Treintayocho

904 86 2
                                        

Christopher salió del baño y se dirigió al lugar en donde se encontraba Erick.

Durante todo el camino pensó en lo que su estómago hacía cuando estaba con el menor.

¡Él era Christopher Vélez alias bateador de chicas!

Al llegar encontró al pelinegro con su cámara, apuntando al cielo estrellado con una sonrisa de oreja a oreja.

Christopher sonrió y se acercó a él. Se sentó a su lado y comenzó a ver cada movimiento que hacía con el artefacto.

Los ojos de Christopher viajaban por cada facción y parte de Erick. Comenzó con su pelo negro y alborotado. Le impresionaba como al tocarlo se sentía la cosa más suave y agradable del mundo. Su piel más morena que la de él, brillaba como si fuera la cosa más bonita. Su piel sin ningún tipo de grano o espinilla, entendiendo que cuidaba mucho su piel. Sus cejas que se hallaban levantadas por la sonrisa que tenía. Sus ojos; dos hermosos orbes verdes que tenían la capacidad de llevarte a un universo en donde te hacían sentir calma y calidez. Su bonita nariz, que al fruncirla se veía de lo más adorable. Los labios abultados y carnosos que poseía podía ser un arma mortal, cada vez que los mordía por esfuerzo o cuando los relamía inconscientemente, sin duda le gustaba mucho el apreciarlos.

Christopher podía excusarse con que: "se apreciar la belleza cuando la veo", pero en el fondo, sentía una electricidad que hacía sentir a su estómago y a él mismo extraño.

Erick terminó de tomar fotografías y le sonrió, ensañandole todas las que había tomado.

—Son muy lindas.

—Sí, Yoyo me enseñó a usar una cámara y estoy muy agradecido por eso— hizo una risita y después guardó su cámara— Creo que ya es hora de ir...

Un extraño ruido hizo a ambos chicos parar toda acción que se encontraban haciendo, volteando en dirección al lugar proveniente del ruido.

—C...Christopher... e-eso f-fue...

—No— Christopher temblaba, negándose a creer lo que escuchó— Eso n-no puede haber s-sido un... alíen...

Otro sonido.

—Christopher...

El ojiverde se pegó al brazo del mayor. Ambos se levantaron y caminaron lentamente al lugar de donde salía ese extraño sonido de alienígenas.

Mnspleusla.

Las piernas de Erick (y Christopher) estaban temblando, no podía ser. Claro que no, los videos eran estúpidas historias inventadas por personas estúpidas para que otras personas estúpidas se las crean, justo como Christopher le había dicho.

—E-Erick...

Pollito (Chriserick)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora