud por todo mi cuerpo, haciendo que el ritmo de mi corazón aumente ridículamente. La forma en la que me está observando es de absoluta admiración, e instantáneamente el calor se adueña de mis mejillas. Es inevitable no sentirme la chica más hermosa del mundo cuando él me mira de esa forma.
Después de que termina de hacer su breve escaneo por toda mi anatomía, vuelve a fijar sus ojos en los míos.
-¿Esto?- cuestiona mirándose a sí mismo y ríe por lo bajo como si acabara de recordar algo- No es mío, es de Adam. Él lo usó en el funeral de su abuelo y...- cierra la boca de golpe y sus cejas se fruncen al percatarse que tal vez no debió decir aquello. Las comisuras de mis labios de elevan en una pequeña sonrisa al saber que no soy la única nerviosa por esta noche- Como sea- dice- Estás....bueno, tú estás...quiero decir, luces mucho más hermosa esta noche.
Mi rostro arde y siento las mariposas revolotear en mi estómago.
El sonido de unos pasos acercándose a nosotros me hace tragar saliva. Mi madre llega a mí encuentro con una cálida sonrisa en sus labios a medida que escanea el rostro del chico que luce ligeramente nervioso frente a sus ojos. No puedo evitar sentirme torpe mientras los presento el uno al otro, y cuando finalmente terminan las presentaciones formales, mamá se despide de mí con último beso en la mejilla. No pierdo tiempo en tomar la mano de Alec para poder salir de aquí de una vez por todas.
Ambos nos dirigimos a su camioneta en completo silencio. Lo miro de reojo y soy consciente de cómo las facciones de su rostro se contraen. Está muy callado y tiene la mandíbula tan apretada que por un momento temo que se esté lastimando.
Ambos nos introducimos en el pequeño espacio una ligera tensión nos envuelve. Antes de que ponga la chatarra en marcha, le tomo la mano y se la aprieto suavemente para hacerle saber que todo está bien.
Sus labios me regalan una sonrisa ladina haciendo que el hoyuelo en su mejilla salga a la luz. Sé que está nervioso, y que al igual que yo quiere que está noche sea perfecta, es por eso que atraigo su rostro al mío y depósito un castro beso sobre sus labios.
El corazón se me hincha de felicidad al sentir sus labios contra los míos. No cabe duda de lo mucho que amo a este chico. Él es el héroe de mi historia, es la luz en medio de la oscuridad en la que me encontraba y probablemente también será mi mayor perdición.
La camioneta se mantiene en marcha, y durante el recorrido me mantengo observando el cristal de la ventanilla mientras los nervios se adueñan de mi pequeño cuerpo. Treinta minutos después bastan para poder estacionar frente a un lujoso restaurante de la ciudad.
Mis ojos observan las luces que adornan el lugar, aún desde el interior de la camioneta. La fachada es elegante, lo suficiente como para hacerme saber que la comida es igual de costosa. Mis ojos viajan hacía el rostro de Alec, estupefacta. Sé que él puede utilizar el dinero que gastará en este lugar en cosas muchísimo más importantes, es por eso que no quiero que se sienta obligado a hacer esto.
-Dime que no entraremos ahí, por favor...- la suplica es palpable en mi voz.
-¿Por qué?
Sus espesas cejas se elevan mientras que él aguarda por mi respuesta.
-Un McDonald's no estaría nada mal- sugiero.
Una risa ronca emana de él, ¿qué es tan gracioso? No pasa mucho cuando deja de reír y toma mi mano derecha para besa el dorso de ésta.
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SCARS ✔
Fiksi RemajaMackenzie Jones ha sido víctima del Bullying por cuatro años consecutivos. Cursando ya su último año escolar, el chico roto de ojos verdes parece despertar su curiosidad y todo lo que le rodea. Negativo. Eso eran ambos. ¿Y qué si las leyes de la m...