Capitulo 72

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Narra Nerea

Desperté de golpe y con la respiración agitada. Me levanté sentándome en el centro de la cama en la que estaba. La cabeza me dolía pero mi cuerpo estaba todavía peor.

Puse las manos en mi estómago y me sorprendí al notar que estaba completamente vendado y... había disminuido de tamaño. Me alarme un poco al notar que ya era de noche y no se escuchaba ni un solo ruido.

Nerea: Mi bebé... -dije con preocupación cuando noté que no estaba conmigo-

Me moví hasta llegar al borde de la cama, sin importar el dolor quería salir en busca de mi hijo antes de que... algo malo le pasara. Estaba muy débil, tanto que al llegar al borde no pude sostenerme en pie y me caí.

Solo traía puesta una bata un poco larga y mis pies también estaban vendados. Eso era normal pues cuando el cuerpo hace un gran esfuerzo se deben vendar los pies para ayudar con la circulación.

Me apoyé en mis manos y mis rodillas para intentar levantarme cuando un ruido me puso alerta. Una pequeña roca había sido arrojada al interior de la habitación desde afuera por el balcón.

Miré hacia todos lados en busca de algo para defenderme por si era algún ladrón o alguien peligroso. Todavía seguían las cosas que los médicos habían usado para el parto así que había un par de recipientes llenos de agua; la controle y me levanté tratando de mantenerme en pie aunque me era difícil.

Supe que alguien estaba tratando de subir a mi habitación cuando el ruido en las paredes y fuera de la casa se hizo un poco más notorio. Estaba un poco asustada pues en estas condiciones no tendría las fuerzas para defenderme si es que algo pasaba. Alisté el agua que controlaba cuando escuché que algo había llegado al balcón, ese donde había estado con Zuko meses atrás.

Mi respiración estaba agitada pero antes de armarme de valor e ir hacia allá, una persona dió un paso dentro de la habitación dejándome ver quien era. Estaba sorprendida y no sabía que pensar, por un momento creo que dejé de respirar y no podía dejar de mirarlo... no era posible que él estuviera aquí.

Nerea: Espíritu... Azul -dije casi con un hilo de voz-

Ambos nos miramos fijamente por un par de segundos como si no supieramos que hacer. Yo miraba a los ojos de su máscara pensando que quizá sus ojos también me observaban a mí, aunque no lo sabía con certeza. Tragué saliva y al dar un paso hacia atrás las piernas me fallaron por el cansancio y caí al piso.

Nerea: Auch... -dije un poco fuerte por el dolor que sentía en todo el cuerpo-

Noté como por reflejo el Espíritu Azul se dirigió hacia mí para ayudarme a pararme pero antes de que lo lograra la puerta de la habitación se abrió y él se escondió rápidamente en el balcón.

- ¡Princesa! ¡¿Por qué no está en la cama?! -me dijo una sirvienta mientras caminaba rápidamente hacia mí-

Nerea: ¡Mi bebé! ¡¿Dónde está?! -pregunté preocupada-

- Déjeme ayudarla a levantarse.

No la dejé, estaba tan preocupada y asustada que no dejaba que me tocara sin antes decirme donde estaba mi bebé.

Nerea: ¡Dímelo! Necesito saber en donde está, por favor.

No me quería decir nada, se empeñaba en levantarme pero no quería volver a la cama sin mi hijo o hija en brazos. La obligue a mirarme y debió darse cuenta de mi miedo porque en seguida suspiró y me contestó.

- Su bebé... nació muerto Princesa.

Nerea: ¿Qué...? -dije casi sin aliento-

Sentí como las fuerzas se me iban y casi caigo completamente al suelo si no es porque la sirvienta me sostuvo. Era como si algo dentro de mí se hubiera roto y mi corazón dolía enormemente. Las lágrimas se me salían sin que yo lo quisiera.

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