Anya me lleva a un recodo que se asemeja a una cueva. La luz débil de la luna apenas ilumina el lugar, pero es suficiente para revelar un entorno cálido y acogedor. El suelo es mullido, y el murmullo distante del mar agrega un toque de serenidad.
Ella me toma de la mano y, con su celular, ilumina un rincón de la cueva donde descubro una sorpresa preparada por ella. Hay velas, fósforos, mantas y una canasta con bebidas y bocadillos. Mis ojos se abren de par en par.
—Estoy... sin habla —le confieso, impresionado por la dedicación que ha puesto en este momento.
Anya sonríe y admite con picardía:
—Mentiría si te dijera que no llevaba planeando esto en la cueva desde hace días.
Ambos desplegamos una de las mantas y nos sentamos en el suelo mullido. Compartimos más sorbos del Jack Daniels mientras nos miramos con un deseo incontenible. La atmósfera está cargada de anticipación.
—Hablemos de nuestras fantasías —sugiere Anya, con una chispa traviesa
—Amo los pechos de Drew Barrymore, son mi mayor fetiche —confieso, sintiendo mi rostro arder de vergüenza—. Mi fantasía más grande es poder eyacular en sus senos.
Anya abre la boca sorprendida y dice:
—¿De verdad? ¡Vaya, eso es fuerte!
Me sonrojo y le pido disculpas. Ella comenta que se ha cruzado varias veces con Drew y que es muy sensual, añadiendo que sus pechos en persona son realmente hermosos. Mis emociones se agitan, y Anya se mira el escote mientras dice:
—Lamento no tener la misma talla.
Le respondo con sinceridad:
—No deberías sentirte así. La sensualidad radica en otros lugares.
Anya sonríe y me dice en un tono suave, pícaro y seductor:
—A mí siempre me han halagado mucho son mis ojos y mi boca. Dicen que lo sé usar muy bien.
Le respondo sin dudar:
—Me encanta tu boca y esos ojos tuyos, son hipnóticos.
Anya sigue con su tono juguetón:
—Sobre todo cuando los abro mucho, especialmente cuando hago sexo oral.
Intrigado, pregunto:
—¿Eres experta en eso?
Ella se chupa un dedo con una mirada traviesa y dice:
—Soy una diosa del sexo oral, ya los chicos les encanta.
Luego, Anya menciona algo que siempre le ha intrigado:
—Nunca entendí ese fetiche de los chicos por eyacular en las bocas de las chicas.
Explico con deseo en mi voz:
—Es excitante ver cómo esas bocas se llenan de semen, especialmente en bocas como la tuya.
Anya muestra su boca y sonríe provocativamente. Luego, agrega:
—Me encanta mirar a los ojos a los chicos mientras manipulo con mi boca sus penes erectos.
— Anya, si sigues hablando así, no voy a poder más de deseo.
Con una sonrisa, Anya se quita el sujetador con una sensualidad que me hace perder la razón.
—¿Y si hago esto? —dice Anya mientras muestra su piel y su cuerpo con deseo.
Anya sin dejar de beber más Jack Daniels me ofrece un sorbo. Intento beber mientras sostiene la botella, pero ella me moja a propósito. El líquido desciende por mi cuello, llega a mi ombligo y se acumula en mi entrepierna. Anya, con su lengua traviesa, recorre el camino del líquido por mi cuello, ombligo y entrepierna. Me estremezco ante su toque y sus palabras provocativas.
—Vaya, tu pantalón se ha mojado. Tendrás que quitártelo —dice Anya con picardía.
No lo pienso dos veces y me lo quito, quedando solo en boxer. Anya mira la tela abultada, palpitante y torcida con deseo. Estira una mano hacia mí y pregunta:
—¿Puedo?
Asiento con deseo y le digo:
—Es toda tuya, Anya.
Ella acaricia suavemente el bulto del boxer, y mi cuerpo reacciona al contacto. Sus manos expertas masajean, y no puedo evitar estremecerme. Anya se inclina y lame la tela del bóxer con su lengua, haciéndome gemir de placer. Se deleita besando mi erección a través de la tela del bóxer, su lengua juguetona trazando círculos que me hacen temblar de deseo. Me mira con ojos ardientes, su aliento cálido acariciando mi piel.
—Nick, tienes suerte de tenerme aquí, ¿sabes?
Respondo con la voz ronca de la excitación:
—No puedo estar más de acuerdo, Anya.
Ella se inclina y, con un toque sensual, baja mi bóxer, liberando mi erección completamente. Sus ojos se centran en ella, y puedo sentir su aliento caliente acercándose mientras dice:
—Oh, Nick, esto se ve delicioso.
Mi respiración se acelera mientras Anya se inclina y, con su lengua juguetona, traza círculos alrededor de la punta de mi erección.
—¿Te gusta lo que ves, Nick? —me pregunta con una sonrisa traviesa.
Sus palabras provocativas no hacen más que aumentar mi excitación. Anya me susurra al oído:
—Piensa en mí como si fuera Drew Barrymore. Hazme lo que quieres hacerles a ella.
Mis manos encuentran su camino hacia la cabeza de Anya, y la guío con pasión mientras ella me complace. Los gemidos escapan de mis labios, y le confieso cuánto me encanta lo que está haciendo. Anya continúa sus movimientos intensos, y siento que estoy en el cielo mientras le pido que no deje de chupar.
Finalmente, Anya se libera por un momento y respira profundamente. Habla mientras continúa lamiendo mi pene erecto.
—Nunca había hecho algo así en mi vida —dice con voz entrecortada.
Sigue hablando mientras lame con devoción, y su comentario travieso me hace sonreír.
—Es como un helado de carne —añade con una risa seductora—. Lo único de carne que me llevaré a la boca en mi vida.
Las sensaciones son abrumadoras mientras Anya se deja llevar por mis deseos y traga más de mi erección. Con cuidado, empujo levemente su cabeza hacia abajo, y los ruidos de su garganta llenan el aire. Le digo con pasión: "Sí, me encanta. Sigue así, sigue así".
Anya intenta hablar, pero sus palabras son más bien sonidos sin sentido. Estoy al borde del éxtasis, tratando de no correrme, pero la intensidad de sus movimientos lo hace inevitable.
Finalmente, Anya se libera, su rostro se ve rojo, sonrojado y lleno de deseo. Entre sus jadeos, dice que le gusta sentirlo todo dentro de su boca. Con una sonrisa juguetona, menciona algo que me hace sonrojar aún más.
—Nunca tomé leche, siempre fui vegana —dice con una risa seductora—, pero hoy beberé leche de hombre, de un hombre muy hermoso.
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Playa VIP
RomansaUn joven, por azares del destino, descubrirá que el trabajo en la playa le será más que satisfactorio. Sobre todo porque conocerá a diferentes actrices que, en un principio, sólo vivían en sus sueños. Ahora, frente a esta nueva realidad, tendrá que...
