Noventaycinco

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—Sonríe hermosa.

—Lámeme los huevos mejor.

Yoandri se encuentraba en aquella tienda de disfraces junto a Joel, pues ellos eran los encargados de ir a comprar los disfraces para el grupo de 7 amigos.

Y ahí estaba el peliverde, con cara de culo frente al azabache que no paraba de sacarle fotos.

—¿Terminaste?

—Solo una. ¡Sonríe Yoyo!

Y al momento de que el sonido de la cámara se escuchó, Yoandri elevó su dedo de en medio, enseñándolo a la cámara.

—Que cariñoso.

—Por favor, quiero quitarme esto.

—No hemos buscado los demás. ¡Vamos!

—N-no, ¡Joel!

El chico de tez morena se llevó al peliverde tomándolo de la mano hacia donde estaban todos los disfraces colgados, buscando seis para los demás y él.

Yoandri se sentía humillado de la peor manera posible. Veía como las miradas de señoras y empleadas quedaban fijadas en él, haciendo todo más incómodo.

Aburrido y sin nada que hacer, fijó su vista en sus pies, perdiéndose en sus pensamientos.

A la otra dejare de pensar en este pendejo y estudiaré...

La mano de un pequeño niño castaño lo sacó de sus pensamientos. El pequeño le veía con sus ojos grandes y curiosos, haciendo sonreír a Yoandri.

—Hola pequeño.

El niño abrió sus ojos con una cara de terror.

¡Las princesas no tenían voz de hombre!

Los ojos del pequeño castaño comenzaron a cristalizarse, alarmanfi a el peliverde que trataba de encontrar una solución.

—A-ah... n-niño.

Y explotó.

Otro niño- que ha simple vista podría ser de la misma edad que el castaño llorón- de cabellos negros se acercó a este corriendo, tomando las mejillas del castaño y limpiándole las lágrimas.

—¿Qué pasa, Mi Amor?

Yoandri quedó boquiabierto con las palabras del infante.

¿¡Qué edad tenían esos dos exactamente!?

L-la princesa t-tiene voz de monstruo.

El peliverde frunció el ceño, y a su lado Joel se carcajeaba silenciosamente viendo la escena.

¿Montruo? ¿Enserio maldito condenado?.

El niño pelinegro le miró molesto, haciendo a Yoandri alzar una ceja.

En menos de 3 segundos el peliverde se retorcía de dolor por el golpe proporcionado en su parte baja de parte aquel infante pálido.

—¡Aggh! ¿¡Qué te sucede niño!?

—Nadie asusta a mi amor.

Y con esas palabras ambos pequeños se retiraron, dejando a un adolorido Yoandri y a un risueño pero preocupado Joel.


Pollito (Chriserick)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora