Entre el presente y el pasado, la duquesa de Hawthorne se ha decidido por un final idilico para su matrimonio. Cansada y llena de resentimiento busca solucionar de forma definitiva la situacion entre ellos, es la muerte o el divorcio.
Lachlan, duqu...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Mediados de mayo 1827
El tiempo había corrido, los meses habían pasado desde que Helena se había mudado de inmediato a Raven Hall, su tía había estado encantada de prestarle su hogar en Londres, mientras la vizcondesa aún seguía en su adorado Ravenwood.
La duquesa había regresado a su estado de frialdad e indiferencia cínica, algo normal en ella, sobre todo cuando intentaba esquivar a Lachlan en su casa y en sociedad. Aquella tarde prefirió quedarse en casa, junto a su círculo más cercano.
- Supongo que lograste enviar aquella carta que te pedí? – murmuro Helena con algo de cansancio
- Si, aunque debo decirle que tengo confiables mensajeros que pudieron llevar la carta ... - rezongo su joven doncella, la pequeña muchacha era demasiado joven, pero serviría como una brillante campañilla para detectar si su marido estaba cerca.
- Bien...
El contenido de la carta no era tan importante como la intensión, después de todo había trabajado arduamente para mantenerse cercana a la corte de su majestad, nunca se sabía cuándo podría necesitar ayuda o si necesitaba estar advertida de algo de ante mano.
Hacerse un lugar en aquella sociedad no era fácil, pero el paso más simple y primordial era siempre estar escuchando; para ello no había mejor persona que las personas cercanas a la corte, ya fuesen costureras, dependientes en las mejores tiendas o incluso un simple cochero. Todos tenían ojos y oídos esenciales, si los compraba de antemano tendría información para lograr actuar en el momento necesario.
Dejando el té la doncella salió rápidamente, no sin antes recibir una moneda por parte de su señora, casi dando brincos de alegría se fue a vigilar la puerta de entrada como todos los días.
- Aún estoy a salvo – murmuro Lena, quien tomaba con tranquilidad la taza- faltan algunos meses para cumplir los 3 años... - sonrió contemplando el rostro decaído de sus amigas – además necesitaría concebir, para ser atacada por lo que sea que este ahí...
- Helena por favor regresa a casa, solo por estos meses ...- susurro Theodora mientras se acercaba a sostener sus manos.
- No puedo, la fábrica aún necesita de mi supervisión, además me gusta estar ahí... - contradijo la duquesa, muy consiente de su deber.
- No estas siendo sensata, no te pedimos que nunca vuelvas solo que... – intercedió Odette.
- SE lo que me piden, pero no creo en algún espíritu asesino o alguien que este en mi contra para buscarme el mal ...- mascullo la duquesa tomando él té – no le tendré miedo a lo que no existe ...
- ¿¿Y que con Luccia?? Según lo que averigüe ella ni siquiera creía y al final termino muriendo ... - murmuro la rubia joven
- Se suicido, Odette, Luccia Hawthorne fue una mujer frágil y por eso la llevaron a Galstworth Park en busca de paz ...- respondió Lena con rapidez – nadie la mato, ella murió ahogada.
El lugar se tornó en silencio, tratando de cambiar el tema Helena relajo el rostro y dio por zanjado el tema, cambiando el rumbo de la conversación.
- Bien y que me dicen de mis invernaderos? - pregunto la menor de las Marsden con una sonrisa en los labios
- Y si Lachlan es el que busca asesinarte? – dijo por fin Theodora, quien parecía mirarla con una mirada seria y lúgubre.
- 1ro no tiene motivos y 2do lo habría hecho hace mucho – explico Lady Hawthorne, de forma simple y desestimando sus teorías.
- Los motivos no lo sé ... - tercio Theo aceptando el punto de su hermana - pero y si espera que le des primero un heredero?
Todas quedaron en silencio ante las palabras de Theodora, quien rara vez intervenía.
- Pues se quedará esperando- respondió la menor de las hermanas, sin mucho entusiasmo - Me arriesgare ... no pienso dejar que los Hawthorne me venzan, lo hizo una vez y prefiero morir que dejar que me vea temerosa por ridículos fantasmas
- No te hablo de fantasmas¡¡- exigió Theodora, con una mirada de urgencia y miedo.
- BASTA¡¡- exclamo Emma, sentada en silencio hasta ahora – nadie quiere ver a Lena regresar a ese luga-ar, pero no es nuestra decisión ...- tratando de controlar su voz temblorosa.
- Gracias ...
- Entonces no me llamen hasta tu funeral, no puedo soportar verte ir al matadero – mascullo Theo con enojo, levantándose salió del lugar
Dejándola irse, el salón quedó en silencio, las jóvenes se miraban unas a otras con cierto recelo. Todas compartían el punto de vista de Theo, pero era insoportable que ella no lograra entender el de Helena, siendo esta la implicada y la que debía tener más miedo entre ellas.
Inspirando una bocanada de aire, Helena trato de hablar de nuevo, cuando la puerta se abrió suavemente captando la atención de las presentes.
Lady Sachs ingresaba con una suave sonrisa en el rostro, aunque aún llevaba el medio luto, lucia ciertamente saludable. Acompañando a la mujer, una alegre joven de dorados bucles le sonrió a Odette, con quien parecía tener una especial afinidad.
- Buen día Lady Amelia Y Srta. Bladell, que la trae por aquí? - pregunto Emma.
- Oh debo decir que esa ha sido mi jugada ...- murmuro Odette sonriendo junto con Amie – invite nuestras queridas amigas a tomar el té, espero que les agrade mi sorpresa
- Tuviste una fantástica idea – sonrió Lena, apartándose un poco en él sillón para dejar que las invitadas se sentaran junto a ella
Algo desanimada Helena sonrió y termino por escuchar las nuevas noticias, los cotilleos sobre los romances o aproximaciones entre algunos conocidos suyos, que no parecían animarla, mientras la curiosa mirada de la Srta. Bladell no se apartaba de la duquesa.
Por un momento sintió que la recién llegada empezaba a modelar su forma de sentar y hablar, lo cual fue cuanto menos curioso.