Llegamos a la villa "La Cumbre" sintiéndonos como si estuviéramos entrando en el estreno de la película más taquillera de la década. Jenna y Emma se veían espectaculares. Jenna era pura oscuridad gótica con un vestido de rejilla y cuero negro que abrazaba cada una de sus curvas, mientras que Emma era la dulzura angelical encarnada en un minivestido de seda blanca que brillaba bajo las luces de neón. Eran mi ángel y mi diablo personales, y yo, en medio de ellas, me sentía como el protagonista de un drama erótico que acababa de recibir luz verde.
Nos instalamos en un sofá circular de terciopelo en el sector más exclusivo. No pasaron ni cinco minutos antes de que la atención de la fiesta se desplazara hacia nuestro rincón. Jenna y Emma, siguiendo con nuestro juego de dominio, se turnaban para sentarse en mi regazo, dándome besos lentos y mimos que hacían que los flashes (mentales y reales) no dejaran de disparar.
—Camarero, hoy te toca a ti ser servido —susurró Jenna, pidiendo los tragos.
Pidieron un "Obsidiana Amarga" para ella (mezcal con carbón activado y chile), una "Seda de Ángel" para Emma (ginebra rosa con espuma de lichi y pétalos de oro) y un "Vesper Martini" para mí, bien seco.
—Miren allá —murmuró Emma, señalando discretamente con la barbilla hacia el área reservada de la piscina—. El reparto de Euphoria ha llegado al set.
Allí estaban. Jacob Elordi, luciendo como un rascacielos de mandíbula perfecta, y Sydney Sweeney, rodeados de otros actores del cast. Pero lo curioso era que la gente ya no los miraba a ellos. Nos miraban a nosotros. Éramos el nuevo hype.
Jenna, con esa chispa de malicia que la caracteriza, tomó a Emma de la mano y se puso de pie.
—Es hora de la función, Nick. Vamos a ver si el australiano aguanta una escena con nosotras. Quédate aquí, pórtate mal... pero no tanto.
Las vi acercarse a Jacob. Jenna aplicó su rutina de "niña mala", soltando comentarios sarcásticos que hacían reír a Elordi, mientras Emma ponía el toque de "niña buena", acariciando el brazo del actor con una suavidad que, sabía yo, era puro veneno seductor.
—Vaya, Jacob —escuché decir a Jenna desde la distancia, su voz proyectada con precisión actoral—. Pensé que en Australia los hacían más... imponentes. Pero supongo que para un primer plano sirves.
—¿Y quién es el tipo del sofá? —preguntó Elordi, mirando hacia mí con una mezcla de curiosidad y amenaza—. Parece que lo tienen muy bien cuidado.
—Él es Nick —respondió Emma con una sonrisa dulce—. Es nuestro... director de contenidos. Y créeme, Jacob, sus estándares son mucho más altos que los de HBO.
Elordi, picado en su orgullo pero fascinado, pagó una ronda de botellas de cristal para las chicas y las invitó a su rincón VIP. Jenna me lanzó una mirada de reojo, una señal de que el plan seguía en marcha. Se fueron con él, dejándome "solo" en el sofá.
Pero no estuve solo por mucho tiempo.
Sentí que el aire se volvía más pesado, cargado de una electricidad estática que solo produce la presencia de una estrella. Sydney Sweeney se había levantado de su grupo. Caminaba hacia mí con una confianza que hacía que el suelo vibrara. Llevaba un top tipo corsé de satén celeste tan ajustado que sus pechos parecían dos piezas de arte clásico luchando por su libertad, desafiando la gravedad con cada paso.
Se detuvo frente a mí, apoyando una mano en el respaldo del sofá. Su escote era, literalmente, un "efecto especial" que ninguna pantalla de cine podría igualar.
—Hola —dijo ella, con esa voz suave pero cargada de una intención que no necesitaba subtítulos—. Parece que tus amigas te han dejado en el banquillo por un modelo más grande.
Me recosté en el sofá, dejando que mis ojos recorrieran su figura con la calma de un experto.
—El tamaño del reparto no siempre garantiza una buena película, Sydney. A veces, las mejores escenas ocurren en los momentos de soledad.
Ella arqueó una ceja y se sentó justo donde Jenna había estado hace un minuto. La tensión sexual entre nosotros era tan palpable que se podría haber cortado con un cuchillo de utilería.
—Me han contado cosas curiosas sobre ti, Nick —susurró ella, inclinándose tanto que el aroma de su perfume y el calor de su piel me envolvieron—. Dicen que en Playa VIP eres el único que sabe cómo manejar a las mujeres que estamos acostumbradas a tenerlo todo. Y por lo que veo... —bajó la vista hacia mi regazo, donde el lino negro de mis pantalones empezaba a notar su presencia—, los rumores se quedan cortos ante la realidad.
Sydney me miró fijamente, con un hambre que me recordó por qué ella era la reina del drama moderno. Estaba claro que la noche acababa de cambiar de guion, y yo estaba a punto de rodar una de las escenas más intensas de mi vida.
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Playa VIP
RomantizmUn joven, por azares del destino, descubrirá que el trabajo en la playa le será más que satisfactorio. Sobre todo porque conocerá a diferentes actrices que, en un principio, sólo vivían en sus sueños. Ahora, frente a esta nueva realidad, tendrá que...
