15, diciembre.
Los días que llevaba en aquel hogar en Ecuador, Erick había aprendido demasiado sobre Christopher.
A pesar de que su padre no estuviera la mayoría del tiempo en casa por su trabajo, las palabras que ha intercambiado con él son siempre interesantes y simpáticas.
Sin duda, la familia Vélez-Muñoz tenía ese algo que le hacía sentir acogido y querido.
Ahora se encontraba en la mesa, era de mañana y había despertado temprano.
Al levantarse de sofá- porque sí, ellos habían estado durmiendo en ese lugar durante toda su estancia- se frotó los ojos y echó un suspiro.
Su mirada se había posado sobre la del castaño, viendo cómo se aferraba a las sábanas. El aura que desprendía al dormir era la más tranquila y bonita.
Ni siquiera pensarías que fuera
un pervertido de primera y fan
de los chistes subidos de tono.
Dio caricias en su pelo, viendo cómo este respondía con pequeños suspiros adormecidos.
Se levantó y tomó uno de sus enormes polerones que le cubrían muy bien del frío. El clima cálido de verano ya había terminado hace ya unos dos o tres meses, volviéndose más helado.
Se dirigió a la cocina y sacó la leche de la nevera. Recordó que la Sr. Yenny había salido con su esposo, pues esa noche tenían una boda de unos amigos e iban junto con Jonathan y Teresa. Habían ido a recoger sus vestidos y trajes para la noche y checar unas cuantas cosas más sobre la velada.
Después de verter la leche en dos tazas las calentó. Escuchando el sonido que hacía el microondas mientras destapaba el contenedor que tenía café y azúcar.
Dio un brinco asustado al sentir unas frías manos posarse en su cuello. Volteó exaltado, viendo al mayor envuelto en una cobija mientras reía bajito.
Erick trató, pero no pudo enojarse al ver la imagen frente a él.
—¡No hagas eso!
—Lo siento bebé pollito— se acercó con una sonrisa y lo abrazo por detrás, envolviendo a Erick con la cobija en el acto, quedando ambos acobijados—Buenos días.
Erick sonrió haciendo que sus ojos se achinaran. Le parecía tan tierno la manera en la que Christopher se encuentraba "ido" cada día después de despertar— Buenos días.
Así quedaron durante unos largos segundos hasta que llegó el tiempo de sacar las tazas. Erick salió del agarre del mayor, viendo cómo este hacía un puchero por verlo zafarse de su agarre. Sacó las bebidas y las puso en la isla de la cocina, poniendo dos cucharadas de azúcar y una de café.
—Gracias pollito— agradeció el ojimiel cuando el menor le ofreció una de las tazas— Por cierto— habló de nuevo después de darle un sorbo a su delicioso y caliente café— Cuidare- mos a Thiaguito hoy. Vendrán por el mañana cuando vuelvan de la boda.
El ojiverde sonrió grande y con un destello en sus ojos al oír las palabras de Christopher. Pasar tiempo con el pequeño castaño le gustaba mucho y no podía esperar para que el llegara.
—¡Me encanta! Ya quiero que sea de noche— bebió de su taza para después volverla a dejar en la isla.
Christopher no pudo dejar de observar al mejor, juraba que estaba apunto de tener un ataque diabético por la imagen que tenía frente a él.
—¿Pasa algo?— preguntó el pelinegro al ver como el mayor no dejaba de ver su rostro.
—Tienes bigote de leche.
Erick intentó verse, haciendo viscos con sus ojos fallando en el intento. El ojimiel sacó una carcajada y acercó su silla con la del contrario.
Con su mano acunó el rostro de Erick, logrando un efusivo sonrojo en las mejillas del chico.
El pulgar de Christopher se posó arri- ba de los rellenos belfos del menor, pasándolo lentamente quitando el resto de leche. Sus ojos no se desviaban, se encontraban en un contacto visual que hacía todo más íntimo y hermoso. Tenían ese destello que siempre había cuando se veían, pero que siempre ignoraban sus ilusos y tercos ojos.
El paso estaban a punto de darlo los dos, sus instintos iban a ganar por fin.
Sin embargo, un estruendoso relámpago rompió su burbuja, asustándolos y haciéndoles brincar. Sus vistas se posaron en la ventana, donde se veía con claridad que una tormenta estaba por venir.
Sus vistas volvieron a ellos y esta vez tomaron distancia, ambos con un sonrojo que trataban que pasará desapercibido.
Siguieron tomando su café en la sala, donde veían una película con las mantas arropándolos y ambos muy juntos.
Quizás estaban más cerca de lo que esperaban de estar como querían estar.
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Pollito (Chriserick)
Dla nastolatkówADAPTACIÓN La historia original es de: @dionysus95 Capítulos CORTOS #Chriserick n° 12 (26/03/20) #Chriserick n° 10 (15/06/20) #Chriserick n° 8 (08/07/20)
